Historias de la Ciencia. Entrega nº 21. F. Soriguer

 

                           HISTORIAS DE LA CIENCIA CON MORALEJA

                                          Federico Soriguer

                                     

                                        ENTREGA Nº 21.

                                El viaje de la Reina

                                    

                                             

                                                                         Reina Toda Aznar de Navarra


Capítulos ya publicados 


1. El precio de la ignorancia. Marcel Proust y compañía. (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/01/historias-de-la-ciencia-con-moraleja-i.html) 

2. La guerra de los huesos. 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/la-guerra-de-los-huesos-f-soriguer.html?m=1) 

3. Koch, Ferrán y Cajal. Un cruce de historias (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/koch-ferran-y-cajal-un-cruce-de.html) 

4. Una factoría de genios 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/una-factoria-de-genios-f-soriguer_7.html%.) 

5. Cajal, Río Hortega y los “Fake News .

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/cajal-rio-hortega-y-las-fake-newsv-f.html) 

6. No es la raza, imbécil. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/no-es-la-raza-imbecil-vi-f-soriguer.html) 

7. Lombroso.

 (https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/lombroso-vii-historias-de-la-ciencia.html) 

8. Pero, ¿existe tal cosa como el método científico? 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/historias-de-la-ciencia-octava-entrega.html) 

9. El caso Lysenko: Ciencia burguesa frente a ciencia proletaria 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/05/historias-de-la-ciencia-lysenko-9.html) 

10. TUSKEGEE 

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/06/historias-de-la-ciencia10- entrega.html 

11. (Primera parte) Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables (PIMERA PARTE). 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/07/historias-de-la-ciencia-kropotkin-f.html) 

12. (Segunda parte). Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/08/historias-de-la-ciencia-11-entrega-2.html) 

13. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Primera parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-1.html

14. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Segunda parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-2.html

15. Fidel Pagés. El descubrimiento de la epidural.  Divinum opus sedare dolorem es. https://joaquinperal.blogspot.com/2025/10/el-descubrimiento-de-la-epidural.html

16 Creadores contra científicos. Por una tilde, ¡que no haría yo por una tilde!

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/11/historias-de-la-ciencia-entrega-n-16-f.html

17.  Egas Moniz y la psicocirugía

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/12/historia-de-la-ciencia-con-moraleja-17.html

18. Dr. Placebo

https://joaquinperal.blogspot.com/search?updated-max=2026-01-20T07:06:00-08:00&max-results=11&m=1

19. Madame Curie y la primera guerra mundial), (autora:Drª Maricruz Almaraz.. https://joaquinperal.blogspot.com/2026/02/historias-de-la-ciencia-madame-curie-y.html

20.  Gabriela Morreale y las Hurdes

https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-gabriela.html

21. Semmelweis 

https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-semmelweis-f.html

 

 

 

                                                                 Federico Soriguer

                         

                                  ENTREGA Nº 21.

                                                  El viaje de la Reina 

  La primera vez que oí (o leí) hablar de esta historia fue en 1995 actualizando la bibliografía para una conferencia sobre los estudios que estábamos haciendo sobre la obesidad. La conferencia era en noviembre y en julio de aquel mismo año en la revista The Lancet, (1 de julio, p. 54), Lascaratos preguntaba si  el caso que él describía de un texto histórico bizantino del siglo XIV era el primer ejemplo publicado de una persona con obesidad tratada sistemáticamente por un médico. En el número de Agosto   dos autores,  Hopkins KD y Lehmann ED, le contestan[1] . No, el primer ejemplo de un caso de obesidad tratado sistemáticamente por un médico tuvo lugar en el siglo X en Córdoba, España  y citan como fuente un  libro de Chaim Potok de 1978[2], un texto  sobre los judíos errantes y  sus andanzas, un compendio del saber acerca  de la civilización judía y su relación con las numerosas  culturas con las que el judaísmo ha estado en contacto.  

