Historias de la Ciencia. Entrega nº 24. F. Soriguer
HISTORIAS DE LA CIENCIA CON MORALEJA
ENTREGA Nº 24
Los científicos no quieren a las humanidades. Una historia local
(1ª parte)
Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
Capítulos ya publicados
1. El precio de la ignorancia. Marcel Proust y compañía. (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/01/historias-de-la-ciencia-con-moraleja-i.html)
2. La guerra de los huesos.
(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/la-guerra-de-los-huesos-f-soriguer.html?m=1)
3. Koch, Ferrán y Cajal. Un cruce de historias (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/koch-ferran-y-cajal-un-cruce-de.html)
4. Una factoría de genios
(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/una-factoria-de-genios-f-soriguer_7.html%.)
5. Cajal, Río Hortega y los “Fake News .
(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/cajal-rio-hortega-y-las-fake-newsv-f.html)
6. No es la raza, imbécil.
(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/no-es-la-raza-imbecil-vi-f-soriguer.html)
7. Lombroso.
(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/lombroso-vii-historias-de-la-ciencia.html)
8. Pero, ¿existe tal cosa como el método científico?
(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/historias-de-la-ciencia-octava-entrega.html)
9. El caso Lysenko: Ciencia burguesa frente a ciencia proletaria
(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/05/historias-de-la-ciencia-lysenko-9.html)
10. TUSKEGEE
https://joaquinperal.blogspot.com/2025/06/historias-de-la-ciencia10- entrega.html
11. (Primera parte) Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables (PIMERA PARTE).
(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/07/historias-de-la-ciencia-kropotkin-f.html)
12. (Segunda parte). Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables.
(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/08/historias-de-la-ciencia-11-entrega-2.html)
13. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Primera parte)
http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-1.html
14. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Segunda parte)
http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-2.html
15. Fidel Pagés. El descubrimiento de la epidural. Divinum opus sedare dolorem es. https://joaquinperal.blogspot.com/2025/10/el-descubrimiento-de-la-epidural.html
16 Creadores contra científicos. Por una tilde, ¡que no haría yo por una tilde!
https://joaquinperal.blogspot.com/2025/11/historias-de-la-ciencia-entrega-n-16-f.html
17. Egas Moniz y la psicocirugía
https://joaquinperal.blogspot.com/2025/12/historia-de-la-ciencia-con-moraleja-17.html
18. Dr. Placebo
https://joaquinperal.blogspot.com/search?updated-max=2026-01-20T07:06:00-08:00&max-results=11&m=1
19. Madame Curie y la primera guerra mundial), (autora:Drª Maricruz Almaraz.. https://joaquinperal.blogspot.com/2026/02/historias-de-la-ciencia-madame-curie-y.html
20. Gabriela Morreale y las Hurdes
https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-gabriela.html
21. Semmelweis
https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-semmelweis-f.html
22. El viaje de la Reina.
https://joaquinperal.blogspot.com/2026/04/historias-de-la-ciencia-entrega-n-21-f.html
23. Nombres con fecha (Una referencia al libro con este título del profesor Antonio Campos). https://joaquinperal.blogspot.com/2026/05/historias-de-la-ciencia-entrega-n-23-f.html
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ENTREGA Nº 24. Los científicos no quieren a las humanidades. Una historia local
(1ª parte)
Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
El titulo (en negativo) de este capítulo está influido por el del libro de Lakoff “No pienses en un elefante”[1], cuyo capítulo primero comienza así:
“Cuando enseño el estudio del cambio de marco[2], en Berkeley, en el primer curso de Ciencia Cognitiva, lo primero que hago es da a los estudiantes un ejercicio. El ejercicio es: No pienses en un elefante. Hagas lo que hagas, no pienses en un elefante. No he encontrado todavía un estudiante capaz de hacerlo. Toda palabra, como elefante, evoca un marco, que puede ser una imagen o bien otro tipo de conocimiento: los elefantes son grandes, tienen unas orejas que cuelgan, y una trompa; se los asocia con el circo, etc. La palabra se define en relación con ese marco. Cuando negamos un marco, evocamos el marco.
