Literatura y Cine. Tres artículos


I) Literatura


Libro: Retratos de jazz (Murakami)



https://www.lasexta.com/ahoraqueleo/libros/murakami-ofrece-concierto-jazz-mas-silencioso-mundo-charlie-parker-glenn-miller-55-retratos-genios_2025031067ce8ea3


El conocido escritor japonés tira de melomanía en Retratos de jazz. Músicos y cantantes de todas las épocas dibujados por partida doble, con las palabras de Murakami y los pinceles del ilustrador japonés Makoto Wada. Editado por Tusquets. 2025


Hay un hombre silencioso y oscuro en la puerta de casa. Fuera llueve. Un relámpago en la noche tormentosa dibuja su silueta en el marco de la entrada. Con paso firme y tranquilo camina hacia el interior de la casa. Su rostro serio no deja vislumbrar ninguna emoción. Lentamente deja un objeto brillante sobre la mesa, se gira y se va.


Ese objeto fascinante, cargado de misterio y emoción, es para Haruki Murakami la música de Thelonious Monk. Así, con esa metáfora, describe las notas que salen de su piano. Su música es "obstinada y amable a la vez; intelectual e impetuosa a partes iguales". Capaz de "llegar con intensidad a ciertos recovecos de mi ser".


Esa manera de describir qué le hace sentir la música de Monk, tan personal e intransferible, es parte de Retratos de jazz, un libro muy alejado de las novelas de Murakami, porque no cuenta una historia concreta, sino muchas y en muchas direcciones diferentes.


Este texto está mucho más cerca de los libros que Murakami ha dedicado a sus aficiones, como De qué hablo cuando hablo de correr o Música, solo música, la conversación (que mantuvo durante dos años) con el director de orquesta Seiji Ozawa sobre el arte de componer e interpretar música.


Retratos a partir de retratos


Y sin embargo, el germen de estos Retratos de jazz está fuera del propio Murakami. En concreto, el libro surge del interior del pintor y artista plástico Makoto Wada. Él, aficionado también al jazz, organizó una exposición en 1992 llamada simplemente así, 'Jazz'. En ella incluía veinte retratos de los músicos de este género que más le habían emocionado.


A raíz de esas pinturas, Haruki Murakami decidió escribir un texto corto sobre cada uno de ellos. Palabras que se alejaban de las biografías al uso e incluso de los relatos de ficción. Se trata más bien de reflexiones sobre la música de cada genio del jazz mezcladas con impresiones personales de Murakami, basadas en su propia experiencia y en su manera de entender y consumir el arte en general y la música en particular.


El libro lo componen 55 retratos acompañados por la fotografía de un álbum de la colección privada de Murakami

Cinco años después, en 1997, Makoto Wada realizó otra exposición titulada 'Sing', con otros retratos de músicos y cantantes como Ella Fitzgerald, Frank Sinatra o Tony Bennett. Y al igual que en 1992, Murakami escribió sendos textos para cada pintura. En 1999 llegó 'Jazz 2'. En total, realizaron 60 retratos de jazz, con colores y palabras, lo suficientemente expresivos como para que, viendo la obra y leyendo el texto la música sea capaz de crearse en la imaginación de quien se asome a ellos.


Ahora, para la publicación de este libro, han decidido seleccionar 53 de ellos y crear dos nuevos retratos exclusivos (Art Pepper y Gil Evans) para esta edición. Cada píldora viene, además, acompañada por la fotografía de un álbum concreto de cada artista salida de la colección privada del propio escritor y una brevísima biografía como apoyo.


Una pasión muy íntima


Asegura el propio Murakami en el epílogo del libro que, para él, escribir sobre jazz no es nada sencillo. "Se trata de algo demasiado íntimo y no sé qué debo decir ni cuánto alegrarme", se sincera el escritor japonés. No en vano, llegó incluso a ser su trabajo durante una etapa lejana de su vida.