La historia es más o menos así: A mitad del siglo X, el rey Sancho I, también conocido como Sancho el Gordo o Sancho el Craso, hereda el trono de León a la muerte de su padre. Sin embargo, su gran obesidad le impide tomar posesión siendo depuesto por Ordoño, llamado el Malo, el cuarto rey de tal nombre de la monarquía leonesa, buscando entonces la protección en Pamplona de su abuela la reina Toda Aznar y de su tío el rey García Sánchez. Desesperada porque su nieto perdiera peso y pudiera recuperar el trono de León, la reina Toda solicitó el califa  un médico capaz de sanar la obesidad de su nieto Sancho "el Craso".  El califa accede a los deseos de la reina, pero con la condición de que la cura se realizaría en Córdoba y de que además del rey Sancho acudan la propia reina y su hijo el rey García Sánchez a rendirle vasallaje. Era el año 958 y la  reina Toda Aznar, con 82 años, organizó el desplazamiento a través de toda la península, desde Pamplona hasta Córdoba,  trasladando a su nieto en  parihuelas en un viaje en donde ocurrió de todo y que ha sido novelado con ingenio y fidelidad por Ángeles Irrisarri[3]

En Córdoba la corte de la reina fue huésped de Abderramán y Sancho quedó bajo la atención médica de Hisdai ibn Shaprut, médico judío, brillante y culto, poliglota, que lo primero que hizo fue aislar al paciente (ingresarlo diríamos hoy).  El tratamiento consistió en un cerclaje de la boca, purgantes y, probablemente la administración de lo que se llamaba “triaca magna”, de la que hay descritas numerosas y distintas composiciones, una mezcla de productos muy variados de origen vegetal, antídotos de venenos tomados con vino y aceite,  que solían producir un cierto estado de bienestar por lo que debería contener opiáceos. El tratamiento se prolongó durante  meses y según cuenta (o imagina) Ángeles Irrisarri, el paciente debió estar a punto de morir en alguna ocasión, perdiendo peso finalmente. Mientras tanto la reina Toda había trabado una alianza con Abderramán para recuperar León a cambio de otras concesiones por su parte, cosa que finalmente ocurrió. 

Lo que no queda claro es si el Rey Sancho tras perder peso y recuperar León, volvió a recuperar el peso y si la reina Toda Aznar, que debía de ser de armas tomar, cumplió su parte del trato con el califa. Pero lo que nos interesa de esta historia no son los detalles que ya se encarga de ellos Ángeles Irisarri, sino la utilidad de esta historia para comprender el presente que es, por otro lado, una pregunta que vale para la historia en general. Lo primero que nos llama la atención es que los dos historiadores británicos en The Lancet hablan de una historia ocurrida en la España del siglo X.[4] En un país como el nuestro en el que hoy tantos (¿) dudan de la existencia de una realidad llamada España, es interesante ver como la mejor manera que han tenido los dos historiadores para ubicarse haya sido la de contemplar esta historia como una historia española del siglo X.  

La segunda cuestión que llama la atención es que una mujer alcanzara los 82 años, en una época en donde la edad media debería estar hacia la mitad de esos años, pero sobre todo que tuviera tal vitalidad y energía. Menos sorprenderte es que la reina Toda Aznar de Navarra recurriese a un médico judío del califato de Córdoba.  En Al-Ándalus del siglo X se había alcanzado un alto grado de desarrollo urbano, científico y cultural, mientras el resto de Europa Occidental permanecía inmersa en un prolongadísimo proceso de ruralización. En el siglo X el tamaño y el número de las bibliotecas en Córdoba era legendario y la relación de científicos andalusíes es numerosa, como tuvieron la oportunidad de comprobar quienes se acercaron a la exposición Al-Andalus y la Ciencia. Un viaje al pasado científico[5] en Granada, donde se ponía de manifiesto los conocimientos científicos que nos dejaron los sabios andalusíes entre los siglos VIII y XV mostrando el nivel científico alcanzado en ciertas disciplinas como la astronomía, las matemáticas, la medicina, la botánica, la farmacología, la agronomía o la navegación. Un legado que España ha hecho suyo como parte de su propia historia y de su acervo cultural y científico. Y entre todos estos sabios y científicos estaba el médico judío Hisdai ibn Shaprut que adelgazó al rey Sancho de León, dejando constancia para la historia. 

La tercera lección que nos enseña esta historia es que, aunque a algunos les parezca lo contrario, apenas se ha progresado mucho más en el tratamiento de la obesidad. De hecho, la primera vez que visité EEUU por los años ochenta del pasado siglo estuve con un distinguido médico argentino-granadino que dirigía un gran departamento de investigación en North Caroline cuyo presupuesto de investigación era (¡no se me ha olvidado ¡) mayor que el presupuesto total de investigación biomédica de toda España.  Mi colega contaba que a los grandes obesos todavía los ingresaban y a algunos les hacían un cerclaje de la boca y los alimentaban con tisanas y otros brebajes hipocalóricos[6]. Una práctica no muy distinta a la de Hisdai ibn Shaprut.  Sí, ya sé que ahora se ha avanzado mucho con la cirugía de la obesidad, pero si lo miramos con atención, solo hemos desplazado la intervención de la boca al estómago. 

