Cine. Sorrentino/ Almodóvar. Otros temas

 Dos apartados sobre cine

 I)

Viva el cine

  • Rosa Montero


https://lectura.kioskoymas.com/article/281998973998427


No es lo mismo ver películas en tu televisor o en una sala. 

En esta última es una ceremonia colectiva




Acabo de regresar de Málaga, en donde he formado parte del jurado de su formidable festival de cine. En una semana vi 22 películas, a un ritmo de al menos tres al día. He sido jurado de otros festivales y en los últimos años del franquismo fui a los fines de semana cinéfilos que se organizaban en Francia, en Perpiñán, justo al otro lado de la frontera; proyectaban hasta una decena de títulos prohibidos en nuestro país, así que te zampabas cinco largometrajes seguidos el sábado y otros cinco el domingo (así vi, por ejemplo, El último tango en París y La naranja mecánica). 


Con esto quiero decir que los atracones peliculeros no me son desconocidos. Pero he de confesar que en los últimos dos o tres años he ido menos a las salas de cine a causa de las consabidas justificaciones: demasiado trabajo, demasiada fatiga. Por ese caos vital que te emploma los pies y te llena de pereza, de manera que terminas viendo las películas en tu televisor, como si fuera lo mismo. Pero no lo es. Por eso la experiencia inmersiva del Festival de Málaga, y el montón de horas que pasé sumergida en esa oscuridad colectiva y vibrante, me han hecho recordar lo mucho que me gusta el cine de verdad, ese que no sólo se ve, sino que se respira junto a los demás.


Creo que hoy no se puede entender lo que supuso el cine para varias generaciones de españoles. Leo en un estudio académico que en 1965 se llegó al punto máximo de salas en España, con más de 8.000, una de las cifras más altas de toda Europa. No me extraña; era un país lúgubre y paupérrimo, un mundo que recuerdo en blanco y negro, como si la sociedad entera vistiera de medio luto por un duelo aún no superado, y el multicolor de las películas era pura vida, un sueño prestado, un delirio controlado que te salvaba del delirio real. 


Por entonces había muchísimos cines de barrio, grandes salas de pantallas manchadas y sonido chirriante que proyectaban dos películas en sesión continua a partir de las cuatro de la tarde; las entradas eran baratísimas y tú te metías en la sala cuando querías, a menudo en mitad de un largometraje cuyo argumento tenías que deducir hasta que podías ver la parte que te habías perdido en la siguiente sesión (a veces te gustaba más lo que habías inventado). Los programas cambiaban cada semana y por ejemplo en mi barrio (Cuatro Caminos, Madrid) podías ir andando en menos de 15 minutos a una decena de cines. ¡Y siempre estaban llenos! Llenos todas las tardes, cada día. 


Eran una droga, una medicina, un pulmón artificial para una sociedad que se asfixiaba. Mi bella madre, artista in pectore que nunca pudo desarrollar su creatividad y que vivió con las alas plegadas en la jaula de su pequeña vida doméstica, solía escaparse conmigo por las tardes a algún cine del barrio, a escondidas de mi estoico padre, que se mataba a trabajar y que probablemente no hubiera entendido que esos programas dobles de coloridas y luminosas mentiras eran tan necesarios para mi madre como el aire y el agua. Creo que esos cines salvaron la vida a muchas personas.


Crecí viendo películas, pues, con cierto sentido de clandestinidad. Eran viajes secretos y un poco iniciáticos, con esa penumbra de la sala y el resplandor de la pantalla, de la mano de mi madre hacia la luz. Aprendí muchas cosas con aquellas sesiones: que el mundo era vasto y variado, pero que aún eran mucho más distintas las personas. Y que una buena historia puede mantener hipnotizados a un montón de individuos. Desde luego no es lo mismo ver películas en tu televisor o en una sala. Y no sólo por la gran pantalla, por el mejor sonido, por la mayor concentración, sino porque es una ceremonia colectiva. Todo arte es comunicación y eso se experimenta con claridad cuando vas al cine. Ríes con los demás, escuchas los sorbetones de las lágrimas cuando la historia duele, compartes ese erizamiento de la piel y esa silenciosa tensión del aire en los momentos bellos. 


En España hay unas 750 salas de cine con un total de 3.500 pantallas, una cifra que se ha mantenido más o menos estable desde 2015, pese a la irrupción de las plataformas y a la pandemia. Es más, comparados con otros países europeos, somos de los que más pantallas tenemos por habitantes: sólo nos superan Irlanda, Francia y los países nórdicos. Así que ni tan mal. Contra todo pronóstico y toda pereza, el cine vive. Viva el cine.


