Historia de la Ciencia. Entrega nº25. 2ª parte. F.Soriguer

 

HISTORIAS DE LA CIENCIA CON MORALEJA

 

ENTREGA Nº 25 (2ª parte)

Los científicos no quieren a las humanidades. Una historia local (2ª parte) 

Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias 


                                                                            Ciencias y humanidades

Capítulos ya publicados 

1. El precio de la ignorancia. Marcel Proust y compañía. (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/01/historias-de-la-ciencia-con-moraleja-i.html) 

2. La guerra de los huesos. 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/la-guerra-de-los-huesos-f-soriguer.html?m=1) 

3. Koch, Ferrán y Cajal. Un cruce de historias (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/koch-ferran-y-cajal-un-cruce-de.html) 

4. Una factoría de genios 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/una-factoria-de-genios-f-soriguer_7.html%.) 

5. Cajal, Río Hortega y los “Fake News .

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/cajal-rio-hortega-y-las-fake-newsv-f.html) 

6. No es la raza, imbécil. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/no-es-la-raza-imbecil-vi-f-soriguer.html) 

7. Lombroso.

 (https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/lombroso-vii-historias-de-la-ciencia.html) 

8. Pero, ¿existe tal cosa como el método científico? 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/historias-de-la-ciencia-octava-entrega.html) 

9. El caso Lysenko: Ciencia burguesa frente a ciencia proletaria 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/05/historias-de-la-ciencia-lysenko-9.html) 

10. TUSKEGEE 

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/06/historias-de-la-ciencia10- entrega.html 

11. (Primera parte) Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables (PIMERA PARTE). 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/07/historias-de-la-ciencia-kropotkin-f.html) 

12. (Segunda parte). Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/08/historias-de-la-ciencia-11-entrega-2.html) 

13. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Primera parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-1.html

14. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Segunda parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-2.html

15. Fidel Pagés. El descubrimiento de la epidural.  Divinum opus sedare dolorem es. https://joaquinperal.blogspot.com/2025/10/el-descubrimiento-de-la-epidural.html

16 Creadores contra científicos. Por una tilde, ¡que no haría yo por una tilde!

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/11/historias-de-la-ciencia-entrega-n-16-f.html

17.  Egas Moniz y la psicocirugía

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/12/historia-de-la-ciencia-con-moraleja-17.html

18. Dr. Placebo

https://joaquinperal.blogspot.com/search?updated-max=2026-01-20T07:06:00-08:00&max-results=11&m=1

19. Madame Curie y la primera guerra mundial), (autora:Drª Maricruz Almaraz.. https://joaquinperal.blogspot.com/2026/02/historias-de-la-ciencia-madame-curie-y.html

20.  Gabriela Morreale y las Hurdes

https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-gabriela.html

21. Semmelweis 

https://joaquinperal.blogspot.com/2026/03/historias-de-la-ciencia-semmelweis-f.html

22. El viaje de la Reina. 

https://joaquinperal.blogspot.com/2026/04/historias-de-la-ciencia-entrega-n-21-f.html

23. Nombres con fecha (Una referencia al libro con este título del profesor Antonio Campos). https://joaquinperal.blogspot.com/2026/05/historias-de-la-ciencia-entrega-n-23-f.html

24. Los científicos no quieren a las humanidades. Una historia local (1ª parte) 


                                                            ***

 

 

ENTREGA Nº 25. Los científicos no quieren a las humanidades. Una historia local (2ª parte)



Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias 


En la primera parte de esta entrega hemos contado la historia de un fracaso. En el año 2014, ya como director científico del IBIMA (Instituto de Investigación Biomédica de Málaga), junto a la doctora María Isabel Lucena como vicedirectora intentamos, sin éxito, incluir en la estructura académica del Instituto un grupo de humanidades, vinculado a la dirección científica de IBIMA y no acreditable. Había pasado más de medio siglo  desde que de C. P. Snow, pronunciara su célebre conferencia (en 1959) donde defendía la tesis de  que la ruptura de comunicación entre las ciencias y las humanidades, y como la falta de interdisciplinariedad era uno de los principales inconvenientes para la resolución de los problemas mundiales. Hoy, seguimos prácticamente igual y en esta segunda parte, comentaremos la obligada moraleja que acompaña a todas las historias incluidas en esta serie. En ese país, al menos a partir de la Ilustración, las relaciones de España con la ciencia han sido controvertidas y a su análisis se ha dedicado lo mejor del pensamiento español. 