El ejemplo nos demuestra también que siempre ha habido gordos, aunque estos gordos han sido tan poco frecuentes que han pasado a la historia como prototipos literarios. De hecho, los gordos se solían describir como casos raros a veces y como casos clínicos siempre.  Las Venus obesas de las culturas ibéricas[7] representaban la fecundidad, las mujeres rollizas de Rubens la sensualidad , pero también Buda, Baco, Dionisos, Nerón, Craso, Enrique VIII,  Santa Claus, Gargantúa, Oliver Hardy…, , , Orson Welles, Obelix o  Ignatius Reilly, Sancho Panza o Samuel  Pickwick  que  encarnaron prototipos humanos  que Dickens o Cervantes, por citar a los últimos,  debieron de sacar de personajes callejeros de carne y hueso. 

José María Soler ha escrito un libro (“Apodo de los Reyes de España”)[8] en los que revisa la historia de los reinos hispánicos a lo largo de trece siglos siguiendo los apodos de sus Reyes. Hay de todo: Fabila el del Oso, el Cruel, el  Justiciero; el Hermoso, la Loca, el Piadoso, el Hechizado, el Trovador, el Casto, el Pacificador, el Benigno,  el Animoso, el Tuerto, el Impotente, el Leproso, el Cazador, el Deseado, el Pacificador,  el Prudente, el Justo, el Grande,  el Sabio, el Noble, el Benigno, el Intruso, el Fratricida, el Temblón, el Tuerto, el Jorobado, el Calvo, el Cabeza de Estopa, el Tuerto, el Leproso, el Animoso, el Melancólico, el Felón, el de las Manos Blancas, el Pepe Botella, .. , pero solo a uno Sancho, Rey de León se le apodó el Gordo. Una relación real (de reyes) que como es natural no  tiene ningún valor epidemiológico pero podría darnos una idea de lo que representaba la obesidad en esos 13 siglos historiados por Soler especialmente si tenemos en cuenta, además, que  la obesidad no se ha distribuido por igual a lo largo de la historia entre las diferentes clases sociales y que aún hoy en las sociedades menos desarrolladas los gordos son los ricos, mientras que en las más industrializadas y desarrolladas los gordos son los pobres.[9]

La historia muestra también como la gordura extrema fue una preocupación clínica para la que la medicina del siglo X no tenía respuestas satisfactorias, aunque lo intentara.  Pero este fracaso no sería sorprendente en una medicina de la Alta Edad media. Lo sorprendente es que hoy 10 siglos después, el tratamiento de la obesidad es, por encima de otras consideraciones,   la historia de un gran fracaso de la medicina moderna y científica, una cuestión a la que hemos dedicado nuestra atención en otros momentos.[10]  Y es también  la razón por la que traemos esta historia en este libro de historias de la ciencia con moraleja. 

Y es un fracaso, en primer lugar, de la prevención. A lo largo del siglo XX lo que era solo un asunto que afectaba a pocas personas, ha ido aumentando año tras año hasta convertirse en uno de los más importantes problemas de salud pública de los países desarrollados y ya también de los países en vías de desarrollo donde se da la paradoja de que en muchos de ellos cohabitan personas que aun pasan hambre con cada vez mayor proporción de personas obesas.  La razón de este fracaso es múltiple y después haremos un comentario sobre ello.

Pero es también un fracaso en el tratamiento. Es un lugar común que como decía Albert J. Stunkard (1972), una de las personas que más y mejor han tratado de entender la cuestión de la obesidad: “La mayor parte de las personas  obesas no se tratan su obesidad ni van al médico. De aquellas que se tratan o van al médico la mayor parte no perderán peso. Muchas de las personas que pierden peso lo hacen sin ir al médico. Y de los que pierden peso muchas volverán a recuperarlo”.  Esta es la experiencia de la mayoría de los clínicos que evalúan su experiencia, si me permiten el juego de palabras, pues sólo los que no lo hacen presumen de sus éxitos como adelgazadores. 

Las razones de este fracaso son múltiples, pero una de ellas y no la menos importante es el modelo científico con el que se ha intentado investigar y resolver el problema.  En el año 1973 leí mi tesis doctoral  con un proyecto de pretensioso título: “Contribución al estudio del tejido adiposo humano”.[11]  A pesar de mi condición de clínico el estudio iba dirigido a investigar la función  del sistema AMPc-FDEc  en las células adiposas  de las personas obesas. Es decir, era un estudio experimental y una muestra de la obsesión biologicista del momento.  El objetivo de los científicos era encontrar la causa de la obesidad, genética, metabólica, endocrina y diseñar una píldora que la pudiera tratar. Para ello había que buscar en el interior del cuerpo, porque el exterior era irrelevante a la hora de explicar lo que ocurría en el interior. 