Antes de dedicarse únicamente a la escritura, Murakami regentó un club de jazz en Tokio, el Peter Cat. Una pasión que no le ha abandonado desde su juventud y que transmite con la intensidad y el sentimiento que ha sabido imprimir en todos sus textos y novelas.


El resultado apasionará a los fanáticos del jazz y a los de Murakami. Si es que se puede ser lo segundo sin ser también lo primero

En Retratos de jazz, Murakami tira de metáforas para tratar de hacernos sentir la música de cada uno de los retratados. Así, la música de Glenn Miller es una "brisa que agita finas cortinas de encaje"; la voz de Billie Holliday "parece asumir todo el daño que he cometido hasta el presente"; y la corneta de Bix Beiderbecke "surge con el encanto del agua que mana de un surtidor, lanzando alegría y melancolía a partes iguales".


El resultado es un libro que apasionará a los fanáticos del jazz y a los de Murakami. Si es que se puede ser lo segundo sin ser también lo primero. Porque cuando admiramos mucho a una persona terminamos amando hasta las cosas que ellos aman. Si no eres fan ni de lo uno ni del otro, Retratos de jazz ofrece una ventana diferente por la que acercarse a dos mundos a veces algo opacos: el de la música más inesperada posible y el de un autor tan peculiar como inclasificable.


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II) Literatura


Anna Ajmátova: la poeta y su tiempo


Por

María Vázquez Valdez, escritora y doctora en teoría crítica *


https://www.infobae.com/mexico/2025/03/10/8m-anna-ajmatova-de-las-poetas-mas-destacadas-entranables-y-significativas-de-todos-los-tiempo



                                                                  Anna Ajmátova


“Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro, morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la ha dibujado, pintado, esculpido en yeso y mármol, fotografiado, un sinnúmero de personas, empezando por Modigliani. Los versos dedicados a ella formarían más volúmenes que su obra entera”, escribió Joseph Brodsky acerca de la apariencia física de Anna Ajmátova, autora de una de las obras poéticas más destacadas, entrañables y significativas de todos los tiempos.



Ajmátova vivió en una época que se distinguió por una gran fecundidad en el arte, y por la calidad y versatilidad que permeó a la clase intelectual y científica de la sociedad rusa de finales del siglo XIX


De esa época podemos hablar de compositores como Stravinsky, Rachmáninof y Prokofiev, de pintores como Kandinsky y Chagall, de grandes escritores como Máximo Gorki, cineastas como Eisenstein, balarines como Pávlova y Nijinsky y directores y teóricos teatrales como Stanislavsky. Y por supuesto, hay que hablar de un gran grupo de grandes poetas, entre quienes destacan Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva, a quienes se identifica como parte del movimiento conocido como “Edad de Plata”.


A finales del siglo XIX, la corriente del simbolismo estaba en su apogeo, hasta que en 1910 entró en crisis, y en 1912 surge el movimiento conocido como acmeísta, al cual perteneciera Anna Ajmátova, al igual que Nikolái Gumiliov y Mjaíl Zenkiévich, entre otros. El movimiento acmeísta se dio a conocer en principio por oponerse al movimiento simbolista, y por enfatizar la sobriedad y la precisión, en una propuesta en la cual predominaba la realidad cotidiana.


Los acmeístas proponían devolver el valor semántico a las cosas, que tuvieran el valor por sí mismas y no por asociación con otros vocablos u objetos. También buscaban una exaltación de la belleza y de la realidad sobre el misticismo. Una precisión del sentido. A este grupo también perteneció Osip Mandelstam, quien hablaba de “nostalgia por la cultura universal”, al referirse a los principios del movimiento acmeísta, y que escribiera en 1913 “La mañana del acmeísmo”, considerado el manifiesto más importante de esta corriente, publicado en 1919.


En esta época también surgen movimientos vanguardistas como el futurismo, cuyo manifiesto futurista ruso fue publicado en 1913, y que tuviera otras tendencias como el grupo Centrífuga, al cual perteneciera Boris Pasternak, y el imaginismo, representado en otras latitudes por James Joyce en su veta como poeta, así como Marianne Moore, Amy Lowell, William Carlos Williams, y Ezra Pound. En 1915 apareció el manifiesto imaginista, y el grupo publicó cuatro antologías anuales.