 En el año 2020, el periódico “La Vanguardia” entrevista a   seis prestigiosos historiadores[1], que con sus respuestas resumen muy bien el estado de la cuestión.  Describir cada una de sus opiniones sería excesivo para los objetivos de este capítulo, así que recomiendo que los lean.  En todo caso, todos advierten que hay que evitar esa visión destructiva de considerar a la historia de España una excepción, como ese páramo científico que algunos pregonan, pero, al mismo tiempo, recuerdan cómo una y otra vez se han visto truncados muchos de los intentos de normalización de la Ilustración (y del desarrollo de la ciencia). El último de ellos la guerra civil del 36 y la dictadura que dieron al traste con lo que se ha llamado la “edad de plata de la ciencia española” del primer tercio del siglo XX. Aunque durante la larga dictadura franquista hubo científicos destacados, (ya presentado en algún capítulo de esta serie), la ciencia no fue una de las preocupaciones del franquismo. 

Tampoco la democracia se dio mucha prisa en la reforma científica del país. Había otras prioridades, pero a uno no se le ocurren las razones de por qué no se podían compatibilizar con una política científica que acelerase la convergencia con Europa.  No debe ser fácil remontar una incuria cultural y solo es posible explicar la indolencia de las clases dirigentes y de la propia sociedad española ante la ciencia, ya durante la democracia, echando mano del peso de la historia. Lo que no ayuda mucho. Hemos comentado arriba que, ya durante la democracia, las reformas han sido muy lentas. Pero las inversiones en ciencia (económicas y culturales) no se pueden desvincular del resto de las propuestas e inversiones que se hacen en el país. La ciencia no es un mundo aparte.  La investigación en salud, (que puede representar hasta el 50 % de la investigación de un país), es un buen ejemplo de cómo su evolución no se puede desligar del resto de las reformas sanitarias. Durante la dictadura, el carácter puramente asistencial del Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), dejó al margen la docencia y la investigación. Hasta la creación del FIS (Fondo de Investigación Sanitaria), la manera de adjudicar los recursos (escasos) a la (escasa) investigación que se hacía era controvertida, solo un oscuro capítulo desde el que se habían fomentado algunas situaciones de privilegio. 

La creación del FIS permitió, entre otras cosas, precisamente, imprimir claridad y una mayor eficacia a la actuación en este campo.  Al promulgarse la Ley General de Sanidad (LGS) de 1986 se consolidaron las actividades de investigación dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS) y se reforzaron las atribuciones y los recursos del FIS. Fondo que ha experimentado distintas modificaciones en su organización, pero que mantuvo sus objetivos en la ayuda y estímulo a la investigación y a la formación de investigadores en el SNS. Otro organismo creado por la LGS es el Instituto de Salud  Carlos III (ISCIII) , desarrollado por el Real Decreto de enero del 1988, destinado a la promoción y desarrollo de la investigación sanitaria y que ha experimentado a lo largo de su historia distintos reajustes de tipo administrativo. 

