Sudáfrica. ¿Xenofobia en la tumba del apartheid?.J. Guereñu
Sudáfrica sufre un nuevo repunte de violencia xenófoba
Refugiados en Sudáfrica protestan frente a las oficinas de ACNUR en Johannesburgo en 2019 tras los disturbios antinmigración de ese año | Fuente: Wikipedia Commons
Algunos estados africanos han comenzado procesos de repatriación ante las agresiones a sus ciudadanos mientras el gobierno sudafricano intenta simultáneamente satisfacer las exigencias de la población y mantener el orden
En los últimos meses Sudáfrica ha vivido numerosas protestas antinmigración, enmarcadas como acciones de protección comunitaria o de “limpieza”, que han derivado en persecuciones y agresiones contra extranjeros establecidos en el país. El 26 de mayo, en Mangaung (provincia de Estado Libre), una protesta derivó en saqueos de comercios regentados por extranjeros a manos de los manifestantes, de los cuales 140 fueron arrestados. El 29 de mayo se dio la misma situación de Estcourt (provincia KwaZulu-Natal).
El 2 de junio manifestantes en Ekurhuleni (provincia de Gauteng) atacaron viviendas de extranjeros y en Ladysmith (provincia de KwaZulu-Natal) cientos marcharon por las calles y vandalizaron locales llevados por inmigrantes. El 6 y el 7 de junio cinco mozambiqueños fueron asesinados en Mosselbaai (provincia de Cabo Occidental) y más de 150 malauíes fueron expulsados.
El 8 de junio se convocaron asimismo protestas antiextranjeros en los centros industriales de Ekurhuleni, distrito de Gauteng. Las protestas incluyeron a miembros de los grupos antinmigración March and March y All Truck Drivers Forum and Allied South Africa (ATDF-SA). Según los organizadores de estas, el objetivo era urgir a las empresas a que acabasen con el empleo de extranjeros —independientemente de su estatus migratorio— antes de hoy 30 de junio, una fecha límite establecida por grupos antinmigración para que los extranjeros abandonen el país.
Nacionalidades afectadas y respuesta de sus países
Las manifestaciones y los ataques han sido dirigidos contra inmigrantes asiáticos y de otros países africanos, especialmente los originarios de Nigeria, Ghana, Malaui, Zimbabue y Mozambique. Al menos dos hombres de nacionalidad nigeriana murieron en abril durante el inicio de la última ola de violencia. Uno de los hombres, Amaramiro Emmanuel, murió tras ser golpeado por oficiales de la Fuerza de Defensa Nacional de Sudáfrica (SANDF por sus siglas en inglés) el 20 de abril. El otro, Ekpenyong Andrew, fue arrestado en Pretoria antes de ser encontrado muerto en una morgue.
En el pasado, hordas en Nigeria han respondido a los ataques contra nigerianos en Sudáfrica intimidando a empresas sudafricanas. Ante los últimos acontecimientos, algunos nigerianos han pedido que las empresas sudafricanas en el país sean clausuradas o nacionalizadas y el propio gobierno ha amenazado con tomar decisiones contra Sudáfrica en represalia. El 8 de la ministra de Exteriores nigeriana Bianca Odumegwu-Ojukwu acusó al gobierno sudafricano de no haber denunciado y evitado la violencia contra nacionales nigerianos en su país.
La ministra señaló también que los nigerianos están siendo acosados a pesar de tener estatus legal —contradiciendo a los grupos civiles que dicen perseguir solo a residentes sin papeles—, que se están saqueando comercios legítimos y que se está evitando que los niños puedan acudir al colegio. Todo esto, afirmó, daña la buena relación que ambos países mantienen a raíz de la solidaridad mostrada por Nigeria durante la lucha de Sudáfrica contra el apartheid.
Con todo, Nigeria ha comenzado a repatriar a aquellos que desean abandonar el país sudafricano. El 11 de junio salió un primer grupo de 260 nigerianos y se prevé que a lo largo de este mes al menos 1000 nigerianos sea repatriados. Sin embargo, Abuya indica que el número de personas que desea retornar está aumentando.
