¿Que está pasando en las universidades españolas?. E. Juliana

¿Qué está pasando en las universidades españolas?

Enric Juliana


(Publicado en La Vanguardia)



BATALLAS CULTURALES Y ALGO MÁS


Zafarrancho en la Ciudad Universitaria



La República Popular China se ha convertido en un gran acelerador de la competición económica internacional a todos los niveles. He ahí una de las grandes paradojas de nuestra época. China es capitalista, socialista y confuciana. En el año 2003, la universidad pública Jiao Tong de Shanghái creó un índice de calidad de las universidades de todo el mundo. ¿Qué pretendían? Querían aprender. Querían evaluar la brecha académica entre las universidades chinas y los principales centros educativos de otros países, comparando seis indicadores básicos, en los que destaca la investigación. Veintidós años después, el Índice de Shanghái es una referencia ineludible en el circuito académico internacional, y China ha logrado situar a 13 de sus universidades entre las cien mejores del mundo. La universidad española mejor clasificada es la Universitat de Barcelona (UB) que aparece en el bloque de las doscientas mejor puntuadas (rango 151-200). Desde hace unos catorce años, con algunas oscilaciones, la UB se mantiene en esa posición. La segunda mejor situada es la Universitat de València (201-300), seguida en el mismo escalón por la Autònoma de Barcelona, la Autónoma de Madrid, la Pompeu Fabra de Barcelona, la Universidad de Granada y la Universidad del País Vasco. El Índice de Shanghái incluye cada año mil universidades de todo el mundo.


Este año aparecen 36 universidades españolas en el ranking. Prácticamente, todas son públicas, con la única excepción de la Universidad de Navarra, fundada por el Opus Dei en 1952. Conclusión: aunque no alcancen posiciones de elite —los cien primeros puestos están prácticamente copados por Estados Unidos y el Reino Unido—, los estudios universitarios españoles son de calidad. Las universidades públicas son mejor evaluadas que las universidades privadas porque se dedican más intensivamente a la investigación, como veremos más adelante.


Y en España se habla estos días de crisis de la universidad pública, con tonos especialmente angustiantes en Madrid, donde seis centros (Complutense, Autónoma, Carlos III, Rey Juan Carlos, Alcalá y Politécnica) se hallan en una situación de mínimos porque el gobierno regional, claramente orientado a la potenciación de las universidades privadas, les está transfiriendo menos recursos. Les están cerrando el grifo en una clara maniobra de desestabilización. También en este capítulo, Madrid DF quiere ser singular. Hay convocadas dos jornadas de huelga en las universidades públicas madrileñas para la próxima semana.


¿Qué está pasando? Están pasando varias cosas a la vez y las vamos a intentar examinar con la ayuda de Santiago Fernández Muñoz, profesor de Geografía Humana en la universidad Carlos III de Madrid, experto en el análisis de políticas públicas.


En la actualidad hay cincuenta universidades públicas en España. En 1975, el año en que murió el general Franco, eran diecinueve. En 1982 ya había treinta, y en el 2000 se llegó a las cincuenta. La universidad contribuyó a legitimar la naciente democracia. Uno de sus objetivos fue extender la educación superior y permitir que las clases medias y trabajadoras accedieran a ella. Y en buena medida se logró. También ayudó a consolidar el Estado autonómico y a vertebrar el territorio. Se optó por una formación universitaria de proximidad, lo cual también fue un estímulo para los impulsos localistas. Hoy casi todas las capitales de provincia tienen centros universitarios. España es un país en el que cada capital de provincia ha exigido tener una estación de AVE, una universidad y un centro de arte contemporáneo. Lo damos por sentado, pero no es en absoluto frecuente en otros países de Europa.


El sistema universitario fue también un instrumento de reequilibrio territorial dentro de las propias comunidades. Madrid fundó la Universidad Carlos III en el sur metropolitano, ocupando antiguos cuarteles de Ejército, con Gregorio Peces Barba, uno de los padres de la Constitución, como primer rector. Había que acercar la universidad a los sures, a todos ellos. El Partido Popular de Madrid que siempre funciona de avanzadilla de los movimientos de fondo de la derecha española, reaccionó rápido y en cuanto llegó al poder creó una universidad pública a la que llamó Rey Juan Carlos para compensar el izquierdismo de la Carlos III. Muchos cuadros del PP se han formado en la universidad Rey Juan Carlos. Ahora la batalla ya se ha situado en otro terreno: universidades privadas versus universidades públicas.




