Arte. Cine. Cultura
En esta entrada comentamos dos aspectos del arte. Por un lado la nueva película de Woody Allen y en segundo lugar la exposición de Calder-Picasso.
I) Woody Allen estrena su nueva película
DÍA DE LLUVIA EN NUEVA YORK
Hace unos días vi la
última película de Woody Allen “Día de
lluvia en Nueva York”.
Como siempre y desde los años 70 esperaba la nueva
obra con que este cineasta nos iba a ofrecer casi con una periodicidad anual.
En cierto modo el cine de este autor ha ido evolucionando casi al mismo tiempo
que mi edad cronológica. En su producción siempre hemos encontrado las problemáticas de un sector social a
menudo culto, capas medias y en crisis y donde el amor, el desamor, los
desengaños y las infidelidades al igual que los problemas morales y el miedo a
la muerte y a la infelicidad han estado
presentes pero vistos con ironía, comicidad y en el marco de la comedia o del
drama.
Esta no es una de sus películas mayores como
Interiores, Delitos y Faltas, Hanna y sus hermanas, entre otras, sino es una
obra menor pero como siempre es su cine, muy placentero, entretenido y que hace
pasar al espectador unos momentos muy agradables en la sala y sobre todo, días
después, uno recuerda escenas y diálogos de la película lo que hace que
valoremos aún más a posteriori esta obra.
La fotografía es muy buena, la música y el guión
también. La interpretación de los actores es correcta aunque destaca sobre los demás Elle Fanning. Allen una vez más nos
enseña un Nueva York especial, bonito y entrañable. Personalmente lo único que
me decepcionó en el guión es la escena donde la madre del protagonista cuenta
su vida anterior. Me pareció una escena prescindible y que rompe con el
lenguaje sostenido en toda la película.
Creo que
merece la pena pasar un buen rato en el cine viendo esta película. Los estadounidenses no podrán verla ya que en
ese país la productora (Amazon) ha bloqueado su exhibición por hacerse ecos de
corrientes contrarias al autor por una acusación que aunque salió en los
tribunales absuelto, persiste en algunos sectores radicalizados u oportunistas. J.P
A continuación resumo un comentario del crítico de
cine de El País, Carlos Boyero.
“Ni su provecta edad, ni el acorralamiento de la
opinión pública (aunque la justicia le haya declarado inocente) al que le han
sometido inmisericordemente los de siempre, esas inquisiciones ancestrales y
grimosas, ni el boicot en Estados Unidos a su cine, su autobiografía y a una
serie de televisión, han logrado anular la imaginación de Woody Allen para
inventar historias que llevan el sello de su prodigioso cerebro, construir
situaciones, personajes y diálogos insólitos, que suponen un regalo para los receptores,
provocar la sonrisa, la risa y el sentimiento. Hacer películas imagino que le
supone un inmejorable refugio ante la tormenta, y en los últimos años esta se
ha ensañado con él. Y su cine también nos ofrece protección a sus espectadores
incurablemente fieles, con la frecuente sensación del gozo, de que el tiempo
vuela cuando este director está inspirado. Y pocas veces le abandona el estado
de gracia. Y es muy raro que desfallezca, que te aburra, que no salgas
confortado de la sala, que no te identifiques con las sensaciones que retrata.
A Woody Allen le gusta Nueva York en todas sus
estaciones, pero reconozcamos que la lluvia, tan incómoda y triste para los
espíritus prosaicos, es una buena aliada de la poesía. El título que más me
fascina de la historia del cine, el que más me intriga y conmueve es The Rain
People, que firmó Coppola. O sea: “Gente de lluvia”. Y, cómo no, que alguien
como Allen titule su última obra Día de lluvia en Nueva York augura algo muy
bonito, con olor a melancolía, a equívocos, a encuentros inesperados, a
sorpresas. Y lo es. Creo que no he soltado ninguna carcajada, pero la sonrisa
no me desaparece durante hora y media. Tampoco un bienestar duradero al salir
del cine y al recordarla”.
Os transcribo de Filmaffinity la ficha de la
película y diferentes comentarios de varias revistas y periódicos sobre el
filme. Antes el trailer de la película. (Pinchar enlace)
Día de lluvia en Nueva York
Título original
A Rainy Day in New York
Año 2019
Duración 92 min.