Del mismo modo, Ghana optó a finales de mayo por repatriar a sus nacionales, que huyen preocupados por la violencia xenófoba. De acuerdo con la Autoridad de Gestión Migratoria de Sudáfrica (BMA), 663 ghaneses fueron repatriados en la primera mitad de junio, de los cuales 321 habían superado el tiempo indicado en sus visas por 30 días o más. Mozambique también ha repatriado a más de 700 de sus ciudadanos de la provincia del Cabo Occidental y miles de otros han retornado voluntariamente.
Además, alrededor de 7000 malauíes, incluyendo cientos de niños, están establecidos en el Parque Sherwood de Durban, KwaZulu-Natal, después de haber escapado agresiones antinmigración. En el parque, que se ha convertido rápidamente en un campamento transitorio, muchos han declarado que la repatriación es su única opción ante las protestas violentas. Recientemente 980 malauíes han sido deportados del Centro de Repatriación de Lindela (Gauteng) y cerca de 450 migrantes de Burundi, Etiopía y Zimbabue están resguardados en una oficina gubernamental de la calle Che Guevara, no lejos del parque de Durban.
Discurso del presidente Ramaphosa y rueda de prensa de la ministra Kubayi
En un discurso nacional dado el 7 de junio, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa anunció un plan de cinco puntos para afrontar la inmigración ilegal ante el malestar creciente: tolerancia cero con los infractores de la ley de inmigración, reforzar la seguridad fronteriza, extirpar la corrupción del sistema inmigratorio, acabar con los vacíos legales de la ley inmigratoria y cooperar con otros países africanos para hacer frente al desafío migratorio. Esta estrategia será implementada por el Comité Interministerial sobre Migración (IMC), presidido por la ministra de Justicia y Desarrollo Constitucional Mmamoloko Kubayi.
Entre las medidas concretas, Ramaphosa señaló que los empleadores que contraten a trabajadores indocumentados, frecuentemente remunerados con salarios más bajos, ahora podrán ser encarcelados en lugar de pagar una multa. También avisó sobre un incremento de las inspecciones laborales y desveló un nuevo proyecto para desarrollar un tribunal de prioridad migratoria establecido directamente en el Aeropuerto Internacional Johannesburgo-Oliver Reginald Tambo (Gauteng) con el fin de acelerar la persecución del crimen organizado y las actividades fronterizas ilegales.
El presidente reconoció que la migración ilegal no es la causa de los desafíos económicos del país, advirtió a los sudafricanos contra tomar medidas por su cuenta y subrayó que la diversidad y vitalidad de Sudáfrica son un producto de los movimientos de gente. Aun así, también declaró que muchos ciudadanos están haciendo preguntas difíciles pero legítimas y negó que los sudafricanos fueran xenófobos, remarcando que en el país no hay lugar para la xenofobia, el racismo, el sexismo, la “afrofobia” ni cualquier otra forma de intolerancia.
El 14 de junio la ministra Kubayi dio una rueda de prensa en la que explicó con más detalle las medidas propuestas por el presidente y comentó el trabajo realizado hasta el momento. Kubayi afirmó que en el último mes el Cuerpo Policial de Sudáfrica (SAPS) había arrestado a más de 7.400 inmigrantes ilegales por incumplir la ley inmigratoria. Además, desde el 1 de enero de este año, los cuerpos de seguridad del país han arrestado a más de 40.000 individuos indocumentados.
También comentó las crisis humanitarias y administrativas en KwaZulu-Natal, centrándose en las situaciones concretas del parque Sherwood y la calle Che Guevara en Durban. Mientras los cuerpos de seguridad sudafricanos identifican y verifican el estatus de estos grupos, la ministra ha aconsejado a los inmigrantes legales que se reintegren sin peligro o que opten a la repatriación voluntaria.
Muchos migrantes preocupados han pedido protección adicional al estado ante su sensación de inseguridad en sus comunidades. Sin embargo, Kubayi remarcó que los inmigrantes no recibirían un trato especial y que no se desplegaría a más fuerzas del orden.