Durante la segunda mitad del siglo XX y aun hoy, la ingente investigación científica sobre la obesidad sigue teniendo este objetivo. Los fracasos repetidos sobre los fármacos, ensayados una y otra vez para tratar a las personas obesas, lejos de desanimar a los investigadores y a la industria los estimulaba a seguir con la búsqueda de una panacea terapéutica que permitiera a los individuos de las opulentas y hedonistas sociedades modernas seguir disfrutando de la comida. Comer lo que quisieran y no ganar peso. Pero hay cosas que no pueden ser y además son imposibles. Algo sobre la que ya escribimos sin mucho éxito al final del siglo XX.[12]  En algunas ocasiones estos empeños han sido dramáticos y han obligado, tras el fallecimiento de algunos pacientes a retirar del mercado, uno tras otro, los fármacos comercializados. Ha sido el caso de la dexfenfluramina, la sibutramina o el ribonamat, por citar solo los tres más conocidos. Y no hay razones para pensar que se pueda encontrar un fármaco que sea capaz de interferir en el equilibrio apetito-saciedad o en el metabolismo energético sin que antes o después aparezcan individuos con una respuesta idiosincrática que obligue por sus efectos adversos a la retirada del mercado.[13]

En la actualidad el desembarco de nuevas moléculas en el escenario terapéutico de las personas obesas, está cambiando el escenario terapéutico de la obesidad, sin que haya aun pasado el tiempo suficiente como para poder levantar sobre ellas el “principio de precaución”. [14]

 En otras ocasiones las consecuencias de este empeño biologicista ha adquirido tintes patéticos. Fue el caso de un científico del norte de España, al que llamaremos Albert XXL, profesor de biología, obeso mórbido, que llevaba años desarrollando una línea de investigación muy productiva en cuanto a publicaciones con un nuevo agente adelgazante que estaba dando buenos resultados en ratones.  Hombre de gran prestigio le fue encargada la conferencia magistral de un congreso nacional de la especialidad, sorprendiéndonos a todos. A lo largo del último año se había tratado con sus píldoras, las mismas que adelgazaban a los ratones y la conferencia iba de  los resultados de su autoexperimento.  

 En su presentación incluía numerosas graficas con las curvas de su peso, de los numerosos metabolitos evaluados periódicamente, incluido las hormonas sexuales y una precisa descripción de su libido a lo largo del año de tratamiento. Los resultados eran espectaculares.  No había más que verlo, había perdido mucho peso y recuperado la libido (el creerse esto último era una cuestión de fe).  Fue muy emocionante, especialmente para los investigadores preclínicos que añadían así a uno de los suyos a la lista de científicos que eran capaces de experimentar en sus propias carnes sus propuestas, convirtiéndose en héroes de la ciencia. La lista de estos “héroes” es numerosa y remitimos al lector a una próxima entrega de esta serie que estamos publicando en SINAPSIS ((“Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores. (Notas sobre la auto-experimentación”). 

¿Que ha movido a tanto científico a la autoexperimentación incluso a riesgo de su propia vida?  El afán de conocimiento, de gloria, la impaciencia, el lucro.  No negaremos que en algunos de los casos la autoexperimentación ha sido útil para que la idea fuese reconocida, pero en el caso de nuestro amigo el Dr. Albert XXL, me temo que ha ocurrido todo lo contrario. Desde luego los clínicos que estábamos en la sala cuando su presentación no pudimos por menos que enarcar las cejas. La mayoría de los allí presentes conocíamos bien el poder del placebo, ¡incluso habíamos hecho “algún milagro”¡y nada bueno cabía esperar de este  efecto, placebo pero nada ciego, en el que el sujeto  y el objeto de la experimentación eran la misma persona.  

 

Esta obsesión de la ciencia por encontrar la causa biológica de la enfermedad es un típico ejemplo de lo que Kung llamo ciencia normal. Se pone de moda un modelo explicativo y miles de científicos se ponen a trabajar en la misma dirección y cuando, como en el caso que nos ocupa, hay una gran demanda social y dinero, se acaba el camino, pero los científicos siguen erre que erre, machacando el mismo clavo. Ya, a finales del siglo pasado, parecía que las cosas iban a cambiar, que se iba a producir un cambio de paradigma siguiendo con la terminología kuntiana.  La proliferación de estudios socieconómicos, estaban demostrando que el imparable aumento de personas obesas  no podía ser explicado solo por razones biológicas sino que el contexto cultural, social y económico era muy importante. Pronto se vio como la obesidad no se distribuía por igual entre las comunidades, ni entre las distintas clases sociales. y esto tenía una difícil explicación biológica. 