La gran renovación del FIS se produce durante el primer gobierno de Felipe González siendo director científico del mismo José Ramón Ricoy. Se revitalizan las Comisiones de Investigación, se crean las Unidades de Investigación y a nivel nacional las redes de grupos de investigación (RETIC) consolidando institucionalmente, por primera vez, la investigación científica en los centros sanitarios, al mismo tiempo que se fomenta la formación en epidemiología clínica como el instrumento lógico que permitirá a la clínica adquirir. sin reservas. el estatuto de científica. Posteriormente el gobierno de José María Aznar creó las Fundaciones que, diseñadas inicialmente para gestionar todos los hospitales,  quedaron reducidas a la gestión de la investigación. En este periodo se transforman las redes en CIBER (Centros de Investigación en Red), sacando en 2004 la primera convocatoria de Institutos de Investigación, que es la que permitió, aunque con retraso, que en 2010 comenzase su andadura el Instituto de Investigación de Málaga (IBIMA) con la que hemos comenzado esta historia. 

No hay aquí espacio para profundizar en más detalles sobre la historia de la  investigación biomédica en España, y en otro lugar nos hemos ocupado de ello[2]. Baste decir que a lo largo de estos años el presupuesto de ciencia ha aumentado discretamente año tras año hasta la crisis de 2008 y que la producción científica nacional lo ha hecho muy por encima de la inversión[3], demostrando que en ese país había hambre de investigación, pues ha bastado que las estructuras de gestión mejoraran y que el presupuesto de ciencia  incrementara ligeramente para que la producción científica se disparase, aunque aún se esté lejos de lo que nos correspondería respecto a otros países europeos.  

En todo caso, hecho este rápido recordatorio, volvemos a la historia de hoy, que, en nuestra opinión, es un síntoma de ese algo que nos cuesta definir y que debiera explicar las dificultades que este país tiene para normalizar la política científica y el cultivo de la ciencia. Porque hoy hay pocas dudas de que la ciencia es parte de la cultura y uno de los mayores agentes de la cultura moderna.


            Como es bien conocido, la ciencia nació en el marco de la cultura occidental, asumiendo muchos de sus valores, creencias y convenciones sociales. Y uno de estos valores es el del halo de neutralidad y el marchamo de objetividad, propios de la racionalidad y el empirismo, de la cultura en la que florece. Pero los años no han pasado en balde y aunque esta pretensión sigue siendo parte del gran acervo cultural de la ciencia, hoy hay pocas dudas de que la ciencia, sus proyectos, sus resultados y el uso de los mismos no pueden entenderse sin recurrir a los factores sociales, es decir, que no existe un conocimiento científico vinculado exclusivamente al razonamiento puro libre de contaminación social o emocional.  

           Hoy ya sabemos, también, que la ciencia misma influye en la cultura, que la ciencia al ser uno de los más importantes agentes culturales, establece una interacción con la   sociedad, como es propio de cualquier sistema humano. La cuestión no es si la ciencia es o no cultura y si la cultura condiciona e influye en la ciencia. Lo urgente es trabajar por la integración ente las dos culturas, mejorando la comunicación de la ciencia con la sociedad y contribuir a  la alfabetización científica de toda la ciudadanía[4]. Y este era, precisamente, el objetivo frustrado cuando diseñamos en 2010, la vinculación de un grupo de humanidades al Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA). 

                      En su libro “El gran diseño”, escrito junto a Leonard Mlodinov, Stephen Hawking sentenciaba: “La Filosofía está muerta”.  Es esta también la tesis de autores como John Brockman, fundador de Fundación Edge [5] y editor de Edge, una célebre página web donde los pensadores más destacados, líderes de lo que él llama «Tercera Cultura», analizan la ciencia más vanguardista. Brockman es autor y editor de varios libros, entre ellos: “La tercera cultura” (1995), que da también nombre a un movimiento. En palabras de Brockman: “la tercera cultura reúne a aquellos científicos y pensadores empíricos que, a través de su obra y su producción literaria, están ocupando el lugar del intelectual clásico a la hora de poner de manifiesto el sentido más profundo de nuestra vida, replanteándose quiénes y qué somos”. Puesto que, pese a la polémica generada por Snow, las dos culturas siguen sin comunicarse, los científicos han pasado a hacerlo directamente con el gran público y han prescindido de los humanistas, sugiere Brockman. 