Nunca ningún estudiante de las clases de Lakoff pudo dejar de pensar en un elefante, como yo espero que el lector no deje de interesarse por este capítulo en el que voy a contar una historia local, que no personal del autor, pero que creo justificada en esta serie de historias de la ciencia con moraleja. Una historia en la que unos gestores de ciencia y algunos científicos, desprecian una iniciativa singular que tenía como objetivo integrar las ciencias con las humanidades. Y esta iniciativa singular, fracasada, tiene que ver con la creación dentro del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) de un grupo de humanidades. Y así, con Lacoff desde el título, negando a las humanidades, no podremos olvidarlas, espero, a lo largo de todo este capítulo.
Como las cosas nunca ocurren en el vacío, más adelante hablaremos del origen de los Institutos de Investigación Biomédica. En todo caso adelantamos aquí que ya el Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica (I+D+I) para el período 2004-2007, en el área de biomedicina, preveía la creación de institutos de investigación biomédica, acreditándose los primeros Institutos españoles en 2009[3]. En 2010 fui recibí el encargo, desde la Dirección General de Investigación de la Junta de Andalucía, como director científico, de poner en marcha el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) que debería, finalmente, ser acreditado por el ISCIII. Fue para mí (y para la doctora María Isabel Lucena que me acompañó en el proyecto como vicedirectora científica), todo un reto. Significaba crear algo donde antes nada existía. Los Institutos tenían y tienen como objetivos la integración de toda la investigación científica de una gran demarcación geográfica, de manera que facilite el intercambio de conocimientos y de iniciativas, permita un mejor uso de los recursos, facilite la gestión a una mayor escala y, sobre todo agilice la llamada medicina traslacional, lo que significa que los conocimientos preclínicos puedan llegar a la clínica con más rapidez.
.Es cierto que en Málaga ya existía un precedente fallido cuando la Fundación Imabis, dirigida entonces por el Dr. Rodríguez de Fonseca intentó la acreditación del ISCIII, sin conseguirlo, a poco de salir la convocatoria de 2004[4]. Pero eran otra época y otro modelo. A partir de mi nombramiento hubo que pensar en un nuevo modelo e identificar a los grupos de investigación y a los científicos de los hospitales, de los centros de salud, de la universidad y otros OPIS que estuviesen trabajando en biomedicina. Se celebraron decenas de entrevistas con científicos, técnicos, políticos, gestores, se elaboraron decenas de planes y protocolos, y después de un trabajo amplio de información se hizo la convocatoria pública a toda la comunidad científica.
El éxito fue grande pues hubo más de sesenta grupos que “aplicaron” a la convocatoria, lo que obligó a una rigurosa evaluación pues desde el ISCIII se nos había advertido del carácter competitivo de la convocatoria que obligaba a seleccionar solo grupos muy cualificados (“de excelencia”, según la jerga institucional) pues el IBIMA tendría que competir con otros institutos ya acreditados o que estaban aún pendientes de acreditar en toda España. Hasta aquí nada que destacar, aunque después hagamos algunos comentarios al respecto y el lector interesado puede consultar otros lugares donde se ha dejado con más detalle escrito la creación del IBIMA[5]. No fue una sorpresa la existencia de tantos grupos muy cualificados, aunque fuera muy satisfactorio verlos a todos juntos y comprobar la existencia de una “masa crítica” de grupos de investigación y de científicos que a poco que hiciéramos las cosas medianamente bien permitiría, con suficiencia, la acreditación del Instituto por el ISCIII, como así ocurrió finalmente en 2014, incorporando a Málaga a la primera división de “estructuras científicas” nacionales.
