Lo que leemos, ¿por qué lo aceptamos o lo rechazamos?. JP

  

Lo que leemos, ¿por qué lo aceptamos o lo rechazamos?

 

JP


Oír o leer sin reflexionar es una ocupación inútil.

Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino


 



Para los que me conocéis sabéis que carezco de formación en lo que a continuación os voy a escribir, pero simplemente lo hago expresándome por escrito en “voz alta” sobre ideas que dan vuelta en mi cabeza. Me lo imagino solo como unos comentarios tomando café con los amigos.

 Por eso desde ya me disculpo de este intrusismo ante los lingüistas, filólogos, literatos o psicólogos que son los expertos que mejor abordarían este tema.

 

Comienzo con la cuestión. Muchas personas que escriben artículos de opinión, análisis o incluso ficción literaria, tienen como motivación básica un intento de comunicación con los demás. Esta comunicación, entre otros objetivos consiste en compartir una visión que se piensa que es correcta sobre la sociedad o también un abordaje descriptivo o crítico de las relaciones entre los seres humanos. En el contexto de las opiniones cuando esta es sincera, también autocrítica y no dogmática, se suele pretender incitar a una reflexión sobre los problemas que nos rodean. Cuando el aporte es franco no se quiere siempre convencer, sino provocar pensamientos e ideas sobre la cuestión abordada.

 

También el autor busca dar y aprender de los demás, aunque se discrepen en los principios morales o ideológicos expuestos en las temáticas consideradas. Se puede carecer de una preparación adecuada en gramática, sintaxis u otras cualidades literarias, pero lo principal para un autor, generalmente está en el intento de hacer mejor la convivencia ciudadana e intentar un cierto enriquecimiento mutuo en el ámbito social o cultural. Al menos eso es lo que yo pienso.

 

 Meditando sobre estos temas me introduje en algunos textos más la ayuda de la IA, para desentrañar qué siento yo al leer un escrito o que sienten mis amigos o conocidos cuando reciben mis observaciones o reflexiones que son simplemente una forma más de comunicación.

 

Escribir es representar palabras o ideas mediante letras o diferentes signos trazados sobre papel u otros medios. Es una herramienta fundamental para la comunicación, la expresión creativa y la composición de obras literarias, ensayos, observaciones sociales, etcétera. Podríamos considerar sinónimos a redactar, anotar o manuscribir.

 

Por lo tanto, esta actividad es para algunas personas una manera de expresarse, de comunicarse, aunque sea con lectores con los que nunca intercambiarán una sola palabra. Hay autores a los que les molesta la pregunta del porqué se escribe y no les interesa responder, quizá porque para ellos, lo importante no sea por qué escribir, sino solo escribir.

Pero en general habitualmente se escribe para comunicar, para entender, para que nos recuerden, para recordar, para desahogarnos, para divertirnos, para ordenar ideas, o para mostrar disconformidad, o también por la idea a veces utópica de mejorar la realidad.

 

Los escritores al parecer escriben por múltiples motivos que varían según sus necesidades vitales y el contexto histórico. Algunos lo hacen por necesidad y compulsión interna, otros por compromiso político para cambiar la sociedad, y muchos simplemente por el placer estético o para intentar comprenderse a sí mismos y al mundo.

 

George Orwell, autor de 1984, en su célebre ensayo “Por qué escribo”, resumió sus motivaciones en cuatro pilares: puro egoísmo (deseo de ser recordado), entusiasmo estético (placer por las palabras), impulso histórico (registrar los hechos para la posteridad) y propósito político (empujar al mundo hacia un futuro mejor).

 

Gabriel García Márquez, confesó que escribía simplemente para que sus amigos lo quisieran más, argumentando que la literatura es una forma de reescribir la realidad de manera que el mundo sea menos injusto y más fascinante.

 

Franz Kafka, escribía como una necesidad vital y dolorosa, casi como un exorcismo. Para él, la escritura era una vía para explorar la angustia, el aislamiento y las pesadillas de la sociedad moderna, temas que analizaba en sus textos.

 

Nuestra querida malagueña y destacada filósofa, María Zambrano, consideraba que la escritura es una forma de defender y justificar la propia soledad, dándole un sentido comunicable.


También en relación a la soledad, Paul Auster en una de sus obras nos dice: "Cada libro es una imagen de soledad. Es un objeto tangible que uno puede levantar, apoyar, abrir, y cerrar, y sus palabras representan mucho tiempo de la soledad de una persona, de modo que con cada libro que uno lee puede decirse a sí mismo que está enfrentándose a una partícula de esa soledad. Una persona se sienta solo en una habitación y escribe. La obra puede hablar de soledad o de compañía, pero siempre es necesariamente un producto de la soledad.

 

Con otra mirada, Julio Cortázar, lo relacionaba con el placer lúdico y la necesidad de conocerse a uno mismo a través de la creación de personajes.