Esta efervescencia en la actividad artística era también parte de una convulsa situación social y política en la Rusia de ese tiempo, en que ocurrieron la Revolución de 1905, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Bolchevique, la Guerra civil Post-Revolucionaria y la persecución estalinista, y años después, también la Segunda Guerra Mundial.


Esta es la época que le tocó vivir a Anna Ajmátova, musa de generaciones y de grandes poetas, entre ellos de Marina Tsvetáyeva, quien le dedicó un ciclo de poemas en 1916, y quien la nombrara “Musa del Llanto”.



POEMAS INCINERADOS


Anna Andréievna Gorenko, mejor conocida como Anna Ajmátova, nació el 23 de junio de 1889 en Bolshói Fontán, cerca de Odesa, en el Imperio ruso que en esa época fuera un Estado soberano. Creció en territorios que Pedro el Grande recuperó para Rusia, y muy joven estudió Latín e Historia. Su nombre, Anna, lo recibió por su abuela, y adoptó el apellido de su bisabuela, Ajmátova, que fuera una princesa tártara.


Cuando tenía 21 años, en 1910, Anna Ajmátova se casó con Nikolái Gumiliov, un poeta con el cual tuvo un hijo en 1912, de nombre Lev Nikoláievich Gumiliov, y ese mismo año publicó su primer libro de poemas, La noche. Dos años después publicó el libro El rosario, que tuvo diez ediciones en muy poco tiempo, y ya para entonces tenía gran importancia y resonancia en la poesía rusa.


En gran medida, la poesía de Anna Ajmátova está teñida de grandes pérdidas, entre ellas la de Nikolái Gumiliov, quien tiempo después de su divorcio, fuera fusilado, acusado de conspiración. Muchos de sus contemporáneos sufrieron el exilio, la muerte, el suicidio, e incluso su hijo enfrentó el arresto. Ella misma padeció en su poesía el silencio y la prohibición, a pesar de haber publicado alrededor de veinte ediciones de sus libros; en gran medida enfrentó esta persecución al dar voz a un pueblo sumido en el dolor y la desesperación.


Gran parte de la obra inédita de Anna Ajmátova lamentablemente desapareció, pues la quemó en 1934 en una estufa, temiendo que un cateo ocasionara el fusilamiento de su hijo, o enfrentar una aprehensión similar a la de su amigo Osip Mandelstam, quien fuera arrestado, deportado, y que finalmente falleció en 1938 en un campo de trabajo.


En estos años aciagos, la poeta se asume de manera explícita como la voz de un pueblo sumido en el dolor, y es entonces cuando gesta su obra más conocida, Réquiem, donde confiesa la muerte de su obra a través del fuego.


    

Tal vez algo de esto lo recuerda en este poema escrito en 1956:


Tú me has inventado. No existe en el mundo


alguien así. No podría existir.


Ni los médicos curan ni los poetas alivian,


la sombra de un fantasma te perturba día y noche.


Nos encontramos en un año monstruoso,


cuando las fuerzas del mundo se habían agotado,


todo estaba marchito y enlutado por la desgracia,


y sólo las tumbas eran frescas.


El talud del Neva, sin colores, era negro azabache.


La noche sorda se erguía alrededor, como un muro.


¡Entonces mi voz te llamó!


¡Qué hice! Yo misma aún no lo entiendo.


Y tú llegaste a mí como una estrella conocida,


huyendo del trágico otoño,


hacia aquella casa desolada para siempre,


de donde salió una bandada de poemas incinerados.


(Anna Ajmátova, Soy vuestra voz, Antología. Selección, prólogo y traducción del ruso: Belén Ojeda, Poesía Hiperión, 2015.)