La inesperada sorpresa se produjo cuando junto a la solicitud de grupos inequívocamente biomédicos (oncología, endocrinología, biología celular, etc.), hubo otras que no pertenecían a esta tradición. Eran grupos de humanidades y disciplinas afines que mostraban su interés por pertenecer al Instituto. Esta fue la primera razón por la que pensamos en la creación de un grupo de humanidades vinculado a la dirección científica de Instituto. Este es uno de los textos con el que en uno de los numerosos documentos para la acreditación, justificábamos la creación de un grupo de humanidades vinculados a la dirección científica del IBIMA.
Finalmente se ha contemplado también un cuarto grupo que hemos llamado grupo de Humanidades del que queremos aquí dejar constancia, aunque, como ya se ha dicho no sea sujeto de acreditación por el ISCIII. La creación de este grupo obedece a numerosas razones, pero una de ellas es que en la convocatoria pública de grupos se produjeron algunas solicitudes de investigadores procedentes de áreas de humanidades que tenían relación con la biomedicina. A la vista de su particular currículo, que no se ajustaba a los procedimientos normativos de evaluación convencional de la investigación biomédica y, para evitar a los evaluadores externos tomar decisiones discrecionales, así como para evitar la denegación de grupos y currículos excelentes pero invaluables cuantitativamente, la dirección científica se puso en contacto con ellos y les recomendó que retiraran la aplicación a la convocatoria. Sin embargo, este interés por el Instituto de Investigación Biomédica de grupos procedentes de investigadores de la “otra cultura” siguiendo la expresión de Snow, llevó a la dirección científica a la creación de este grupo de humanidades, adjunto a la dirección científica y fuera de compromisos competitivos. El objetivo era aprovechar esta extraordinaria posibilidad para integrar en el Instituto “la otra cultura”, con la seguridad de que el encuentro tiene que ser fértil. La presencia en este grupo de profesores e investigadores de lógica y filosofía de la ciencia, de comunicación, de traducción y terminología médica, de pedagogía, psicología experimental, cognitiva y evolutiva, así como de paleontología y teoría de la evolución, ofrece una oportunidad única, cuya posibilidades solo ahora, después de estos meses de rodaje, estamos comenzando a explorar.
Y de hecho así fue, pues ya en las primeras reuniones formales de todos los grupos seleccionados, así como en otras actividades del IBIMA estos “grupos de humanidades” fueron invitados, comenzando bien pronto la interacción entre “las dos culturas”.
A nosotros nos pareció un hallazgo afortunado, un feliz regalo que de manera casi natural la comunidad científica de Málaga hacía al Instituto. Eran grupos que estaban trabajando, reflexionando, discurriendo y publicando sobre la naturaleza misma del quehacer diario de la comunidad científica. Cosas como qué es la ciencia, cómo se hace, qué es la lógica científica, el papel de la evolución darwiniana, de la biología evolutiva y comparada, la importancia de la educación y la comunicación de conocimientos o de la traducción en medicina y en ciencia, etc. Sinceramente, estábamos entusiasmados con la posibilidad de que el IBIMA tuviera un grupo de humanidades integrado por investigadores y aéreas muy diferentes, aunque todas ellas relacionadas con el quehacer científico. Pensábamos que habíamos encontrado una pequeña joya que daría singularidad al proyecto y facilitaría, al darle un valor añadido al Instituto, la acreditación por los evaluadores de la Junta de Andalucía y del ISCIII. Creíamos, sinceramente, que con esta iniciativa nos adelantábamos a los demás institutos acreditados, siguiendo la estela de algunos grandes centros de investigación europeos y americanos que comenzaban a integrar las ciencias con las humanidades dentro de lo que más adelante siguiendo a Wilson llamaremos “tercera ilustración”. Pero nuestra ilusión duró poco.
Los Institutos de Investigación son proyectos nacionales que dependen del ISCIII que es quien acredita, pero tienen que ser autorizados y presentados por la CCAA. Los técnicos de la Fundación Progreso y Salud que era el instrumento gestor de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía para los asuntos de la investigación científica, ni siquiera nos dieron el beneficio de la duda. Según ellos a este grupo singular de “humanidades” había que sacarlo del proyecto. Al parecer conocían muy bien las esencias de los evaluadores nacionales que no admitirían de ninguna manera un grupo de humanidades que, además de no tener altos índices de impacto (IF), no eran del dominio de las áreas específicas biomédicas del resto de los grupos que componían el Instituto.
