¿Palabras poderosas o bombas racimo?. S. Abrebanel
¿Palabras poderosas o bombas racimo?
Sofía Abrebanel
En ocasiones y mucho más en nuestro presente nos cuesta dilucidar si una palabra poderosa usada con villanía puede ser o no, más destructiva que las bombas racimo.
Las palabras o vocablos en política son usadas a veces para desviar la atención, evitar la crítica fundamentada y de valores y también para conseguir adeptos a los que previamente se ha preparado emocionalmente para después lograr sus apoyos inquebrantables por la vía del apasionamiento, el miedo o la actitud grupal frente a un supuesto enemigo.
Diferentes palabras como comunista, fascista, racista, genocida, etcétera, llevan en sí misma una carga acompañada de sentimientos creados y estimulados a través del tiempo, por la propaganda, o por la información parcial o sesgada en muchos casos. En otras circunstancias, estos calificativos están claramente justificados por la constatación histórica imparcial.
Sentir un insulto injusto provoca una respuesta emocional intensa y compleja, a menudo descrita como una "herida de injusticia". Esta experiencia puede desencadenar una variedad de emociones negativas y reacciones psicológicas como la ira, la frustración y la rabia. Son las respuestas inmediatas más comunes al percibir que el trato recibido es inmerecido. También puede haber tristeza y desesperanza.
Para mí en los tiempos que vivimos ha sido muy significativo el uso del vocablo antisemita. Lo he vivido, sintiendo desazón la inmensa mayoría de las veces, cuando se acusaba a alguien con quién yo coincidía en determinados análisis, como un insulto y una mentira intencionada y me ha producido en ocasiones las respuestas emocionales antes mencionadas.
Con ello, no quiero decir que en el mundo no hay antisemitas, como tampoco puedo decir que no hay racistas, clasistas o totalitarios etcétera, pero en este momento histórico, se está empleando la acusación de antisemita como una cortina de humo casi siempre falsa y preparada para tapar las matanzas y arbitrariedades de los más poderosos.
El uso de palabras y vocablos con intencionalidad ideológica o política, a menudo denominado lenguaje político, es una herramienta estratégica utilizada para moldear la percepción de la realidad, persuadir a un grupo o pueblo determinado y deslegitimar así al supuesto adversario o enemigo.
Este tipo de lenguaje no se limita a describir hechos, sino que busca construir una narrativa específica, cargada de valores emotivos y afectivos para influir en los sentimientos y evitar el pensamiento analítico del receptor. Primero se prepara el terreno con esas connotaciones y después cuando se recibe la critica se responde con un término asentado en las emociones preparadas previamente y se consigue así desviar el análisis sobre un accionar concreto, desplazándolo hacia otra cuestión en la que se conoce anticipadamente que tiene una aceptación y consenso.
Estos son disfemismos o términos usados para desprestigiar o denigrar conceptos o personas vinculadas al oponente. Un claro ejemplo es que ante una crítica al gobierno de Netanyahu, se acuse con ligereza a quién la realiza de antisemita.
Dentro de la estrategia de individuos como Netanyahu o Trump está la utilización del framing (encuadre) que es una proceso que selecciona y resalta ciertos aspectos de la realidad para promover una interpretación, evaluación moral o solución específica, minimizando otros puntos de vista, sobre todos los que son críticos con su proceder.
Como decía antes, el disfemismo es una figura retórica y uso lingüístico que consiste en utilizar una expresión deliberadamente peyorativa, despectiva o degradante para describir a una persona, objeto o situación, en lugar de utilizar un término neutro, correcto o incluso un eufemismo.
Cuando se acusa a alguien de antisemita, en el sentido amplio del término, se hace referencia a la discriminación, hostilidad, prejuicio y odio hacia los judíos, basada en una combinación de prejuicios de tipo religioso, racial, cultural y étnico. En sentido restringido, el antisemitismo es una forma específica de racismo y discriminación, pues se refiere a la hostilidad hacia los judíos, definidos equivocadamente como una “raza”.
Los judíos no son una raza biológica, ya que existen judíos de todas las “razas” y orígenes étnicos (africanos, asiáticos, europeos, etc.). Muchos judíos comparten ancestros comunes, historia, tradiciones, idiomas y costumbres, independientemente de si practican o no la religión. De hecho, se puede ser judío étnico-cultural sin ser religioso. De los más de 17 millones de judíos que al parecer hay en el mundo, menos de la mitad viven en Israel. Sin embargo cualquier discrepancia sobre la política desarrollada por ese país se suele transmitir de forma interesada como una política antisemita. Esto pareciera un grave error. Pero no es solo un error fortuito sino que detrás de ello hay una interés de determinados grupos que eso se vea así. En estos tiempos, manifestaciones contra Netanyahu y su gobierno o contra las acciones de Israel en Palestina son "tipificadas" intencionalmente como antisemitas. Y eso es totalmente falso la inmensa mayoría de las veces.
Pues entonces, ¿cómo poder definir el antisemitismo?.
El antisemitismo puede manifestarse de muchas formas: como odio o discriminación individual, ataques de grupos organizados con dicho propósito o, incluso, mediante la violencia policial o estatal contra colectivos por el hecho de ser judíos.