Esta parece ser también la posición de los agencias de calidad y acreditación de nuestro país, de los gestores de ciencia y de muchos de sus científicos, aunque me temo que, probablemente,  no conozcan la mayoría a Brockman ni consulten la influyente página de  Edge.  Porque lo que los gestores, políticos de ciencia y muchos líderes científicos de nuestro país parecen querer es ¡producir, producir, producir¡, como sea, para satisfacer esa agonía competitiva que nos debería sacar del barbecho científico y colocarnos a la altura de nuestros merecimientos. Y todo lo que se oponga a este objetivo debe ser apartado del camino. 

Otros, por el contrario, entre los que  me encuentro, creemos  que hay que  ir sentando las bases de una cultura científica, que, ahora ya no puede ser la cultura científica que nació con la Ilustración, que terminó separando las ciencias de las humanidades, sino de esta otra que algunos llaman cultura de la interdisciplinaridad o cultura 3.0, capaz de generar una ciencia crítica consciente de las necesidades del entorno, o la propuesta de una Science Matters integradora y conciliadora, capaz de sugerir  nuevas hipótesis, de analizar descubrimientos desde perspectivas diferentes y de conseguir una mayor profundidad de campo que evitaría cometer errores, en algunos casos, irreversibles, como ha ocurrido con los efectos adversos de la energía atómica, la revolución agrícola, o el cambio climático, hijos no deseados de la revolución científica heredera de  la ilustración. O, en fin, como ha propuesto Wilson EO, el padre de la sociobiología, una   tercera ilustración, que al contrario que Brockman o Hawking, está empeñada en el reencuentro entre la filosofía y la ciencia, entre las humanidades y la tecno ciencia, como la única manera de encontrar nuevas respuestas a las grandes preguntas y a los grandes retos de nuestro  tiempo. 

El siglo XXI es el siglo de la ciencia y de la tecnología y  también está siendo del declive de las humanidades (o al menos así lo perciben muchos[6]). También del despertar  de las religiones.[7],[8] Algunos científicos y muchos tecnólogos (y teólogos) es posible que se sientan ufanos de ello, olvidando la deuda que la ciencia a lo largo de su historia tiene contraída con las humanidades. Uno de los motivos de este distanciamiento es la escasa atención prestada por las humanidades a la ciencia a lo largo de todo el siglo XX.  Afortunadamente las cosas están cambiando. La filosofía, cada vez más, mira a la ciencia y el desarrollo de una rama (incluso académica) de filosofía de la ciencia es un ejemplo de ello. Pero también está ocurriendo, por ejemplo, en la sociología (de la ciencia y de la técnica) e incluso en el arte mismo a través del interés que han despertado las tecnologías en el quehacer artístico. 

Queda un largo camino por andar (o por desandar si consideramos los desencuentros habidos).  Históricamente los grandes objetivos de las humanidades han sido la naturaleza humana, la identidad, la libertad, las relaciones personales y sociales, pero también la transcendencia, los límites de lo humano, la muerte, asuntos todos ellos que son ya motivo de estudio por la ciencia. Como muy bien han visto filósofos como Jesús Mosterin, Antonio Diéguez, Adela Cortina. Daniel Dennet, Denis Dutton, Diego Gracia, Laín Entralgo, Ortega y muchos otros, los descubrimientos científicos necesitan ser pensados por la filosofía. El próximo paso debe ser que las grandes preguntas, esas que las humanidades se han hecho una y otra vez sin encontrar respuesta, sean, de nuevo abordadas, pero ahora conjuntamente. 

 Para la filosofía es un reto repensar el mundo a partir de toda la ingente información de la ciencia y muy especialmente de los hallazgos sobre el origen del hombre y la teoría de la evolución. Para la ciencia es imprescindible dejarse permear por la capacidad de la filosofía para hacer preguntas y por la capacidad del resto de las humanidades para dejarse sorprender por lo inefable. 