ANNA AJMÁTOVA Y MÉXICO


En México, la resonancia de la literatura rusa, y en específico de la poesía, se ha manifestado de diversas formas. Tenemos por ejemplo la presencia de poetas rusos que viajaron a este país y dejaron su impronta, como el vanguardista Maiakovski, o como Constantin Balmont, simbolista, que llegó a principios del siglo XX.


Al hablar de Ajmátova es importante abordar este contexto histórico-literario que definió su producción literaria, así como los aspectos económicos, sociales y políticos de la época de la Revolución burguesa y luego el periodo de la formación de la entonces URSS, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.


Hay que recordar que los poetas que no eran parte del régimen estalinista sufrieron la clandestinidad, la persecución, e incluso la muerte. Esta situación sólo cambiaría con la muerte de José Stalin en 1953.


REQUIEM-POEMA SIN HEROE ANNA AJMATOVA (CÁTEDRA)


Pero vayamos un poco atrás, para comprender un poco más el contexto de Ajmátova, y recordemos que en la segunda mitad del siglo XIX, Rusia era un enorme imperio gobernado por los zares de la dinastía Romanov, con poder absoluto sobre una sociedad fragmentada, en gran medida analfabeta.


En 1861 se abolió la servidumbre, y comenzó a cambiar un sistema feudal, y a propiciar que surgiera una nueva clase, conocida como intelligentsia, que tuvo que ver con una revolución literaria y de conciencia que se extendió más allá de la revolución de 1917, con la caída de la dinastía.


Podemos hablar de dos partes, una de 1905 a 1917, en lo que se conoce como revolución burguesa, y el movimiento de 1917, conocido como revolución socialista, lo cual dio origen al surgimiento de la Unión Soviética en 1922. Todo esto por supuesto ocurre con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el 28 de julio de 1914, en la cual participó activamente Rusia.


En marzo de 1917 ocurre una importante oleada revolucionaria, y abdica Nicolás II, se forma un gobierno provisional, y unas semanas después regresa del exilio Lenin, que fallece siete años después, y comienza una pugna por el poder, sobre todo entre José Stalin y León Trotski, y este último debe abandonar la entonces URSS y se instala en México, donde muere asesinado años después.


Así, Stalin se instala en el poder durante 25 años, con una férrea dictadura que elimina a oponentes, somete a millones, que son asesinados o condenados a los gulags siberianos. En este contexto, muchos escritores e intelectuales huyeron al extranjero, y otros mueren en la pobreza, o son fusilados por ser trotskistas, o condenados a trabajos forzosos, como Mandelstam, Boris Pilniak, Babel, y otros más enfrentan la marginación y el silencio.


Sin embargo, Ajmátova permanece estoica en su país, siendo testigo entonces de que la poesía enfrenta en ese periodo un intranquilo silencio, como lo denomina en este poema, fechado en Moscú el 6 de junio de 1963:



PRIMERA ADVERTENCIA


Qué nos importa al fin y al cabo


que todo se convierta en ceniza,


en cuántos precipicios canté


y en cuántos espejos viví.


Que no sea yo sueño ni consuelo


y mucho menos paraíso.


Pero puede ser que con frecuencia


tengas que recordar


el rumor de las líneas sosegadas


y el ojo que oculta en el fondo


aquella corona de flores, punzante y oxidada,


en su intranquilo silencio.



POETA PROLÍFICA


Anna Ajmátova fue una poeta muy prolífica. De 1912 a 1922 publicó seis colecciones de poesía, pero las políticas literarias de la Unión Soviética le prohibieron publicar posteriormente, en gran medida por las reacciones apasionadas y elocuentes que suscitaba entre sus lectores. En esa época de silencio hizo investigaciones académicas sobre la historia literaria del siglo XIX.


Mucha y gran prosa brotó entonces de sus manos, y escribió numerosos ensayos literarios, algunos de ellos acerca de Pushkin, sobre el acmeísmo, Mandelstam, el pintor Modigliani, que la retrató numerosas veces, y también escribió sobre Tarkovski, por ejemplo.


