La guerra actual en tres artículos. Rizzi; Gallardo; Vicent
El espejo moral de la guerra de Irán
Las guerras son, siempre, espejos morales. La guerra ilegal lanzada por Estados Unidos e Israel contra el infame régimen iraní no es una excepción. Basta con fijarse sin anteojos de intereses espurios para ver retratos elocuentes. Algunos con espalda recta, muchos con patéticas contorsiones o en posturas de arrodillamiento político.
Empecemos desde España. El Gobierno español ha rechazado correctamente un ataque que es contrario al derecho internacional porque no está amparado ni por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU ni por el presupuesto de legítima defensa. Sobre esa premisa ha correctamente denegado a EE UU el uso de sus bases de la OTAN para sostener ese ataque. Igual de adecuadamente, ha decidido proporcionar apoyo a la defensa de socios que se ven en peligro por las respuestas indiscriminadas y descoyuntadas del criminal régimen opresor iraní. Sin duda ese posicionamiento sirve bien a los intereses electorales del PSOE. Sin duda también, es moral y legalmente correcto.
Ante todo esto, toca asistir al sonrojante contorsionismo de adversarios políticos y mediáticos del Gobierno que —denotando un punto de desesperación— intentan descalificar esa posición con argumentos retorcidos. No, enviar un buque para contribuir a la defensa de Chipre no es entrar en guerra. No, la activación de baterías Patriot ya desplegadas en Turquía para intercepción de misiles tampoco lo es. El partido que apoyó la invasión ilegal de Irak vuelve a retratarse. Periodistas militantes del antisanchismo, también.
Ambos tienen abundantes motivos para la sólida crítica al Gobierno. Cabe notar que la coherencia del Ejecutivo con ciertos valores se quiebra al cruzar las fronteras de Marruecos y el Sahara Occidental, linde en el que empiezan a predominar los intereses sobre los valores, y la espalda ya no se aprecia tan recta. En el interior, más motivos aún, desde una amnistía que se prometió a la ciudadanía que no se concedería y se calificó de no constitucional para dar luego marcha atrás cuando convino al interés partidista. Fíjense en eso, no en una inmoral crítica de la justa posición sobre Irán o sobre Gaza. La frustración nubla la mirada de muchos.
En el resto de Europa abundan otros retratos de interés. De entrada, el del canciller alemán Friedrich Merz, quien primero se distinguió por decir que “las clasificaciones de derecho internacional aportan poco” en esta situación, y después, sentado en el Despacho Oval, se lavó las manos cuando Trump cargó contra España con el matonismo que le caracteriza. Es notorio que no oponerse a los matones es una forma de complicidad que es lo que permite el abuso.
Interesante también es el retrato de Giorgia Meloni. Primero se quedó escondida durante varios días, incómoda entre su deseo de ser socia privilegiada de Trump y el espanto que el presidente de EE UU provoca entre italianos de toda inclinación política. Finalmente, salió a dar la cara; y la posición de su Gobierno, aunque no igual, no está lejos en la sustancia de la del español.
La República Islámica es un régimen espantoso y opresor. Cuanto antes se vaya por el desagüe de la historia, mejor. Pero cargarse a bombazos regímenes que no gustan es ilegal y sienta antecedentes peligrosos.
Oponerse a EE UU tiene riesgos y en la medida de lo posible, hay que evitarlo. Pero la medida de lo posible no puede incluir la humillación, la abdicación de los principios fundamentales. Se puede elegir el honor. Algunos eligen el deshonor pensando que se ahorran problemas, pero tendrán deshonor y problemas, porque apaciguar a los matones puede garantizarles un día de tranquilidad, pero no resuelve nada.
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Los riesgos de decir no a un narcisista
Por Walter Gallardo, desde Madrid- LA GACETA.
¿Qué ocurre cuando se le dice no a un narcisista? Tenemos la respuesta a través de todos los medios periodísticos en un personaje empeñado, desde hace más de un año, en que nadie duerma tranquilo en ningún rincón del planeta: reacciona con ira, insultos, amenazas, intimidaciones, venganzas, detenciones ilegales, bombas o, como poco, con un juego sucio de
difamación hacia quien lo desafía o simplemente prefiere mantenerse al margen de sus arbitrariedades. Sobre todo, ve insolente e intolerable que alguien no acepte o, por el contrario, cuestione su pretendida superioridad.
Hablamos por supuesto del presidente de Estados Unidos, aunque hay otros malos imitadores en los que se reconocen los mismos rasgos ya en avanzado desarrollo. Casos de manual.