Como dice E.O. Wilson[9], “…no se trata de preguntas ociosas, para que las respondan los habituales de los salones o los invitados después de la cena. No se trata de juegos mentales, ni de ejercicios para agudizar las habilidades en la lógica. Se plantean literalmente cuestiones de vida o muerte…”.  

Las viejas y no tan viejas teologías siempre supieron que en el interior de los humanos convivían un ángel y un demonio. También la filosofía, el arte, la sociología, la antropología se las tienen que ver con esta ambivalencia de lo humano. La ciencia está comenzando a hurgar en estos terrenos que hasta ahora le estaban vedados. Su mayor contribución, hasta ahora, probablemente, el descubrimiento de que somos un continuo filogenético que nos une al resto de las especies vivas actuales o ya desaparecidas, desde el comienzo de los tiempos y en estrecha dependencia e interacción con el resto de la Naturaleza, tanto animada como inanimada. 

Una especie que adquiere conciencia de sí en un momento determinado, construyendo un mundo (el de la cultura) que evoluciona y discurre a gran velocidad, pero no de manera independiente al resto de la naturaleza, sobre la que, en ese momento, además, tiene una enorme capacidad de modificar y por tanto una gran responsabilidad.  Tanto la ciencia como las humanidades (al menos una parte de los científicos y de los humanistas) ya coinciden en que este mundo complejo solo podrá comprenderse mediante la interacción entre las ciencias y las humanidades. 

Unas disciplinas científicas y humanísticas que, trabajando juntas, pudieran alumbrar esa tercera ilustración de la que hablaba  Wilson.[10] Y es a este objetivo al que quiso contribuir, modestamente, la propuesta fallida de incorporar un grupo de humanidades a la estructura del Instituto de Investigación biomédica de Málaga (IBIMA), motivo de estas dos últimas entregas de esta serie de HISTORIAS DE LA CIENCIA CON MORALEJA. Razones había para intentarlo, son las mismas que hemos expuesto de manera resumida en estas líneas, las mismas que entonces fueron esgrimidas pero que no fueron escuchadas. Una pena. 


[1] ¿Hubo Ilustración en España?; la Vanguardia de 16 de febrero de 2020. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-moderna/20200216/473550152952/ilustracion-espana-panel-expertos.html. En este artículo podemos leer las opiniones sobre esta cuestion de se entrevista  seis prestigiosos historiadores, entrevistados por la Vanguardia. 

 

[2] SORIGUER ESCOFET, Federico; GARCÍA MUÑOZ, Francisco. Historia del Hospital Carlos Haya de Málaga y sus pabellones. Málaga: Ediciones del Genal, 2016. 620 p. ISBN 978-84-16626-06-9.

 

[3]https://www.fundacionalternativas.org/public/storage/publicaciones_archivos/63c22c60dce1b0ca5a57de2bee05c702.pdf

[4] Mª Antonia Manassero Mas, Ángel Vázquez Alonso y José Antonio Acevedo Díaz. Opiniones sobre la influencia de la ciencia en la cultura. https://www.oei.es/historico/salactsi/acevedo17.htm

 

[5] https://www.edge.org/

[6] Nuccio Ordine. Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Acantilado, 2017.

 

[7] Juan J. Tamayo. El despertar de las religiones". https://www.tendencias21.net/El-despertar-de-las-religiones-un-nuevo-universo-de-creencias_a818.html

 

[8] G. Kepel, La revancha de Dios. Cristianos, judíos y musulmanes a la reconquista del mundo, Anaya & Muchnik, Madrid, 1991.

 

[9]  Wilson E.O. Los orígenes de la creatividad humana. Crítica, 2019. (pp.197)

 

 

[10] Wilson E.O. 2019.(Op.cit). 

 

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