 Coincidió este cambio de mirada con el desembarco de la medicina darwiniana o evolucionista, medicina que si bien adquiere su madurez en la segunda mitad del siglo XX ya había sido adelantada por Roberto Novoa Santos, quien en 1916, fecha de su “Manual de Patología General”, aplicó por primera vez en toda la historia de la medicina, las teorías de Darwin al concepto de enfermedad, definiendo a la  enfermedad como “un fenómeno evolutivo de adaptación o desadaptación al medio”.[15].  El incremento de obesidad en el mundo comienza a ser reconocida como lo que Lieberman llama  “disevolución” o “enfermedades por desajuste”.[16]   Hoy sabemos que la obesidad es una enfermedad compleja de base poligénica y resultado de la interacción entre una biología que evoluciona muy lentamente y un medio ambiente cultural que nos está haciendo viajar a velocidad de crucero. Como otras muchas de las enfermedades por desajuste, carecen en el momento actual de tratamiento causal, pero son parcial o totalmente prevenibles. Aunque pudiéramos diseñar fármacos dirigidos a la “gestión” de la expresión de genes infrecuentes o de variaciones polimórficas frecuentes, lo más probable es que (como ocurre en este momento) los resultados sean limitados y a medio o largo plazo, potencialmente iatrogénicos. Por consiguiente, no podemos esperar que la ciencia desarrolle unos pocos tratamientos muy eficaces que curen la mayoría de las enfermedades no infecciosas por desajuste, como es el caso paradigmático de la obesidad. No podemos esperar, como dice Lieberman,  un Pasteur para la obesidad. 


La pandemia de obesidad mundial puso a prueba la resistencia de los modelos científicos clásicos para explicar el mundo. Lo que está ocurriendo es el resultado de una aceleración en el cambio de las condiciones iniciales (entendiendo por ellas las medioambientales que son el sustrato sobre el que se mantiene la vida).  Una aceleración que junto al incremento de la investigación científica, del conocimiento, está creando nuevos marcos de entendimiento que vienen presididos por lo que hoy comienza a llamarse “paradigma de la complejidad”. La complejidad puede ser entendida de dos maneras. Por un lado, sin necesidad de traducirla, tal como lo entendería cualquiera. Lo relacionado con lo complicado, lo enmarañado y lo difícil de entender. Por otro, hoy cuando hablamos de complejidad lo hacemos, también, desde una nueva manera de pensar el mundo bajo el que se refugia no solo el aumento ingente de información sino otra nueva manera de enfocar el escrutinio de la realidad. El nuevo paradigma[17], [18], [19]  aglutina a científicos de diversos campos del conocimiento convencidos de la necesidad de adoptar nuevos modelos teóricos y metodológicos, - una nueva epistemología,- también nuevos modelos de intervención que   se ajusten mejor a la realidad.


 Este nuevo espíritu integra la vocación analítica de las ciencias positivas con la vocación transdisciplinaria de la filosofía y otras disciplinas tradicionalmente alejadas de aquel modelo. El nuevo modelo es heredero de la Teoría General de Sistemas que  L.Von  Bartalanaffy[20]desarrolló entre los años 50 y 70 del pasado siglo.  Un nuevo modelo que está contribuyendo de manera muy sensible al reencuentro entre las ciencias y las humanidades[21]. De hecho, “la complejidad” ahora descubierta por las ciencias   es la moneda corriente de las “letras y humanidades”.[22] 

Esta parece ser la conclusión a la que ha llegado “The Lancet Commission on Obesity” que fue creada a partir de dos publicaciones previas sobre obesidad en la revista The Lancet en 2011 y 2015. En un extenso y multidisciplinar trabajo proponen integrar las dos grandes pandemias de obesidad y malnutrición con el cambio climático, bajo un “nuevo constructo” al que han llamado “sindemia global.  Hasta ahora las instituciones académicas, científicas, salubristas y las políticas gubernamentales han diseñado estrategias para abordar las pandemias de la obesidad, la desnutrición, así como el gran reto actual del cambio climático, como problemas independientes. Los resultados son desalentadores. A pesar de todos los empeños la pandemia de obesidad no hace sino aumentar[23] y a nivel mundial apenas si se consiguen resultados y cuando se consiguen localmente, por lo general es de manera transitoria[24]