Pasó con España cuando se le negó el uso de las bases militares compartidasen Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para las operaciones contra Irán. Trump llamó entonces “un socio terrible” al gobierno y prometió cortar las relaciones comerciales o echar mano a un embargo, recursos que chocan frontalmente con los acuerdos entre Estados Unidos y la Unión Europea.Como las amenazas no surtieron efecto, hizo circular al día siguiente, a través de su portavoz, la versión de que España había dado un paso atrás atendiendo a la claridad y firmeza de su mensaje. En otras palabras, que le había torcido el brazo al rebelde. Desmentido de inmediato por el ministro de Exteriores español, recurrió al agravio y llamó “perdedor” al país que se resiste a su voluntad (o capricho) Y ahora en cada conferencia de prensa pinta para España un nuevo apocalipsis. El precio de decir no.
Más allá de las polémicas, este es en cifras el panorama comercial que podría sufrir turbulencias en el futuro próximo: España exportó 16.716 millones a Estados Unidos en 2025, un 8% menos comparado con el año previo, e importó 30.174 millones. Entre las exportaciones, se destacan la maquinaria y aparatos eléctricos por un valor de casi 4.000 millones de euros, en tanto que de las importaciones un tercio corresponde a productos energéticos. Pese a que esto muestra que sólo el 4,3% de las exportaciones
españolas tiene como destino aquel país, hay sectores más expuestos que otros. Uno de ellos es el del aceite de oliva. El año pasado ingresaron 970 millones de euros por este rubro, lo que hace que la preocupación en el sector se acerque a un ataque de nervios.
No es este el primer desencuentro entre el gobierno de Pedro Sánchez y la actual administración estadounidense. Hace algunos meses Trump exigió a los socios de la OTAN, con argumentos propios de Tony Soprano, que subieran sus aportes hasta llegar a un 5% de su Producto Bruto Interno en una década. Casi sin negociación, los miembros de la Unión Europea aceptaron el chantaje, en su mayoría poniendo en alto riesgo sus finanzas (Alemania está saliendo de dos años de recesión y Francia apenas crece al 0,8%) España, en tanto, dijo no desde el principio con un doble argumento.
El primero, basado en los números: esto significaría elevar su gasto en defensa en alrededor de 350.000 millones de euros adicionales hasta 2035, algo sólo posible si se aumentan los impuestos a los trabajadores en alrededor de 3.000 euros anuales, además de recortar o eliminar prestaciones tan esenciales como las de desempleo o maternidad; o bajando un 40% las jubilaciones y reduciendo casi a la mitad la inversión
estatal en educación. El segundo, basado en razones prácticas: las obligaciones militares que se le exige como miembro de la OTAN pueden cumplirse con un aporte del 2%, a donde se llegó con gran esfuerzo desde el 0,8% en 2018.
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Cuestión de unos días
- MANUEL VICENT
https://lectura.kioskoymas.com/article/282351161273920
Esto será cuestión de unos días, decían los felices agüistas en aquel balneario cerca de Viena el 28 de junio de 1914. A la hora del té a la sombra de los tilos una orquesta de violines y pistones tocaba un vals. En medio de esta perfecta armonía, de repente, la orquesta dejó de sonar. Algunos oyentes rodearon a un guardia que en ese momento estaba fijando en un tablón la noticia de que en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del imperio austrohúngaro, había sido asesinado. Nadie dio demasiada importancia a ese hecho, de modo que el vals volvió a sonar de nuevo desde el mismo compás en que se había interrumpido.
Poco después empezó la I Guerra Mundial. Esto será cuestión de unos días, decían aquellos felices bañistas ataviados con pamelas y sombreros blancos. Fue una guerra de trincheras, de cuerpo a cuerpo, a bayoneta calada que empezó con un vals y duró cuatro años. Murieron casi 22 millones de personas. Así sucedió también aquel 17 de julio de 1936 en España. Llegaron las noticias de que los militares se habían levantado en África contra la República. Esto será cuestión de unos días, decía la gente mientras muchos preparaban el equipaje para irse de veraneo. Fue una tragedia cainita de tres años a sangre y fuego de la que este país tardó mucho en recuperarse.
También había amanecido un día radiante el 1 de septiembre de 1939. Alemania invadía Polonia. La radio transmitió junto a los bramidos de Hitler un éxito fulgurante. Esto será cuestión de unos días, decía la gente sin percatarse de que estaba comenzando la II Guerra Mundial, que produjo 70 millones de muertos. Hoy mientras la gente celebra fiestas, llena los bares y vive la vida con toda normalidad en algún lugar del planeta se produce un bombardeo. En efecto, piensas que esta también podría ser una cuestión de unos días, pero esta vez, sin saber por qué, el azar bélico ha añadido una extraña variable que vuelca el tablero y a tu alrededor el mundo se cae a pedazos.



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