País: Estados Unidos
Dirección
Woody Allen. Guion Woody Allen
Fotografía Vittorio Storaro
Reparto
Sinopsis
Gatsby Welles (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle
Fanning) son una joven pareja enamorada de universitarios que se dispone a
pasar un fin de semana en la ciudad de Nueva York. Ella va a entrevistar al
reconocido cineasta Roland Pollard (Liev Schreiber), que pasa por un momento de
crisis creativa, y durante su azarosa aventura conocerá al cautivador actor
Francisco Vega (Diego Luna). Por su parte, Gatsby también conocerá a una joven,
Chan (Selena Gómez), que le ayudará a poner en orden sus sentimientos. El
lluvioso fin de semana estará plagado de encuentros, desencuentros y equívocos.
(FILMAFFINITY)
Estreno en España: 11 de octubre 2019.
Estreno en España: 11 de octubre 2019.
Críticas
Miguel Ángel Palomo: FilmAffinity
Carlos Boyero: Diario El País
Luis Martínez: Diario El Mundo
Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC
Nando Salvá: Diario El Periódico
Javier Zurro: El Español
Alejandro Alegré: El Confidencial
II) Arte: Exposición Calder-Picasso en Museo Picasso de Málaga
Os recomiendo visitar la exposición temporal de A. Calder en el Museo Picasso de Málaga. El uso de las audioguías o las visitas guiadas hacen más rica y profunda la valoración de esta muestra. Se ha planteado a través de contraponer las similitudes y diferencias con la obra de Picasso de las mismas épocas que compartieron. Las esculturas, el uso de la luz y del movimiento y la exploración del vacío nos lleva a apreciar otra forma de expresión del arte.
24 Sep. 2019 a 2 Feb. 2020. Museo Picasso de Málaga
Calder-Picasso es la primera muestra en España dedicada a explorar los vínculos creativos entre dos de los maestros más innovadores del siglo XX: el norteamericano Alexander Calder (1898—1976) y el malagueño Pablo Picasso (1881—1973).
Con más de 100 obras de arte, la exposición se centra en una conexión clave y específica entre Calder y Picasso: su exploración del vacío, o la ausencia de espacio, que ambos artistas definieron desde la figura hasta la abstracción.
Alexander Calder y Pablo Picasso —dos de las figuras más influyentes en el arte del siglo XX— desarrollaron formas totalmente nuevas de percibir los grandes temas. El diálogo entre ambos artistas ofrece infinidad de posibilidades y una conexión clave entre ellos puede encontrarse específicamente en la exploración del vacío, o ausencia de espacio, que ambos artistas abordaron en sus obras, partiendo de la figura y llegando hasta la abstracción.
Tanto Picasso como Calder nacieron a finales del siglo XIX y sus respectivos padres eran artistas de formación clásica. Ambos dejaron sus países de origen y se marcharon a trabajar a Francia, donde se reinventaron constantemente, destruyendo sus propios precedentes y los de otros artistas, y renovando el arte de su tiempo, así como nuestra manera de percibirlo. Si bien hay ciertos paralelismos y sinergias en el trabajo de estos dos iconos de la modernidad, nunca llegaron a compartir sus ideas artísticas, más allá de un interés compartido en entretenimientos populares como el circo.
Sus encuentros personales fueron también escasos. Se conocieron en 1931, cuando Calder presentó su primera exposición de esculturas no objetivas en la Galerie Percier de París; Picasso llegó antes de la inauguración para presentarse a Calder y dedicar algún tiempo a contemplar sus nuevas y radicales obras. Sus caminos se cruzaron de nuevo en julio de 1937, en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París, donde la Mercury Fountain de Calder se instaló frente al Guernica de Picasso. Calder fue el único artista no español incluido en este pabellón, gracias a su amistad con el arquitecto del mismo, Josep Lluís Sert. Tanto Pablo Picasso como Alexander Calder se convirtieron en celebridades y referentes de su generación: el Museum of Modern Art de Nueva York ofreció una retrospectiva de Picasso en 1940, y una de Calder en 1943. Sus obras también fueron expuestas en la Bienal de São Paulo en 1953, y ambos artistas realizaron obras por encargo de la UNESCO en 1958.

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