                                           ***

II)


Cine


Dos películas importantes en cartelera


La Grazia


Nueva película de Paolo Sorrentino



Tráiler

https://youtu.be/y1Z1JjFGQ5U?si=F_hTvHWjyItWysVl



Título original

La Grazia

Año

2025

Duración

133 min.

País

  Italia

Dirección

Paolo Sorrentino

Guion

Paolo Sorrentino

Reparto


Fotografía

Daria D'Antonio

Compañías

FremantleThe ApartmentNumero 10PiperFilm

Género

DramaComedia | Política

Sinopsis

Mariano De Santis, presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral.


https://www.filmaffinity.com/es/film562510.html


Comentario de La grazia por Javier Ocaña


Conocimiento y templanza al estilo Sorrentino

  • JAVIER OCAÑA

https://lectura.kioskoymas.com/article/282050513611539


                                                      Toni Servillo, en un momento de La grazia


LA GRAZIA


Dirección: Paolo Sorrentino. Intérpretes: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Milvia Marigliano. Drama. Italia, 2025. 133 minutos.


Los mayores ignorantes no son los que nada saben. Ni siquiera los que nada saben y nada quieren aprender. Los mayores ignorantes son los que nada saben, nada quieren aprender y, además, presumen de ello con ridículo orgullo de su necedad. Por eso, en un momento en que parte de la ciudadanía y de los dirigentes de medio mundo parece apuntarse al carro del engreimiento de su incultura (en todos los sentidos de la vida), Paolo Sorrentino llega con La grazia, su última película, a pintarles la cara con un doble elogio: un elogio del conocimiento y, al mismo tiempo, y pese a ello, un elogio de la duda. 


Porque hasta los más cultos, inteligentes y sabios saben del peligro de las certezas sin vacilaciones, incertidumbres ni reflexiones ante determinados aspectos de la existencia y de la condición humana. Y el director italiano, con su habitual binomio formado por el humor y la solemnidad, por el existencialismo y la comicidad, ha compuesto una película portentosa en torno a una figura ficticia: un presidente de la república italiana, veterano y prestigioso jurista, que a falta de seis meses para el fin de su mandato debe enfrentarse a una triple decisión.


Sorrentino, 11 películas sin fallo en 25 años de carrera, efectividad de infalible lanzador de penaltis, tan futbolero él, articula La grazia con una pregunta esencial: “¿A quién pertenecen nuestros días?”. Cuestión que en la mayoría de los casos podría pensarse que provoca una respuesta fácil, pero que en la historia original pergeñada por el director de La gran belleza nunca es cómodamente resoluble. La primera de las tres decisiones que el mandatario italiano tiene sobre la mesa es su imprescindible firma para la entrada en vigor de una ley de eutanasia aprobada por el Parlamento. El estreno español llega así en un momento álgido de la cuestión tanto en nuestro país como en Italia, donde no existe esa normativa, la eutanasia no es legal y los jueces van sentenciando puntualmente los casos de suicidio asistido, creando jurisprudencia.

Las otras dos decisiones tienen que ver con sendos indultos, uno de ellos relacionado con una mujer que se rebeló contra la violencia de género, y otro con un crimen por piedad. Ahora bien, que nadie espere una obra de cine social al uso. Ni una película política de trinchera. Sorrentino es, en el fondo, un filósofo de la cotidianidad, y en la forma, un artista de la insolencia. Y aquí la presencia del rap y la electrónica podría ser el paradigma de lo que el director ya había armado musical y visualmente con otros dos gobernantes (aquellos sí, reales): Giulio Andreotti y Silvio Berlusconi. Los tres interpretados por el mayúsculo Toni Servillo, un prodigio de tempo, gesto, temple, hondura, elegancia y comicidad. Y al que esta vez acompañan un grupo de maravillosos secundarios.


Como suele ocurrir en la obra del director napolitano, de 55 años, hay frases para enmarcar. Pero la calidad y la sorpresa de sus réplicas y contrarréplicas van esta vez encuadradas en una película que, aunque sea puro Sorrentino, es menos barroca, más concreta e íntima. Quizá por la moderación que impone su personaje protagonista.

La decadencia, la soledad y la relevancia de la memoria, temas habituales en la filmografía de Sorrentino, aparecen una vez más, pero ahora son el conocimiento, la templanza, el perdón y la duda las cuestiones centrales de una película estimulante que se mete muy adentro. Y las claves para resolver la gran pregunta: “¿A quién pertenecen nuestros días?”.


Otras Críticas


II)

"Amarga Navidad" de Pedro Almodóvar


Los espectadores podemos sin duda tener diferentes sensaciones ante la presencia de una obra artística. A unos puede gustarle y a otros no. Y hay que reconocer humildemente que la opinión que cada uno tenga, puede ser equivocada. Pero así es la apreciación de una obra del séptimo arte.

