Respuestas pavlovianas. Derecha-izquierda. P. Briz
Respuestas pavlovianas
Derecha e Izquierda
Pedro Briz
Este texto no está basado en la disciplina de la biología ya que no la conozco en profundidad y no corresponde a la pequeña parcela del conocimiento en el que me formé. Pero para seguir algunas de las ideas de Pávlov, es que las usurpo (sin rigor) para hablar de otra cosa y reflexionar un rato.
La respuesta pavloviana, o condicionamiento clásico, es un tipo de aprendizaje asociativo involuntario. Ocurre cuando un estímulo inicialmente neutro (ej. un sonido) se asocia repetidamente con un estímulo natural (ej. comida). Tras asociarlos, el cerebro reacciona generando la misma respuesta biológica solo con el estímulo neutral.
Fue descubierto por el fisiólogo ruso Iván Pávlov a través de sus experimentos con perros.
Las respuestas pavlovianas, o respuestas del condicionamiento clásico, son reacciones fisiológicas o emocionales automáticas e involuntarias que un organismo aprende a asociar con un estímulo concreto.
Pávlov, explica a través de sus experimentos cómo se forman hábitos y reacciones inconscientes mediante la repetición y la asociación.
Sin ningún apoyo de estudios científicos, solo con mi observación personal y con ánimos simplemente de dialogar un rato, creo que algo parecido ocurre en las personas frente a determinados vocablos. Digamos que la realidad me recordó los experimentos pavlovianos.
Realizo mi observación en el terreno de la política, sobre las respuestas de las personas ante la palabra derecha o izquierda que pueden surgir en una conversación, en la lectura de un texto o al oír una conferencia, entre otras situaciones. Se produce entonces una reacción casi refleja o automática que tiende a rechazar o apoyar cualquier contenido que se interprete que está en el terreno de las ideas que se entienden por derecha o izquierda.
Durante años hemos ido incorporando en nosotros juicios y prejuicios sobre el sentido de esas palabras antes referidas. Además de los conceptos concretos que llevan esos vocablos se produce una asociación emocional, sentimental y hasta a veces pasional que activan seguramente otras áreas de nuestro cerebro y que van a construir un filtro o un muro, que se cerrará o no, en nuestra mente para apoyar o rechazar cualquier concepto o información que microsegundos antes hubiéramos pasado por el tamiz de nuestra aceptación o censura.
En ocasiones se podrá estar de acuerdo con el contenido de una propuesta pero si surge algunas de las palabras claves, puede que se cambie de un apoyo ferviente a un rechazo pasional. Ejemplos. La mayoría de los ciudadanos desean una sociedad donde se tienda a disminuir las desigualdades sociales, desean que no haya guerras, que debemos cuidar nuestro planeta y que son esenciales las mejoras en la educación y la sanidad pública. A pesar de ello, si quién pronuncia estas propuestas emplea la palabra izquierda o ya está catalogado como tal, recibirán estas ideas un rechazo y desconfianza por una parte de la sociedad que tienen una formación o prejuicios en contra.
Algo similar ocurre con otros ejemplos pero del ámbito ideológico opuesto. Si alguien defiende que en las comunidades autónomas de España ha habido excesos y errores desde su inicio, que algunas o algunos defensores de los derechos de la mujer y de cuestiones de género se han excedido en ocasiones en la obligatoriedad de "modificaciones lingüísticas" en esas temáticas, o que es importante considerar también los intereses de los agricultores y ganaderos dentro de las medidas contra el cambio climático, etcétera, bastará para identificar algunos de estos conceptos con las políticas de derecha para que automáticamente en algunos surja el rechazo y se evite el diálogo y discusión constructiva sobre cualesquiera de estas opiniones. Por supuesto que no estoy hablando de contenidos xenófobos, misóginos o racistas ya que esos contenidos deberían rechazarse por cualquier ser humano pensante y conocedor de la historia española y de la humanidad en general, independiente de su inclinación ideológica. Al menos asi lo creo y deseo.
Volviendo al tema, creo que los vocablos derecha-izquierda en política actúan a veces como el “timbre” en los experimentos de Pávlov. Ante esas palabras surge la llamada respuesta condicionada que se entiende como la respuesta aprendida provocada por ese estímulo anteriormente planteado. En el caso del ejemplo de las palabras antes referidas, vemos que se gesta una respuesta llamada de alerta.
La palabra que hemos escuchado puede generar un impulso automático para rechazar todo lo que pensamos sobre los valores que acompañan a cada una de esa palabras "timbres".
Probablemente actuemos así por nuestra constitución biológica, nuestra estructura de personalidad, los ambientes en los que cada uno se educó, las necesidades y situación en los grupos de clase a que cada uno pertenece, a antecedentes familiares y personales ligados a experiencias negativas asociadas a cada uno de estas palabras claves y hoy sobre todo, al “sujeto” atrapado, afianzado, enriquecido e impulsado por el bombardeo actual de las redes sociales y algoritmos interesados bajo los que nos encontramos cada uno.
En fin, somos muy complejos y no dedicamos tiempo a reflexionar, analizar, conocer y cotejar la realidad con nuestros juicios previos y los retos de la sociedad en su día a día. Debemos con serenidad plantearnos que sociedad queremos para nosotros y para nuestros hijos. Para ello, deberíamos abandonar prejuicios ideológicos, sobre todo aquellos consustanciales o ligados con unos vocablos surgidos históricamente (derecha-izquierda) y que hace referencia al lugar en el que se sentaron unos diputados en la Asamblea de Francia en agosto de 1789.
Amigos, resumiendo hay que elegir entre Eros o Tánatos, esa es la cuestión… y Eros puede simbolizar la democracia, el estado de derecho, las libertades y los objetivos de igualdad, educación y sanidad para todos y Tánatos, sin embargo, son el odio, el resentimiento, las exclusiones, el racismo, las guerras, la persecución y aislamiento de los que menos tienen en este mundo. Donde situarnos, independiente de los vocablos, es una decisión de cada uno de nosotros. Esa decisión no solo va a repercutir en el presente sino en nuestros hijos y nietos que en la actualidad tienen un porvenir incierto. Pensar, reflexionar y dotarnos de valores humanísticos. Quizás así dejemos de comportarnos como los perritos de Pávlov.




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