Editorial. Polarización, amabilidad y otras cuestiones

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Polarización, amabilidad y otras cuestiones




Queridos amigos:

He leído que este año en el examen de la PAU (Acceso a la Universidad) pusieron para comentar un artículo escrito por Manuel Vicent titulado “Las buenas maneras”. En un párrafo de ese texto dice:


…el albañal político en el que andamos chapoteando o el nivel de basura social que nos ahoga se debe en gran parte a que aquel chico ha olvidado las reglas de urbanidad y buenas maneras que aprendió en la escuela. ¿Cómo es posible que aquel niño sea el mismo que ese diputado que insulta con un lenguaje muy sucio al adversario político en el Congreso o ese verraco anónimo que esparce odio en las redes o ese fanático que rebuzna cuando opina? Me gustaría saber dónde ha quedado aquel niño. Solo con la mitad de sus buenas maneras, este país tendría resueltos más de la mitad de sus problemas-.


Me hubiese gustado conocer los comentarios que en el examen escribieron los jóvenes. 


Quizás me llamó la atención este tema dado que últimamente estoy asqueado del clima de polarización que se ha incrustado en nuestra sociedad.

Solemos entender por polarización a la división extrema de opiniones en dos bandos opuestos, donde se pierde el matiz y se anula el pensamiento crítico. 


La polarización es el aislamiento en verdades absolutas, la incapacidad de escuchar al otro y el sesgo que divide a la sociedad. Es una trinchera ideológica que suele alimentarse del algoritmo y de la sordera colectiva.

Nos dice Gabriela Warkentein, -Cuando la polarización se va hasta lo más profundo de las raíces, se abre la puerta no solo a las injerencias, sino a soluciones extremas- 

Leo en un artículo de internet otro concepto sobre esta cuestión que dice: La polarización es la nueva pereza intelectual. Es el atajo emocional que nos evita el trabajo duro de analizar, cuestionar, investigar y construir una visión propia.

"Existe el peligro de la obligación constante de polarizarse, de exigir una opinión inmediata y a favor o en contra de todo sin tener información suficiente”.


Creo que la polarización parte del interés de los poderosos para decidir y enfrentar a la sociedad y así extraer ellos mejor sus beneficios. Probablemente se aprovechen del sistema de funcionamiento neuronal que tenemos y que facilita las respuestas binarias, en blanco y negro y si es posible rápidas. Para ello se riega antes con contenidos emocionales y pasionales y el trabajo está casi hecho. También colaboran los medios para recuperar audiencias y ejercer una competencia extrema ya que la audiencia está asociada a publicidad y ésta a fondos para las empresas.  Sé que es simplista lo que digo pero a grandes rasgos se funciona así, a lo que se suma la multiplicación exponencial del uso adictivo de las redes, chatbot de IA, algoritmos, etcétera que son hoy en día los más eficientes en esparcir la polarización y los mensajes de odio.


Hasta hace no mucho y comprendiendo como razonables las diferentes orientaciones de las distintas cadenas de televisión o periódicos, me solía resguardar en ellas de la inmundicia verbal y gestual sobre todo en la información de la política nacional.

Pero desgraciadamente también allí ha llegado este regresivo y peligroso cambio en la calidad y honestidad de las informaciones. Hoy ya hay periódicos y de todas las tendencias, que parecen más panfletos de grupúsculos políticos extremos y en el lenguaje televisivo hay también una competición de quién saque más “mierda” en las noticias diarias, independiente de que estas estén confirmadas o no.  Y estas noticias al parecer “deben" ser expuestas con gran vehemencia por los comunicadores.


Ya no existe presunción de inocencia, ni esperas a juicios en un estado de derecho. Los “indicios, presuntos”, etcétera, bastan para emitir una condena popular envenenando más si cabe el ambiente de polarización. Es cierto que hay indicios de corrupción, de organizaciones delictivas desde resortes del poder o de caída abrupta de la popularidad de algunos personajes que estaban considerados adalides del derecho y de las libertades.  Las frases repetidas de dejar actuar a la justicia debe hacerse realidad y no ser un escudo para escapar de situaciones embarazosas. 

Paciencia, reflexión, espera e información de calidad y contrastada, así debe actuar el “cuarto poder” como se dio en llamar un tiempo a la prensa.


Con todo ello no pretendo negar las diferencias cosmovisionales e ideológicas naturales en la ciudadanía pero pienso que la reflexión, la moderación y la empatía deben jugar un papel importante en la comprensión de los valores del adversario sin convertir a este en enemigo.


Para terminar con este asunto os recomiendo leer unas recomendaciones a los medios, hecha por la Asociación Americana de Psicología (APA), donde plantea ocho medidas para combatir la desinformación y reducir su impacto en la salud, el bienestar y la vida cívica. Entre estas recomendaciones se destacan investigaciones psicológicas sobre cómo se originan, se difunden y se corrigen las informaciones falsas. (Podéis encontrar en la red estas recomendaciones de APA.)