Pero además de las motivaciones del autor, está también la consideración de lo que siente el lector ante un escrito, ya sea ficción, ensayo o crítica social entre otras temáticas.

 

El lector experimenta un proceso complejo donde confluyen la empatía y otros procesos fisiológicos de la mente. Al leer, el cerebro no solo decodifica símbolos, sino que activa áreas neurológicas que permiten al lector sentir o no las emociones del autor o de los personajes, vivir sus experiencias o comprender sus intenciones. 

 

Las principales sensaciones y procesos que experimenta el lector incluyen: simulación mental, a través de las neuronas espejo, en la que este "recrea" la historia en su mente y puede sentir de manera vicaria la alegría, el miedo, la tristeza o preocupación que transmiten las palabras.

Según la teoría de la mente que es la capacidad cognitiva de atribuir intenciones, pensamientos y creencias a otra persona, el lector "lee entre líneas" para entender la psicología, motivaciones y el mensaje oculto del autor o del narrador.





 

Algunos piensan que a partir de ahí se puede producir un proceso de evasión o conexión, dependiendo del texto y de las personas por lo que el lector puede sentir o no, identificación con sus propias vivencias o inmersión en mundos ajenos, lo que a menudo fomenta un aumento en la capacidad de tener una mirada más amplia de la vida real. Resumiendo, el lector puede aceptar e incorporar el contenido del texto o rechazarlo sin más.

 

Pero también en ocasiones el que lee puede sentir envidia ante un texto destacado porque reconoce el talento ajeno y experimenta un deseo frustrado. Desearía tener él la capacidad de haber escrito ese texto, ya que cree que lo haría mucho mejor.  A veces es una mezcla de admiración y también de anhelo personal.

 

Este fenómeno psicológico, conocido a menudo como "envidia literaria o creativa", se desglosa en los siguientes factores que enunciados serían, a) espejo de carencias donde el texto actúa como un reflejo de lo que el lector (especialmente si también escribe) considera su propio límite o falta de destreza, b) reconocimiento genuino que no es odio hacia el autor, sino la validación de que el texto posee un valor estético, social o emocional importante y c) comparación constante, es decir se compara el resultado final del escritor con el proceso creativo propio, lo que podría generar una sensación de inferioridad coyuntural.

 

Esta envidia puede en ocasiones ser una emoción muy útil. En lugar de ser destructiva, puede actuar como un motor para la inspiración y el aprendizaje, impulsando al lector a mejorar su propia escritura y a estudiar la técnica o valorar la sensibilidad del autor “envidiado”.

 

La envidia con frecuencia hace daño no solo al que va dirigida sino al propio individuo que tiene este oscuro sentimiento. Suele esconder sensaciones de superioridad, frustraciones o la necesidad de mantenerse por encima del destinatario de esa envidia. Es posible que ésta sea más intensa, cuando más cercanía haya entre estas personas (autor-lector).

 

Como decía antes, leer un texto activa una red de procesos psicológicos donde el lector experimenta muchas veces empatía, identificación y conexión emocional con el autor y/o los personajes. Lo escrito actúa como un puente que transmite el tono, las intenciones y el mundo interno de quien escribe hacia la mente de quien lo lee.

 

La neurociencia y la psicología cognitiva explican que, al leer, se activan áreas cerebrales en consonancia con los sentimientos que transmiten los personajes en la historia. Los principales sentimientos y respuestas incluyen: empatía, y emociones como alegría, tristeza o miedo según lo que se describe en la historia narrada de los protagonistas o en relación a las cuestiones que son consideradas en el ensayo o ficción. 

 

También se siente placer con la lectura que es el deleite espontáneo al conectar con una idea y valores o disfrutar de la belleza o simplemente con la corrección del lenguaje utilizado. Del mismo modo suele estar presente también el asombro ante giros inesperados o el descubrimiento de perspectivas que desafían las creencias propias o la visión que teníamos hasta ese momento sobre el tema en cuestión.

 

Finalmente, se puede sentir también rechazo, indignación o desasosiego ante las ideas expuestas o por el contrario una catarsis o sensación de desahogo y validación al ver los propios conflictos o emociones reflejados en las palabras descritas por otro.

 

Como dije anteriormente, un texto puede despertar una amplia variedad de sentimientos y emociones en el lector, dependiendo de la intencionalidad del autor, la temática y la propia sensibilidad del que lee.

 

Del mismo modo y con frecuencia, simplemente puede haber una necesidad de desconexión sea por aburrimiento, irritación o mala calidad del texto. 

Si duda también en estas reacciones puede estar presente el sentimiento de la envidia antes mencionado y los prejuicios en general.

 

En fin amigos, leamos con libertad, con el menor nivel de ideas preconcebidas posible y si nos asaltan esos sentimientos de rechazo antes referidos, hagamos un esfuerzo para analizar el porqué de los mismos.

Buena lectura.

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