La belleza y la lucidez, y también el dolor y la pérdida, permean la obra de Ajmátova, tanto en prosa como en poesía, tal como denota el siguiente poema, fechado en Sebastopol en octubre de 1916:


TODO ME HA SIDO ARREBATADO


Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza.


Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que detesto,


no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre


congelada está.


Burlada estoy por el ánimo de la Musa


que me observa y nada dice,


descansando su cabeza de oscuros rizos,


exhausta, sobre mi pecho.


Sólo la Conciencia, más terrible cada día,


enfurecida, exige cuantioso tributo.


Y para responder, me cubro el rostro con las manos,


porque he agotado mis lágrimas y mis excusas.


(Anna Ajmátova, Breve antología, Material de Lectura, Serie Poesía Moderna 34.)


Anna Ajmátova falleció el 5 de marzo de 1966 en Moscú, en circunstancias que quizá vaticinó en los siguientes versos:


Eso ocurrirá un día en Moscú


cuando abandone la ciudad para siempre


y retorne al anhelado hogar


dejando entre ustedes sólo mi sombra.



* María Vázquez Valdez. Poeta, editora, periodista y traductora mexicana. Autora de once libros publicados, entre los cuales se encuentran los poemarios Caldero, Estancias, Kawsay, la llama de la selva, y Geómetra. También es autora de Voces desdobladas / Unfolded voices (libro bilingüe de entrevistas a mujeres poetas de México y Estados Unidos, 2004), Estaciones del albatros (ensayos, 2008), y de cinco libros para niños y jóvenes.


Doctora en Teoría Crítica, maestra en Diseño y Producción Editorial, y licenciada en Periodismo y Comunicación. Ha traducido varios libros del inglés al español, y ha recibido becas y apoyos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), del Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos y de la Secretaría de Cultura de México.


Publicado en infobae


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III) CINE


Recientemente se han presentado dos documentales que merecen ser vistos ya que reflejan el mundo en el que vivimos. Uno de ellos titulado "No Other Land" ha ganado el Oscar a mejor documental. Trata de la acción del estado israelí en Cisjordania y la historia finaliza justo antes del doloroso 7 de octubre. Ha sido realizado por un israelí y un palestino. 

 En este enlace podéis ver más información de esta película https://www.filmaffinity.com/es/film618626.html


Pero hoy dedicaremos esta entrada al segundo documental, titulado "Banda sonora para un golpe de estado"


Ficha y críticas de la película y artículo al final de David Trueba sobre el filme.


Banda sonora para un golpe de estado



https://www.filmaffinity.com/es/film363899.html


Documental

Título original

Soundtrack to a Coup d'Etat


Año 2024

País

Bélgica Bélgica

Dirección

Johan Grimonprez


Documental | Política. Guerra Fría. Documental sobre música. África


Sinopsis

El jazz y la descolonización se entrelazan en esta montaña rusa histórica que reescribe el episodio de la Guerra Fría que llevó a los músicos Abbey Lincoln y Max Roach a colarse en el Consejo de Seguridad de la ONU en protesta por el asesinato de Patrice Lumumba. (FILMAFFINITY)


Críticas

"Es un intrincado y apasionante collage de imágenes, jazz y citas históricas (...) Grimonprez teje una tela de araña deslumbrante con archivos documentales históricos (...) un formidable puzle de imágenes, palabras y música" 

Elsa Fernández-Santos: Diario El País 


"La película no defrauda: políticamente irreprochable, estéticamente inventiva y renovadora, su montaje hard bop la convierte igualmente en una experiencia audiovisual cuando menos insólita." 

Carlos Losilla: Caimán 


"Es la música la que une todo esto con un ritmo vibrante que fluye entre diferentes épocas y lugares como el jazz desenfrenado en el corazón de estos acontecimientos históricos". 