La creación de un verdadero sistema universitario fue un éxito. En 1975 solo el 5% de la población entre 25 y 64 años tenía estudios superiores en España; hoy ese porcentaje supera el 50% y se sitúa por encima de la media en la OCDE y de la Unión Europea. Era un sistema con una alta calidad media. Todavía hoy la inmensa mayoría de los egresados universitarios españoles han estudiado en la pública, convertida en un verdadero instrumento de igualación social. Solo la citada Universidad de Navarra, creada por el Opus Dei, y la Universidad de Deusto, fundada por la Compañía de Jesús en 1886, competían con la universidad pública, con un gran nivel académico. La gran mayoría estudiaba en las universidades públicas, incluido el actual Rey de España. Claro contraste con la educación básica, en la que los colegios concertados y la educación privada mantienen una alta cuota.


El cambio comenzó en 1991, cuando el gobierno de Felipe González abrió la posibilidad de crear universidades privadas. En pocos años varias instituciones católicas fundaron nuevos centros: la Asociación Católica de Propagandistas creó la San Pablo CEU en 1993, los Legionarios de Cristo (congregación que ha sido reestructurada después de ser sometida a investigación por el Vaticano) creó la Francisco de Vitoria. Diversos centros educativos católicos catalanes, bajo la dirección del arzobispado de Barcelona, impulsaron en 1991 la Universitat Ramon Llull. La Universidad Católica de Murcia, bajo la influencia del Camino Neocatecumenal, se ha convertido con el paso del tiempo en un auténtico poder fáctico en la Región de Murcia. Iniciativas católicas muy diversas: entre los jesuitas de Deusto y los neocatecumenos de Murcia hay una notable distancia. También se sumaron diversas iniciativas puramente privadas, como la Universidad Europea de Madrid o la Antonio de Lebrija, entre otras. En la actualidad hay registradas en España 42 universidades privadas. Cincuenta de carácter público. Noventa y dos en total.




Las universidades privadas fueron creciendo lentamente, pero todavía en el 2010 el 88% de los alumnos se matriculaba en la pública. El origen del cambio fue la gran crisis financiera del 2008. Tras una década de fuerte expansión del gasto público en educación superior, a partir de 2011 las administraciones autonómicas aplicaron fuertes recortes y el gasto en educación superior cayó un 9% en 2012 y no empezó a recuperar los niveles previos a la crisis hasta en 2021. No fue así en todas las autonomías. Si descontamos la inflación, en Madrid el gasto en términos reales es un 26% menor al de 2009.


El resultado de los recortes fue el fuerte debilitamiento del sistema público universitario, especialmente en la Comunidad de Madrid. Podemos habla de la ‘batalla de Madrid’, claramente orientada a convertir la universidad pública en una realidad subalterna. Una década perdida que ha tenido como consecuencia la precarización del profesorado, el envejecimiento de las plantillas y de las instalaciones, y la merma en la investigación.


Aterricemos en los datos, porque algunos nos parecerán sorprendentes.

El sistema universitario, público y privado, ha crecido un 18% desde 2008 al tiempo que la población joven (18 a 25 años) se reducía un 23% desde principio de siglo. Más competición… y más alumnos provenientes del extranjero.


El número de alumnos universitarios matriculados en grados, másteres y doctorados se ha incrementado en un 21% en los últimos diez años, y ha sumado 326.000 nuevos alumnos, alcanzando el máximo en el curso 2024-25, con 1,8 millones de personas. Madrid y Catalunya, principalmente, se consolidan como polos de atracción de talento internacional, sobre todo latinoamericano, pero también chino, un dato relevante a retener.