No hubo manera. A mí me jubilaron en contra de mi voluntad un par de meses antes de la acreditación del Instituto en el año 2014 y, por supuesto, el proyecto se acreditó, sobradamente, sin el grupo de humanidades. Y ahí sigue el Instituto, creciendo año tras año, compitiendo eficazmente con el resto de los Institutico, reacreditándose años tras año, sin el grupo de humanidades y sin que, al parecer, nadie lo eche de menos. Se diría que la historia les ha dado la razón a los que rechazaron la iniciativa: el grupo de humanidades era perfectamente prescindible para el éxito del Instituto.
La creación del Instituto fue una historia apasionante que me permitió conocer mejor la dinámica interna de la ciencia, de los científicos y de la política científica. De su grandeza y de sus miserias.[6] Hoy he traído aquí solo la de este fracaso, en este lugar en el que estamos contado una serie de historias de la ciencia, cuya singularidad, si las tienen, es la de poner énfasis en la moraleja que cada historia encierra.
También esta pequeña y particular historia local la tiene o la debería de tener, pues nunca llegué a entender las razones que esgrimieron los evaluadores y acreditadores para obligarnos a retirar del proyecto de Instituto a un grupo de humanidades que nada costaba y que en nada interfería en la dinámica propia del Instituto.
En otro lugar he explicado con más detenimiento la opinión que me merecen este nuevo cuerpo o fuerza de choque de las administraciones que son “los calidólogos”, esa nueva disciplina con pretensiones de cientificidad, que tiene como objetivo transformar la calidad en cantidad. Una hermosa idea la de la calidad que, con su exceso burocrático y normativo, ha convertido a la nube de calidólogos que planean por las instituciones (sanitarias, científicas o docentes), en los comisarios políticos de un determinado modelo de entender la gestión. Han conseguido, en fin que, en ocasiones, más que una ayuda a la gestión de los servicios y de sus responsables, se conviertan en uno más de sus problemas[7].
Pero en el caso que hoy nos ocupa los calidólogos solo fueron los ejecutores pues la existencia de esta plaga en las instituciones no es más que un epifenómeno de algo más profundo que preside las relaciones de la sociedad y de las instituciones españolas respecto a la ciencia.
Pero de estas relaciones de la sociedad y de las instituciones respecto a la ciencia, hablaremos en la segunda parte de esta entrega
[1] George Lacoff. No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político. UCM. Editorial Complutense. 2 https://www.textosenlinea.com.ar/academicos/Lakoff%20-%20No%20pienses%20en%20un%20elefante.pdf
[2] Los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. Forman parte de lo que los científicos cognitivos llaman el «inconsciente cognitivo». Cambiar de marco es cambiar el modo que tiene la gente de ver el mundo. Es cambiar lo que se entiende por sentido común. Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos marcos requieren un nuevo lenguaje. Pensar de modo diferente requiere hablar de modo diferente. (Lacoff, introducción.Op.cit)
[3] Instituto de Investigaciones Biomédicas “Augusto Pi i Sunyer” de Barcelona (IDIBAPS), Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), Hospital de Vall d’Hebron de Barcelona, Germans Trias i Pujol de Badalona, Bellvitge de L’Hospitalet de Barcelona.
[4] Federico Soriguer y Francisco García. Historia del Hospital Carlos Haya y sus pabellones. Editorial el Genal., Málaga, 2016.
[5] Federico Soriguer y Francisco García. (2016) (Op.cit)
[6] Federico Soriguer. Si Don Santiago levantara la cabeza. La lógica científica contada en 101 historias nada científicas. Editorial Incipit. Madrid, 2016.
[7] Federico Soriguer. Si Don Santiago levantara la cabeza. (2016) (Op.cit).



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