Críticas de la oposición al presidente
Herman Mashaba, líder del partido de centroderecha ActionSA, tildó el discurso del presidente de “débil” y “reaccionario”. Llamó a la realización de deportaciones masivas y declaró que el Gobierno de Unidad Nacional (GNU), liderado por el partido Congreso Nacional Africano (ANC), no había logrado hacer frente a la inmigración ilegal y asegurar la frontera del país.
Otros políticos, como el líder de Alianza Democrática (DA) Geordin Hill-Lewis, apoyaron el discurso del presidente y pidieron el arresto de aquellos que llamaban a la violencia contra los extranjeros. Un tercer grupo mostró su satisfacción con el aparente compromiso del presidente para afrontar la inmigración ilegal, aunque se mostraron escépticos con que las medidas se llevasen a cabo.
En ocasiones anteriores las intervenciones del estado han contribuido a reforzar la fragmentación política y la búsqueda de beneficios que buscaba prevenir. Su mayor operación policial para proteger a extranjeros, la Operación Fiela de 2015, desembocó en la policía exigiendo sobornos adicionales a los inmigrantes, en una pérdida de actividad económica e ingresos por impuestos y solo en una reducción mínima en el número de llegadas.
Asimismo, muchos jueces han dictado veredictos rotundos contra el Ministerio de Interior (Home Affairs) por conducta delictiva, incluyendo el cierre ilegal y de múltiples años de las Oficinas de Recepción de Refugiados, casos de corrupción y mala administración. En 2019 Amnistía Internacional concluyó que el sistema de asilo sudafricano tenía una tasa de rechazo desproporcionadamente alta (96%), obligando a algunos de los solicitantes a esperar hasta 19 años para una decisión. En mayo de 2026, 161.000 solicitantes de asilo estaban recurriendo sus negativas.
Rechazo del discurso por parte de los manifestantes
El discurso también fue rechazado por muchos aquellos que participan en las protestas, arguyendo que no hizo referencia a lo que perciben como una falta de oportunidades laborales para los sudafricanos. Opinan que los extranjeros son favorecidos en cuanto a oportunidades laborales y que se enfrentan a menos obstáculos para conseguir empleo que los nacionales, a quienes supuestamente se les exigen más documentos.
Además, sostienen que los hijos de inmigrantes indocumentados están ocupando puestos de colegios que deberían estar disponibles para niños sudafricanos y señalan que el dinero de los contribuyentes se utiliza para mantener a los inmigrantes a través de subvenciones, citando esto como una de las razones por las que piden la salida de todos los extranjeros.
Las críticas al discurso de Ramaphosa los llevaron a poner en duda la nacionalidad del presidente, sugiriendo que su posición con respecto a la inmigración podría indicar que él mismo sea un extranjero. No hay evidencia que sostenga esta afirmación: Ramaphosa nació en Soweto (Gauteng) y es un ciudadano sudafricano.
Declaraciones de este tipo reflejan una tendencia más amplia en ciertos discursos antinmigración de cuestionar la identidad nacional de personas consideradas comprensivas con los inmigrantes o percibidas como diferentes cultural o lingüísticamente. Comentarios similares han sido dirigidos previamente a sudafricanos de grupos minoritarios o de comunidades cuya identidad se puede interpretar erróneamente por idioma, apariencia o ascendencia.
Los partidos políticos y grupos civiles tras el fervor antinmigratorio
La política es un factor en el crecimiento de la hostilidad. Partidos políticos de derecha como Alianza Patriótica (PA), liderado por el ministro de Deportes Gayton McKenzie, están entre aquellos que retratan a los inmigrantes negativamente. En su campaña para las elecciones de 2024, McKenzie, un criminal convicto que codiciaba el puesto de ministro de Interior, prometió comenzar deportaciones masivas contra extranjeros ilegales.
Las marchas han sido apoyadas por el partido político Lanza de la Nación (MK Party) liderado por el expresidente Jacob Zuma, que cuenta con un fuerte apoyo en la provincia de KwaZulu-Natal. Cuando el partido llamó a sus seguidores a marchar contra los inmigrantes indocumentados, miles acudieron.