La inmigración es solo una pequeña parte de este crecimiento, ya que la edad media de los migrantes que llegan a España es superior a los treinta años. Estudiantes de diversos países extranjeros se sienten atraídos por la oferta educativa española: pese a sus problemas el sistema universitario español sigue gozando de buena reputación; las matrículas no son las más caras, en comparación con los países anglosajones; en España no hay hostilidad hacia los estudiantes extranjeros (pese a los discursos políticos que puedan despuntar en esa línea), no hay restricciones gubernamentales, y para los estudiantes latinoamericanos el idioma es un gran acicate. Vienen más alumnos a realizar un curso siguiendo el programa Erasmus —la ciudad de Barcelona lo sabe bien—, pero sobre todo llegan más alumnos para cursar estudios con matrícula ordinaria. Más de 13.000 estudiantes chinos cursan sus estudios en las universidades españolas.



Ha crecido todo el sistema universitario, pero de forma muy desigual. Mientras las universidades públicas han sumado 21.000 alumnos en los últimos diez años, las privadas los han incrementado en 305.000. En el último curso, casi un 30% de los estudiantes se matricula en la privada, frente al 15% de hace una década. En el caso de los másteres, las universidades privadas han superado a las públicas y matriculan el 55% de los alumnos cuando hace diez años tenían el 32%.


El crecimiento del sistema universitario ha sido también desequilibrado territorialmente. Madrid es la gran beneficiada del proceso, la potente capacidad de agregación de Madrid, pero Catalunya, Navarra, Comunidad Valenciana o Castilla y León, donde destaca la Universidad de Salamanca, también han crecido con fuerza, más de un 20% en los últimos diez años. Madrid atrae un 35% de estudiantes foráneos sobre el total de residentes, seguida de Castilla y León y Catalunya. El 32% de los casi 250.000 alumnos universitarios que estudian en Madrid son de otras regiones, un porcentaje que ha crecido un 3,5% en los últimos años debido fundamentalmente a la expansión de las universidades privadas: el porcentaje de alumnos de fuera de Madrid en ellas es el 45%, mientras en las públicas se queda en el 26%. Muchas familias de la periferia española envían a sus hijos a estudiar un máster en una universidad privada de Madrid con la esperanza de que puedan hacer carrera en la capital de España. La prioridad de esa clase media ahora ya no es la desconcentración, tener una universidad cerca de casa. Atención a este dato.


Es también llamativo que las universidades privadas han crecido sobre todo en aquellas ramas donde el sistema público decidió no atender la fuerte demanda, especialmente en Ciencias de la Salud, donde más del 31% del alumnado se matricula en centros privados en el curso 2023-24. Para ser médico o enfermero formado en la pública es necesario ser prácticamente un superdotado. La nota media de acceso a Medicina supera el 12 sobre 14 y, en Madrid, Barcelona o Euskadi, alcanza más de 12,5; es decir, alumnos con una media entre 8,5 y 8,9 sobre 10. Algo similar ocurre en Enfermería, Fisioterapia o en titulaciones muy demandadas en el mercado laboral actual, como Matemáticas o Física.


Las notas de corte han generado un profundo desequilibrio social que nadie ha abordado. Un estudiante brillante, con una media de 8,9 que desee estudiar Medicina o Enfermería, Matemáticas o Física o Ingeniería Aeroespacial, debe renunciar a su vocación o acudir a la privada. Y no todas las familias pueden asumir los más de 100.000 euros que puede suponer cursar los seis años del grado en medicina. Resulta sorprendente que el Gobierno no haya reaccionado ante esta situación.


Hay otro hecho relevante poco conocido y que el lector debe conocer. Las universidades públicas y privadas son realidades muy diferentes. Las públicas no solo forman alumnos, sino que son, quizás ante todo, centros de investigación. Las universidades públicas son el motor de la ciencia en España: el 60% de las publicaciones científicas se realiza en las universidades. Las universidades privadas, en cambio, se orientan casi exclusivamente a la docencia y especialmente a los másteres: Mientras en las públicas los estudiantes de máster suponen el 11% de total, en las privadas alcanzan al 32%.


Hay datos que confirman esta dualidad. Entre las primeras 40 universidades del mejor ranking español (IVIE-BBVA) solo aparece una privada, la de Navarra, fundada en 1952, con un modelo de investigación similar a las públicas. El 97% de los de los contratos de investigación doctorales y postdoctorales se realizan en universidades públicas, y las privadas apenas representan el 4% de la financiación estatal de la investigación. Las universidades públicas y privadas son realidades muy diferentes, pero ambas expiden títulos universitarios.


Y en el DF hay una gran batalla en curso.

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