David Opie: IndieWire 


"El documental es un impresionante alegato contra el racismo colonial y la violencia estatal (...) Puntuación: ★★★ (sobre 4)" 

Greg Nussen: Slant 


"Es un brillante collage de imágenes, palabras y sonidos que relata cómo, durante la Guerra Fría, la independencia del Congo, el jazz y las tensiones geopolíticas crearon un sonido global" 

Robert Abele: Los Angeles Times 


Tráiler de la película


https://youtu.be/hjP0pQv5osc?si=e2ByXAr0Gb0Ax9yy                                              



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Música para un tiempo nuevo


DAVID TRUEBA


https://lectura.kioskoymas.com/article/281668260743430


Cuando conocí al guionista Rafael Azcona estaba arrinconado, bastante olvidado y sobre todo fuera de la moda dominante en el cine. El empuje por revalorizarlo lo capitanearon algunos directores 20 años más jóvenes que él, en una demostración de que las revisiones las hacen los propios profesionales cuando se quitan de encima la esclavitud de la fidelidad generacional. A Azcona se le echa de menos en las buenas sobremesas, entre otras cosas, porque siendo un hombre de un fatalismo negrísimo gozaba de un ramalazo optimista apabullante. Cuando nos contábamos los desmanes de los líderes políticos de aquel momento, con sus invasiones apoyadas en mentiras e intereses bastardos, solía responder con algo contundente: “No os hagáis mala sangre, ahora estamos mejor que cuando Alejandro Magno arrasaba sin piedad a un pueblo y no había nadie que se atreviera a protestar y ni tan siquiera a contar su crueldad”. Contar y denunciar es la obligación principal cuando alguien se asoma a las injusticias que nos rodean. Los valencianos afectados por la riada ya no se quedan en casa a esperar que en el nodo les vengan a explicar cómo el jerarca nacional les dedica un rato de su inagotable paternalismo. Han salido cinco veces masivamente a la calle y se reivindican con cada detalle que suman al analizar el desastre asistencial y preventivo que padecieron.


En Estados Unidos, el desmantelamiento de las instituciones de control y salvaguarda se está vendiendo como una de las maravillosas ventajas de sacar a pasear la motosierra. Con qué alegría se despiden guardabosques y sanitarios y se sacrifican funcionarios si quedan bien lejos el desamparo y la desprotección que traerán las catástrofes ambientales y los accidentes. Todos los males del mundo se deben al esfuerzo inclusivo y hasta los aviones se caen porque se intentó integrar a algunos desfavorecidos en el sistema. La agencia de ayuda al desarrollo, que ha significado un poder blando y en ocasiones rotundamente extractivo, se ha desactivado porque ahora se sueña con influir desde los titulares en mayúsculas de las redes sociales. Pero cuando nos invade la desazón conviene recordar como hacía Azcona que al menos hoy lo sabemos y hay informadores que nos lo cuentan con detalle. Para ver cómo funcionaban las cosas 70 años atrás ha llegado un documental belga titulado con acierto Banda sonora para un golpe de Estado.


Es un montaje sacudido por la fuerza de la música negra norteamericana en los tiempos de la lucha por los derechos civiles.


Tiempos que, por cierto, no han acabado. Pero el poder musical de la generación de John Coltrane y Thelonious Monk, reformulando a sus mayores, Louis Armstrong o Duke Ellington, sirve para introducirnos en la reacción colonialista a las independencias africanas. Aquel enorme paso atrás plagado de terrorismo de los servicios secretos internacionales significó la condena de un continente, personificado en el asesinato del presidente electo de Congo Patrice Lumumba. Los reaccionarios de entonces trajeron consecuencias inevitables que hoy reconocemos en forma de emigración masiva y que pagan sobre todo en el continente africano, sometido a golpes de Estado casi constantes y unas cotas de corrupción sostenidas con la explotación de sus recursos naturales, siempre imprescindibles para el poderío tecnológico y militar de las grandes potencias. Hoy llamamos grupo Wagner, infraestructura china, coltán, tierras raras, diamantes de sangre y trumpismo a lo que es el más persistente de los colonialismos.



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