En el informe de “The Lancet”, se considera al cambio climático como una forma de pandemia debido a su rápido desarrollo y al daño real y potencial sobre la salud planetaria. Por otro lado, la malnutrición en todas sus formas, incluida la desnutrición, la obesidad y otras enfermedades no transmisibles (ENT), son con mucho, las causas más importantes (19%) de enfermedades y muertes prematuras en todo el mundo. En un futuro cercano, los impactos del cambio climático exacerbarán de manera significativa la salud de la población. Estas tres pandemias –obesidad, desnutrición y cambio climático– representarían la sindemia global que afecta ya, en algunas de sus manifestaciones, a la mayoría de las personas en todos los países y regiones del mundo. Por otro lado, los sistemas alimentarios no solo están en la génesis de las pandemias de obesidad y desnutrición, sino que también generan entre un 25% y un 30% de las emisiones de gases de gases de efecto invernadero (GEI) (la producción ganadera representa más de la mitad de estos). 

Además, los sistemas de transporte dominados por los automóviles motivan estilos de vida sedentarios y generan entre el 14 y el 25% de los GEI. Finalmente y como basamento de todo lo anterior se encuentran sistemas políticos ineficientes para hacer frente al reto planetario y modelos económicos basados en un crecimiento incontrolado y una sociedad que predominantemente basa su modelo de vida en un consumo cifrado más en el confort que en el bienestar.[25] Como hemos comentado, hasta ahora la resolución aislada de cada una de ellas, (del cambio climático, de la obesidad y de la malnutrición)  se ha mostrado claramente insuficiente, probablemente porque no se ha tenido en cuenta la cadena de causalidad que comienza con el modelo de sociedad y el modo de producción y consumo de la actual sociedad humana, y la consiguiente  modificación del “mundo natural”.

Hoy comenzamos a saber que tanto los sistemas naturales, como los políticos, los económicos o los culturales están estrechamente interconectados. La asociación entre los cambios climáticos y las pandemias aquí analizadas comienza ahora a conocerse y es imprescindible aún más y mejor investigación que permita precisar los mecanismos intermediarios de esta asociación[26].

 

Y frente a este nuevo “paradigma”, ¿qué tiene que decir la ciencia? A lo largo de la segunda mitad del siglo XX la obesidad se convirtió en un reto para la ciencia. Al considerar la obesidad como un asunto de la biología la mayor parte de la investigación fue sobre la célula adiposa, sobre el metabolismo en general o sobre la regulación endocrina. Todo se reducía a un problema mecánico. A mayor ingreso o menor gasto calórico el balance era positivo y se aumentaba de peso.  La consecuencia clínica es que la única alternativa era conseguir un fármaco capaz de hacer perder peso a las personas y mientras tanto que comieran o gastaran menos calorías y si no lo hacían era bajo su responsabilidad, convirtiendo a las víctimas en culpables en caso de fracasar.  Cuando en las últimas décadas del siglo XX se incorporan a los modelos los estilos de vida y el concepto de “desajuste” evolutivo”, se da sin duda un gran paso, pero al final la cuestión sigue en los mismos términos, pues se reconoce que hay personas “desajustadas evolutivamente” a los que les costará más perder peso, pero el cambiar los estilos de vida obesógenos sigue siendo una   opción personal más. 


 Con el tercer modelo, el modelo holístico, las cosas comienzan a verse de otra manera. Es cierto que a nivel individual las soluciones pasan por la capacidad de cada persona para hacer frente al reto de perder peso, pero la obesidad ha dejado sólo de ser un problema clínico para convertirse en uno de los retos de salud pública más importantes en el momento actual.  Y la cuestión ahora se ofrece a la vista de todos con toda su crudeza: ¿De verdad creemos que podremos resolver la pandemia de obesidad, con consejos y discursos morales intentando convencer caso a caso, a cada una de los millones de personas obesas del mundo? Hoy hay pocas dudas que si queremos de verdad afrontar la pandemia debemos cambiar el modelo de sociedad. Y esto son ya palabras mayores, pues el modelo de sociedad es el que ha dado lugar a las actuales sociedades capitalistas, industrializadas y tecnologizadas. Por cierto el mismo modelo desde el que se ha generado el incremento de temperatura y el cambio climático cuyas consecuencias sobre la salud hemos analizado en otra parte.[27] 

Una conclusión nada sorprendente, que saca a la obesidad de la casilla clínica y la convierte en una cuestión política y en un marcador de lo que hoy comienza a llamarse con propiedad “salud planetaria”, un concepto que fue propuesto en 2015 por la Fundación Rockefeller y la Comisión Lancet para transformar el campo de la salud pública, que tradicionalmente se ha enfocado en la salud de las poblaciones humanas sin considerar los sistemas naturales,  pues es hoy  difícil creer que sea posible mantener la salud de las personas en un medio natural perturbado. 