Como espectador cinéfilo medio esperaba con interés la nueva película de Almodóvar titulada Amarga Navidad. Este director a través de décadas nos ha aportado obras, algunas muy buenas y otras menos pero ha sido además a través de sus guiones e imágenes un espejo de la sociedad cambiante como ha sido la nuestra en los últimos años. 


Pedro Almodóvar ha regresado a las carteleras con Amarga Navidad, una película que, bajo el barniz de su inconfundible cromatismo de rojos, azules y verdes, esconde una de las más pobres de sus obras. En la temática de la película nos introduce a Elsa (Bárbara Lennie), una directora de publicidad que, tras la muerte de su madre, huye del duelo sumergiéndose en una espiral de adicción al trabajo que desemboca en severos ataques de pánico. Lo que sobre el papel prometía ser una dolorosa inmersión en la pérdida, la amistad (con su huida a Lanzarote junto al personaje de Patricia) y la salvación sentimental a cargo de Bonifacio (Patrick Criado), se revela rápidamente como un ejercicio de trama cinematográfica aburrida, que no llega al interés o a los sentimientos del espectador.


La película quizás tiene su origen en una ambición meta narrativa pero mal ejecutada. Almodóvar divide el relato en dos partes desequilibradas: por un lado, Raúl (Leonardo Sbaraglia), el "álter ego" del director que se sirve de su entorno para escribir un nuevo guion; por otro, la propia ficción de ese guion, protagonizada por Elsa. Este laberinto de espejos no es un alarde de ingenio intelectual, y no sostiene el largometraje. Al multiplicar las capas de ficción, como unas muñecas matrioshka rusas, la película diluye cualquier atisbo de verdad emocional, con un guion y unos diálogos simplones vacíos casi en monosílabos que recuerdan a melodramas televisivos venezolanos.


Despojada de sustancia, la película se aferra desesperadamente a su estética. Es innegable que la dirección artística es muy buena, pero aquí funciona como el lujoso envoltorio de un regalo inexistente. Amarga Navidad se resume en dos horas de gente extraordinariamente guapa, bien vestida, postmoderna, muchas de ellas millennials con buenos ingresos económicos sufriendo en escenarios bellísimos decorados con muebles de colores de altísima gama. Atrás quedaron los tiempos en los que Almodóvar buscaba sets inéditos que creaban tendencia o retrataba conflictos que escocían y excitaban; o cuando a través de su buen hacer en comedia, nos retrataba a la sociedad española de su tiempo. El dolor que se muestra es vulgar, lejano, como un sufrimiento anestesiado a base de benzodiacepinas.

El guion y los diálogos están compuestos por frases cortas que transmiten emociones básicas, envueltas constantemente en música de cuerda para forzar un dramatismo que el texto es incapaz de ganarse por sí solo. Se nos presenta un ecosistema de seres vacíos y alejados de cualquier realidad tangible, personajes que aparecen y desaparecen sin lógica en un conjunto de historias inconexas. El director intenta justificar este caos narrativo como un reflejo intrínseco del tormentoso proceso creativo, una excusa perezosa para no corregir los flagrantes problemas de base de una narración artificial donde todos los conflictos se aplanan en la intrascendencia. Quizás solo en los últimos minutos de la película se plantea el problema de la creación, de la autoficción y sus límites. A pesar de todo esto debo decir que la interpretación de los actores y actrices es correcta y una brevísima intervención de canto de Amaia Romero es bellísima. Pero volvamos al tema central de la película.


Ya en una anterior obra ( Dolor y Gloria), el director manchego inició una análisis de su vida y de su forma de llevar adelante aspectos de su trabajo, pero en  Amarga Navidad no hay ni rastro de la sinceridad crepuscular que caracterizó a ese filme antes mencionado. Almodóvar sigue teniendo una voz propia inconfundible, pero en esta película creo que no ha acertado en conseguir transmitir al espectador las dudas y límites de la creación artística y ni siquiera ha rozado el entretenimiento placentero ni movilizado la conciencia analítica del espectador.

En definitiva, Amarga Navidad creo que es un intento fallido del director de contarnos las dudas que a veces entraña el proceso creativo, sobre todo cuando se tocan temas personales de gente conocida o del propio entorno del creador.

Almodóvar tiene como cualquier artista, obras mejores y otras peores, por lo tanto quedaremos a la espera de un nuevo filme donde recupere sus extraordinarias y talentosas cualidades de cineasta que en esta película no han sido evidentes.


He redactado este texto sin mucha reflexión tras ver ayer la película y teniendo como base una crítica que leí en la red firmada por un desconocido. Aún así espero que te sea de utilidad. JP


Tráiler de Amarga Navidad

https://youtu.be/SNbVMk-nLu4

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