Como se ha señalado en multitud de ocasiones, «el antisemitismo es el problema y preocupación de todos los demócratas, de todos los humanistas, por lo que no es solo un problema de los judíos. Y lo mismo ocurre respecto de todas las demás formas de racismo o de discriminación»
La Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA por sus siglas en inglés) reúne a Gobiernos y expertos a fin de reforzar, impulsar y promover la educación, la memoria y la investigación en todo el mundo sobre el Holocausto, así como de mantener los compromisos de la Declaración de Estocolmo de 2000.
La Declaración de Estocolmo del año 2000 que surgió del Foro Internacional de Estocolmo sobre el Holocausto comprometiendo a los países firmantes a educar, investigar y conmemorar la Shoá. El documento enfatiza la responsabilidad de recordar la magnitud del genocidio y combatir el racismo.
El 26 de mayo de 2016, los 31 países miembros de la IHRA adoptaron la definición práctica, jurídicamente no vinculante, de «antisemitismo» :
"El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”.
Insiste la IHRA, sin embargo, que las críticas contra Israel, similares a las dirigidas contra cualquier otro país, no pueden considerarse antisemitismo. Y por supuesto mucho menos las críticas a un líder político como Netanyahu.
A pesar de que el populista de extrema derecha Milei agradezca al “Creador” por haber facilitado líderes como Trump y Netanyahu, estoy rotundamente en desacuerdo ya que es como la mayoría de las expresiones de este individuo, una absoluta estupidez que refleja un pensamiento paupérrimo y ridículo.
Personalmente discrepo de muchas de las acciones políticas realizadas en los últimos años por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno Español, pero estoy totalmente segura que a pesar de sus diferencias profundas con el primer ministro israelí, Sánchez no es en absoluto antisemita. Pero Netanyahu con su importante grupo “publicitario” intenta dentro de Israel y a nivel internacional crear el relato de que Sánchez es antisemita. Tampoco es que tenga con el presidente español una cuestión especial, ya que extiende este calificativo a todos los que critican y han denunciado a su gobierno de incumplir todos los acuerdos internacionales que salvaguardaban el derecho internacional y el derecho humanitario y más aún está pendiente en los tribunales de justicia internacional si su conducta ha sido o no genocida.
Yo, creo entender profundamente lo que sienten desde hace años los israelitas que están amenazados por la mayoría de los países vecinos y me solidarizo con ellos; también lo que sienten ante el gran fallo de seguridad de Netanyahu, que facilitó la atroz, terrorista y criminal acción de Hamás en octubre del 2023. Pero lo que ocurrió posteriormente no solo en Gaza sino también en Cisjordania y ahora en el Líbano, que se plasmó en un sádico e inhumano ataque a la población civil de esos territorios, me parece inadmisible, intolerable y que seguramente sería rechazada también por la mayoría de los judíos que sufrieron el Holocausto. Trump y Netanyahu son hoy en día los destructores de la paz, del sistema democrático, del estado de derecho y de todas las leyes que la sociedad internacional había elaborado para disminuir, evitar o mitigar la violencia entre las naciones y los pueblos.
En lo particular soy una persona que jamás ha tenido un sentimiento antisemita. Más aún tengo entre mis mejores amigos y amigas a muchos judíos, me he sentido muy solidaria y empatizo con todos los judíos que a lo largo de la historia han sufrido diferentes grados de persecuciones, amé a una persona judía que sigue siendo muy importante en mi vida, admiro el amor que gran parte de este pueblo tiene por el arte, la cultura y por la ciencia pero no puedo soportar la barbarie que realiza actualmente el gobierno israelí y que desgraciadamente con el tiempo, se tornará en contra de esa sociedad que ahora se puede sentir poderosa y triunfante, sobre todo al ser apoyada por el “vaquero” estadounidense que también se ha dispuesto a conseguir un regreso del mundo a un estado violento, injusto y que solo favorecerá a una minoría plutocrática antidemocrática, clasista y elitista.
No acepto, ni tolero que por oponerme tenazmente a la barbarie netanyahunesca se me pueda acusar de antisemita. Más aún creo que el mayor impulsor del antisemitismo en la actualidad son el primer ministro de Israel con sus ministros. Probablemente, y me gustaría equivocarme, pero pienso que la conducta de estos dirigentes israelíes a medio o largo plazo incrementarán los peligros y amenazas hacia el pueblo hebreo.
Ojalá vuelva la sensatez al mundo y todos los dirigentes y líderes belicistas desaparezcan de la escena política y permitan a sus ciudadanías y a la de sus vecinos vivir en paz. Sé que no es nada fácil pero hay que trabajar por la paz, el consenso, los acuerdos y la mirada también en el interés y necesidades del otro. A los terroristas no se les vence masacrando al pueblo del que son originarios, lo cual ya ha sido demostrado a lo largo de la historia numerosas veces. Si se procede así, solo se construirá una historia continua y repetitiva de violencia y venganza interminable a través del tiempo.
Me daría por satisfecha, que cuando escuches lector la acusación de antisemita, antes de darla por buena, reflexiones, analices y valores las circunstancias por la que alguien ha empleado este vocablo insultando hacia los que discrepan de él.



Comentarios
Publicar un comentario