Para las personas obesas tomadas una a una este modelo es decepcionante, para los políticos un reto que la mayoría no están dispuestos a asumir, pues no es fácil cambiar el modelo de sociedad, para los científicos un desafío pues carecen de la metodología suficiente para integrar toda la información y obrar en consecuencia. ¿Y para un clínico, como el que esto escribe?  Para los clínicos, acostumbrados a la acción este modelo es perturbador. Los clínicos estamos entrenados para ayudar a las personas, cualquiera que sea el escenario. Siempre ha sido así, aunque muchos clínicos no fueran conscientes de ello, pues la medicina clínica lo que ha hecho toda su vida es “reparar los problemas causados por los desperfectos del sistema”. Pero la “cabecera del enfermo” no es el lugar para los discursos morales ni revolucionarios. No es el lugar para cambiar el mundo sino para ayudar al paciente.  Los médicos lo han sabido desde siempre: si no se puede “curar” siempre se puede ayudar.  Informar a las personas obesas para que aprendan a evitar a quienes les ofrecen falsas promesas a veces asumiendo riesgos graves, es ya de por sí una gran ayuda.  

Acompañarles con buenos consejos, como comer bien y hacer ejercicio, siempre esperando que se produzca ese milagro que todo buen clínico espera. Como el de esta historia que a continuación les cuento para terminar con este ya largo capítulo.  En una ocasión acudió a mi consulta del hospital una mujer de 40 años con una obesidad “mórbida” (con un muy elevado índice de masa corporal: IMC). Había ganado peso en los últimos 20 años de su vida e intentado perderlo en numerosas ocasiones, sin conseguirlo. En estos casos, en los que se ha intentado casi todo, es cuando los médicos recomendamos la cirugía bariátrica, esa técnica heredera del cerclaje con la que el médico judío Hisdai ibn Shapru, consiguió adelgazar al Rey Sancho el Craso de León historia con la que hemos comenzado esta entrega. La cirugía bariátrica  es una medida agresiva y muy resolutiva que representa sobre todo el fracaso  de  los modelos clínicos convencionales para hacer frente a  la cuestión de la obesidad.  Así hicimos y la paciente entró en la lista de espera y desapareció de nuestro servicio. 

  Al cabo de dos años apareció de nuevo en la consulta y aunque tenía la historia clínica delante no la reconocí. Había perdido más de 40 kg. La felicité y le pregunté cómo había ido la cirugía.   No, contestó. No me he operado. ¡Caramba! dije sorprendido. Y, ¿cómo lo ha hecho? Usted me mandó al psicólogo dentro del protocolo preoperatorio de la cirugía bariátrica. Yo le conté que me era imposible perder peso pues carecía de la fuerza de voluntad necesaria para ello. El psicólogo me dijo que la fuerza de voluntad no existía que solo existe la motivación y que lo difícil es encontrar los argumentos para que la fuerza de voluntad aparezca. Le entendí y aquí estoy con cuarenta kilos de menos.  ¿Y qué más?, le pregunté entusiasmado.     Pues me he separado de mí marido, he buscado un trabajo, he recuperado la autoestima y además me he apuntado a un gimnasio. ¡Ah! también he seguido, ahora sí, los consejos que me dieron sobre la dieta. Y como en el protocolo de la cirugía bariátrica estaba la cirugía plástica tras la pérdida de peso ahora vengo para que me envíe al cirujano plástico a ver qué puede hacer con estos colgajos que me han quedado en la piel. ¡Al fin y al cabo mi tratamiento (en realidad la paciente quiso decir, mi separación) les ha salido más barato que si me hubiera operado.[28]   Quien iba a decir qué diez  siglos después de la historia de Hisdai ibn Shaprut y el Rey Sancho el Craso, el éxito de la medicina siguiera dependiendo de un buen consejo.  


[1] K D Hopkins, E D Lehmann *Academic Department of Medicine, Whittington Hospital, London N19 3UA, UK; and Department of Neurology, National Hospital for Neurology and Neurosurgery, London WC1. Successful medical treatment of obesity in 10th century Spain. The Lancet Vol 346. August 12, 1995. 

[2]   Potok C. Wanderings. New York: Random House, 1978.  Chaim Potok. Andanzas: Chaim Potok 's Historia de los Judios ( ISBN  0-394-50110-1)

[3] Ángeles Irisarri. El viaje de la Reina. Emecé editores, Barcelona 1991. 