En esta asociación libre que tengo en estos momentos, y saltando de tema en tema, llega a mi consciente el concepto de la amabilidad y de la cortesía que no solo se está perdiendo en los ambientes políticos sino también en grandes sectores de la sociedad y que pienso que también estropean la convivencia.


Se entiende por amabilidad un comportamiento social caracterizado por el respeto, la empatía, la gentileza, la cortesía y la benevolencia hacia los demás. 

Es una competencia emocional que facilita la convivencia sana y se manifiesta en actos cotidianos de consideración. Ojalá la empleásemos en el día a día en el contacto con las personas. Creo que sin duda, haría mejor la convivencia y pondría un granito de arena en contra de las emociones envenenadas de la polarización. Su opuesto, la rudeza, la grosería, la aspereza o la descortesía, nos hace peores.


Aterrizando otra vez en el presente, en estos días pasados,  nos han dejado dos personas muy singulares. Me refiero al fallecimiento del  filosofo francés Edgar Morin y de la historietista  iraní Marjane Satrapi.

El primero con sus importantes aportes intelectuales nos ayudó a comprender mejor el mundo que vivimos y la segunda  través de su obra Persépolis mostró la cara brutal de Irán contra las mujeres.

Para finalizar me despido de vosotros deseando que estéis todos bien. 


A continuación comparto una breve columna de Leila Guerriero que da a pensar, y al final de todo, una pieza musical y alguna pintura para iniciar bien este fin de semana. 

También pongo el índice del Sinapsis de hoy, al final del texto,  muy cargadito  para leer a lo largo de los próximos quince días. Nos vemos. Un abrazo.




Una casa en llamas

  • LEILA GUERRIERO


https://lectura.kioskoymas.com/article/282230902356428


No pasa nada. Nada de enorme gravedad, nada como no poder pagar las cuentas, nada como no tener para comer, nada como no tener casa, nada como no tener ropa, nada como estar en guerra, nada como una enfermedad grave, nada como la pérdida del amor, nada como el secuestro o la tortura o la cárcel, nada como no poder caminar y, sin embargo, estamos preocupados. Porque se rompió la licuadora, porque nos da temor el examen, porque se nos vence la licencia de conducir, porque nos torcimos el pie, porque nos salió una arruga nueva, porque no vino el pintor a la hora en que dijo que iba a venir, porque no sabemos qué ropa ponernos para una reunión de trabajo, porque se cayó la conexión a internet, porque alguien no nos contestó un mensaje de WhatsApp, porque no llega el correo electrónico con la confirmación de una compra, porque el vuelo está atrasado, porque se nos despegó la suela del zapato en una ciudad extranjera y no tenemos otro par, porque el teléfono se quedó sin batería, porque no entendemos cómo completar ese formulario online, porque perdimos los auriculares inalámbricos, porque tenemos pocos likes en un posteo de Instagram, porque el delivery de helado no llega hasta nuestro barrio, porque hay polillas, porque se discontinuó el champú que usábamos, porque no sabemos qué cocinar, porque no encontramos el control remoto. 


¿No es deslumbrante la masiva capacidad de olvido del fin, la masiva capacidad para hacer de cuenta que no nos sucederá la mayor de las catástrofes, la masiva capacidad para preocuparnos por el desdén de un desconocido o el virus de la computadora cuando todos, absolutamente todos, a pesar de la belleza, del trigo y del rayo, de Rembrandt y de Rothko, de Lorrie Moore y de Flaubert, de Laurie Anderson y de Beethoven, de los caballos y del color rojo, del mar y de los duraznos, del pan y de las canciones de cuna, hemos nacido en una casa en llamas?

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* Para complacer a lo citado en el texto de  Leila, una pieza del gran Beethoven y una pintura de Rembrandt (La ronda de la noche)


https://open.spotify.com/intl-es/track/3w82noRmnQAvSBClyTudcD?si=1db7ab3014bb4e6e




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Índice


  1. Editorial. Polarización, amabilidad y otras cuestiones
  2. Un hecho reciente y artículo de Muñoz Molina
  3. Traficantes de halagos. Irene Vallejo
  4. Libro. ¿Qué determina nuestra ideología?
  5. Jazz/Música y Cine
  6. Geopolítica enloquecida. C.Gómez-Cotta
  7. Algoritmos, captación y beneficios
  8. Historias de la Ciencia. Entrega nº 24.F. Soriguer
  9. La hora de decir no. W. Gallardo
  10. La IA según John Carlin
  11. Debate. Encíclica Magnífica Humaniitas. D. Garrocho

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