Sin embargo, en los últimos años la movilización ha estado coordinada por grupos justicieros civiles. Uno de ellos es Operación Dudula —Dudula significa “expulsar” en Zulu—, nacido en Soweto en 2021. Es un movimiento organizado con un programa y un líder. Organiza manifestaciones y habitualmente domina tanto los medios tradicionales como las redes sociales con sus mensajes y presencia. En 2025 se registró como partido político.
En 2024 apareció March and March, otro conjunto populista centrado en la inmigración ilegal que se describe a sí mismo como un “movimiento cívico comunitario”. Los partidos políticos ActionSA, creado en 2020, y MK, en 2023, comenzaron igualmente como bandas de este estilo. Aunque entre estos grupos hay algunas diferencias, todos están conectados por sus movilizaciones antinmigración, para las que toman quejas reales y las traducen a un mensaje sencillo: los inmigrantes son el problema.
Un ejemplo clave de esto son los acontecimientos de Diepsloot, al norte de Johannesburgo, en abril de 2022. Los residentes protestaron por sus frustraciones con el crimen violento, la falta de vigilancia y los errores de gobernanza, reclamos reales y extensamente compartidos. Pero, durante las protestas, los líderes de Dudula animaron a la gente a que tomasen cartas en el asunto: el migrante zimbabuense Elvis Nyathi fue prendido fuego y asesinado por una turba justiciera de alrededor de 30 hombres después de que lo identificasen como un “extranjero ilegal”.
Junto con las agresiones, estos grupos han impedido a extranjeros acceder a los servicios de sanidad y educación en instituciones públicas. En noviembre de 2025, el Tribunal Superior de Gauteng Sur publicó una orden contra Operación Dudula, prohibiendo a sus seguidores que bloqueasen el acceso de los migrantes a las instalaciones sanitarias.
Campo de refugiados de ACNUR a las afueras de Johannesburgo tras los incidentes xenófobos de 2008 | Fuente: Wikipedia CommonsEjemplos pasados de violencia xenófoba
El sentimiento antinmigrante y la violencia xenófoba están presentes desde el nacimiento de la Sudáfrica posapartheid. Los ataques más antiguos se dieron en diciembre de 1994 y en enero de 1995 (Sudáfrica se convirtió en una democracia en abril de 1994) cuando inmigrantes de Malaui, Mozambique y Zimbabue fueron agredidos en una emboscada en el municipio de Alexandra, Johannesburgo, por unas bandas armadas que destrozaron sus hogares y exigieron su deportación.
Desde entonces, Sudáfrica ha experimentado oleadas esporádicas de violencia xenófoba en 1998, 2000, 2005, 2006, tres veces en 2008, 2015 y 2019. En 2008, en lo que se considera la instancia más grave de disturbios antinmigración, hordas de sudafricanos agredieron a inmigrantes africanos de Mozambique, Malaui y Zimbabwe en Alexandra antes de que la violencia se extendiese por el resto del país. Al menos 62 personas murieron, incluyendo 21 sudafricanos, 11 mozambiqueños, 5 zimbabuenses y 3 somalíes, de acuerdo con investigaciones de Human Rights Watch.
Los altercados se dieron de nuevo en 2015 —matando a 7 personas, incluyendo también sudafricanos— después de que el rey zulú Goodwill Zwelithini declarase que los extranjeros debían marcharse porque estaban ocupando puestos de trabajo de los nacionales. En 2019, ataques contra extranjeros en Johannesburgo acabaron con la vida de 12 personas. Empresas nigerianas fueron atacadas, llevando a Abuya a convocar al embajador sudafricano y cerrar la embajada. Además, como respuesta algunos ciudadanos nigerianos asaltaron compañías sudafricanas en Nigeria, como la cadena de supermercados Shoprite y el gigante de telecomunicaciones MTN.
Los ataques de 2015 y 2019 se dirigieron principalmente contra nacionales nigerianos; en 2021 y 2022 estuvieron vinculados al ascenso de grupos justicieros como Operación Dudula. En 2024 el grupo March and March apareció en Durban, donde arrestó a vendedores callejeros sospechosos de carecer de documentación y vandalizó comercios de dueños supuestamente extranjeros.