 

[4] Para profundizar en el origen histórico de una realidad política llamada España ver p.e: Ricardo García Cárcel. La herencia del pasado: las memorias históricas de España, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011; Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio españolEdiciones Siruela. 2016

 

[5] https://www.legadoandalusi.es/project/al-andalus-y-la-ciencia-un-viaje-al-pasado-cientifico/

 

[6] También me contó que con un paciente que no adelgazaba, consiguieron descubrir que, a pesar del cerclaje conseguía, con una pajita, atiborrarse de leche condensada a hurtadillas.

 

[7] Bray GA. Obesity: historical development  of scientific and cultural ideas. Int J Obes 14:909-926, 1990.

[8] José María Soler. Apodos de los Reyes de España. Esfera de los libros, 2007. 

 

[9] Federico J. C-Soriguer Escofet. La obesidad más allá de los estilos de vida: Gordos y flacos un siglo después de Marañón. Editorial Díaz de Santos, 2018. 

 

[10] Federico J. C-Soriguer Escofet. 2018  (Op.cit). 

 

[11] Federico J. C-Soriguer Escofet. Contribución al estudio del tejido adiposo humano. Tesis Doctoral. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1973.  

 

[12] Soriguer FJ, Tinahones FJ. Principios de precaución y tratamiento con fármacos de las personas obesas. Med Clin (Barc) 1999; 112:503-7. 

 

[13] Federico J. C-Soriguer Escofet. (2018) (Op.cit). 

 

[14] Federico Soriguer. La OMS y el tratamiento de la obesidad. Diario de Sevilla. https://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/oms-tratamiento-obesidad_0_2005638152.html

 

[15] Gracia Guillen. D. Sesión Necrológica en memoria del Académico de Número Excmo. Sr. D. Francisco Javier García-Conde Gómez. http://www.ranm.es/sesiones-y-actos/archivosesiones/2006/296-sesion-del-dia-24-de-octubre-de-2006.html?showall=1&limitstart=

 

[16] Daniel E. Lieberman, The Story of the Human Body: Evolution, Health and Disease, Pantheon, Nueva York, 2013 (Traducción española en: Editorial Pasado Y presente, 2014). http://pasadopresente.com/images/PDF-LIBROS/historiadelcuerpohumano_best.pdf

 

[17] Clara Romero Pérez. Paradigma de la complejidad, modelos científicos y conocimiento educativo. http://www.uhu.es/agora/version01/digital/numeros/06/06-articulos/monografico/pdf_6/clara_romero.pdf 

 

[18] Bateson, G. (1993): Una unidad sagrada. Pasos ulteriores hacia una ecología de la mente. Barcelona, Gedisa.

 

[19] Maturana, H. y Varela, F. (1990): El árbol del conocimiento. Madrid, Debate.

 

[20] L.Von  Bartalanaffy. Teoría General de sistemas. Fondo de cultura económica de España, Madrid, 1976.

 

[21] E. Morin (2004). El Método, Tomo 6. La Ética, Paris, Seuil, Col. Points, p. 224.

 

[22] Soriguer F. Si Don Santiago Levantara la cabeza. La lógica científica contada en 101 historias nada científicas. 2016 (Op.cit)..

 

[23]Soriguer F. La obesidad: más allá de los estilos de vida. Gordos y flacos un siglo después de Marañón. Editorial Díaz de Santos, 2019.

 

[24]Noticias ONU. Más de cien millones de personas pueden morir de hambre. https://news.un.org/es/story/2019/04/1453791.

[25] La Sindemia Global de Obesidad, Desnutrición y Cambio Climático: Informe de la Comisión Lancet Un informe de políticas para gobiernos nacionales y municipales, la sociedad civil, financiadores, empresas y agencias internacionales. https://elpoderdelconsumidor.org/wp-content/uploads/2019/01/d-the-lancet-obesity-commission-informe.pdf

 

[26] Federico Soriguer, Dieguez Lucena; Ruíz Sinoga JD, Fontao E. Cambio climático y salud. Informe de la AMC. http://amciencias.com/

[27] Federico Soriguer, Dieguez Lucena; Ruíz Sinoga JD, Fontao E. Cambio climático y salud. Informe de la AMC. http://amciencias.com/

 

[28] Federico J.C-Soriguer Escofet. Como adelgazar por la seguridad social: manual de autocuidados del servicio de endocrinología y nutrición del hospital universitario Carlos Haya. Ed. Arguval. Málaga, 2015. 

 

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