Inmigración en Sudáfrica: datos oficiales
Sudáfrica siempre ha atraído a migrantes de todo el continente africano. De acuerdo con el Informe de Estadísticas Migratorias de 2025, realizado por el departamento de Estadística de Sudáfrica en base a la Encuesta de Ingreso y Gasto 2022/23 (IES), la población de inmigrantes internacionales en Sudáfrica es de 3,1 millones de personas incluyendo a todos los inmigrantes independientemente de sus estatus, representando el 5,1% de su población total de 65 millones. De ellos, el 63,4% proviene de países del sur de África, el 25,4% de otros países africanos y el 11,4% de fuera del continente. Gauteng tiene la mayor población de inmigrantes con el 51,2%, seguida por Cabo Occidental con 13,3% y KwaZulu-Natal con 7%.
El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas indicó que el número de migrantes en Sudáfrica llegó a su culmen en 2015 con 3,2 millones, el 5,6% de la población, y que la densidad migratoria (el porcentaje de extranjeros en la población total) a partir de ese año fue inferior a la media global de 3,6%, al 15,9% de Estados Unidos y al 12,7% en Europa.
En cuanto a educación básica, según datos del Departamento de Educación Básica, en 2025 había 253.618 niños nacidos en el extranjero, que representan solamente el 1,87% de las matriculaciones totales en escuelas públicas. La Encuesta de Ingreso y Gasto también desveló que los niños inmigrantes eran menos proclives a estar matriculados en programas educativos. Alrededor del 52,1% de los niños inmigrantes no participaban en ningún programa de desarrollo de infancia temprana (ECD, desde el nacimiento hasta los 5 años) comparado con el 32,9% de los niños sudafricanos. Asimismo, el 23,4% de los inmigrantes no acuden a ninguna institución educativa en contraste con el 5,3% de los sudafricanos.
Mirando la educación superior, de acuerdo con estadísticas del Departamento de Educación Superior y Formación (DHET), en 2023 el número total de estudiantes extranjeros matriculados en instituciones de educación superior era 39.843, siendo esto el 3,7% de las matriculaciones totales. La cantidad es algo mayor en instituciones privadas, con 15,965 estudiantes internacionales que representan al 5,6%. Además, el personal extranjero conformaba el 7,74% de los trabajadores totales de instituciones de educación superior en 2024.
En cuanto a empleo, según el Informe de Perfil Migratorio de Sudáfrica realizado por el Departamento de Estadística en 2024, en 2022 la tasa de desempleo entre inmigrantes en el tercer trimestre era del 18,2% y su participación en la población activa era del 78,3%. Durante el mismo período la tasa nacional de desempleo era del 32,9% y la población activa era del 58,3%. La mayoría de los trabajadores inmigrantes estaba empleado en viviendas privadas (18,4%), seguido por el sector de la construcción (17,2%) y la venta al por menor (13,6%).
Opinión pública sobre la inmigración
De acuerdo con los datos de la Encuesta de Actitudes Social de Sudáfrica (SASAS), realizada anualmente desde 2003 por el Consejo de Investigación de Ciencias Sociales (HSRC), un think tank sudafricano, el sentimiento antinmigración ha crecido a lo largo del tiempo en la población sudafricana, especialmente desde finales de la década de 2010 y particularmente en el periodo post-COVID.
Por ejemplo, en 2003 alrededor de un tercio (34%) de la población sudafricana adulta contestó que recibiría a todos los inmigrantes, mientras que el resto respondió que aceptarían a algunos inmigrantes (35%) o a ningún inmigrante (32%). Aunque de 2003-2017 las respuestas fluctuaron dentro de un margen muy pequeño, en 2020 aproximadamente un cuarto (24%) de la población general indicó que recibiría a todos los inmigrantes, un dato que ha disminuido progresivamente hasta alcanzar un mínimo del 15% de los adultos en 2025. Contrariamente, el porcentaje del público que expresó que no recibiría a ningún inmigrante creció desde el 28% en 2020 hasta el 42% en 2025.
Los datos de la encuesta muestran que la población sudafricana, que desde el principio mostraba actitudes relativamente desfavorables hacia los extranjeros, se ha vuelto considerablemente más crítica durante los últimos 5 años, siendo el nivel de hostilidad registrado en 2025 el más alto desde el inicio de la encuesta.
Una de las razones para el incremento en la hostilidad en los años recientes es la percepción creciente de los inmigrantes como una amenaza económica. Los datos muestran que en 2025 los sudafricanos son más proclives que antes de la pandemia del COVID-19 a asociar a los inmigrantes con el crimen y la competición económica: por ejemplo, en 2025 el 77% del público estaba de acuerdo con que los inmigrantes aumentan la tasa de criminalidad.
Este aumento no se ha dado de manera equitativa en el país. En los años recientes, la hostilidad hacia los inmigrantes se ha vuelto particularmente pronunciada en cuatro provincias. La más destacada es KwaZulu-Natal, en la que el porcentaje de adultos que declaró que no recibiría a ningún inmigrante evolucionó de un 23% en 2021 a un 45% en 2023, para situarse en un 60% en 2025. Las poblaciones de Mpumalanga, Gauteng y Limpopo también se han vuelto sustancialmente menos hospitalarias hacia los extranjeros durante el mismo periodo.
Otro cambio preocupante es la prevalencia del sentimiento antinmigrante en los adultos pobres o de clase trabajadora. Sudáfrica continúa siendo un país altamente desigual, caracterizado por marcadas divisiones socioeconómicas y persistentes altos niveles de desempleo y pobreza. Históricamente, el rechazo hacia los que llegaban al país solía ser indiferente a las divisiones de clase, siendo común entre ricos y pobres. Sin embargo, en el periodo post COVID-19, la hostilidad hacia los inmigrantes ha aumentado más drásticamente entre los más desfavorecidos económicamente.
Afrobarometer en 2025 reveló que 7 de cada 10 sudafricanos (el 69%) percibe el impacto económico de los inmigrantes como negativo, pese a que la evidencia indique que en el país cada trabajador inmigrante crea aproximadamente dos trabajos para ciudadanos nacionales. La mayoría de los encuestados (85%) estaba a favor de reducir o eliminar el acceso de refugiados.
Muchos no distinguen entre refugiados y migrantes, y creen que el país acoge a un número desproporcionado de refugiados y solicitantes de asilo. En Sudáfrica hay alrededor de 75.000 refugiados y 165.000 solicitantes de asilo, números que llegaron a su culmen en 2015 y se han reducido desde entonces. En comparación, Uganda acoge a 2 millones de refugiados.
Fecha límite de salida de los inmigrantes
Hoy 30 de junio es la fecha límite, establecida por algunos activistas antinmigración, para que todos los extranjeros irregulares abandonen Sudáfrica, según vídeos difundidos por redes sociales. Algunos han amenazado que “correrá la sangre” si los extranjeros no abandonan el país para esa fecha. Además, el grupo March and March ha llamado a un parón nacional, por lo que se espera una movilización especialmente fuerte.
Dada la violencia de los últimos meses, preocupa una repetición de los sucesos acontecidos en 2008. El Cuerpo de Policía de Sudáfrica y otros miembros del sector de seguridad del país están analizando la situación y tomando medidas para evitar posibles disturbios. Un comunicado conjunto de la policía y el ejército del 22 de junio indicó que las fuerzas de seguridad intentarían asegurarse de que la gente que acudiera a las manifestaciones estuviera desarmada. Además, el ministro de Defensa Angie Motshekga afirmó que desplegaría al ejército en el caso de que las protestas se descontrolasen.
Representantes formales de más de veinte organizaciones antinmigración se han distanciado de los ataques que puedan acontecer. Sin embargo, el lenguaje utilizado en redes sociales frecuentemente incluye el fomento y el apoyo de la violencia contra los inmigrantes. Algunos líderes han declarado que no pueden controlar cómo actúan sus seguidores, sugiriendo que no llamarán explícitamente a mantener una actitud pacífica.
Además, las próximas elecciones locales son en noviembre y pueden actuar de catalizador de la xenofobia. Como ya ocurrió en comicios anteriores, es probable que los partidos políticos y los candidatos intenten explotar el sentimiento antinmigrante en un esfuerzo por conseguir ventajas electorales.





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