Editorial. Bucles y encrucijadas

 Editorial



Bucles y encrucijadas




También las indecisiones se toman, también dejar de hacer es una forma de hacer. Carmen Martín Gaite

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.  Franz Kafka


Queridos amigos:

En los próximos días entraremos en un mes peculiar donde por las fiestas navideñas y de fin de año nos veremos transportados a un periodo de reflexiones, balances, encuentros familiares y también espoleados hacia un consumismo vertiginoso.

 

Deseo que lo llevéis a este periodo lo mejor posible rescatando lo más importante que es el reencuentro afectivo con vuestros seres queridos.

Por la intensa y machacante propaganda se nos presentará un mundo donde todo parece felicidad, belleza, alegría y capacidad para obtener y lograr todo lo que deseamos.

 

Sin embargo, como ya he comentado en otras ocasiones esas sensaciones serán diferentes dependiendo del lugar en que nos encontremos, también de cuál sea nuestra posición económica, edad, estado de salud,  y compañía o soledad entre otros muchos factores.

 

Apenas unos días antes de escribir este editorial había releído un libro de Pinker, había escuchado algunas afirmaciones del filósofo y ensayista Javier Gomá y también me había informado respecto al primer estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre miedos e incertidumbres de la población española.


Según Pinker, (y yo lo comparto), quizás la humanidad vive, comparada a otras épocas, en una de sus mejores situaciones en cuanto a cuestiones como la violencia, ausencia de libertades, pobreza y enfermedades mortales. Obviamente esta es una mirada general, global ya que en algunos lugares del mundo la vida es un infierno. También Javier Gomá (conforme a un artículo del Diario Sur) comparte más o menos esta conclusión ya que nos dice que los árboles no nos dejan ver el bosque. Y por eso asegura que cada época tiene sus contradicciones que se traducen en su propia incapacidad para ver algunas evidencias. Y la de estos días -léase este siglo- es no saber contemplar nuestro bienestar social porque la indignación y el malestar no nos dejan ver el bosque. 

 

Gomá afirma que «vivimos el mejor momento de la historia, pero estamos muy enfadados y, por ese malestar en la ciudadanía del siglo XXI, se da la paradoja o el efecto de que no vemos que estamos en una buena situación y nos quejamos y enfadamos excesivamente. En su dictamen de la situación actual, Javier Gomá tira de la historia para diagnosticar la «anomalía» con respecto a otros momentos florecientes de la humanidad. «En las épocas de auge en las que la sociedad alcanzó la madurez, la gente sentía orgullo de pertenencia, como en la Atenas de Pericles, el imperio de Carlomagno, las ciudades de los Medici o la corte de Luis XIV, que fueron las mejores y todos estaban satisfechos”. Matizo esta afirmación del filósofo, diciendo que estarían satisfechos los de la clase pudiente y no los de las clases desfavorecidas y explotadas. 


 Gomá insiste que lo singular de nuestra época es que claramente estamos entre los que mejor viven, en lo material y en lo moral, pero lo que predomina en la sociedad contemporánea es el malestar» El miedo al futuro, a las repercusiones del cambio climático o de la inteligencia artificial, a las guerras, son algunas, entre otras de las expresiones de esa inquietud generalizada. No obstante, la mirada del ensayista, no es complaciente con estos tiempos, ya que es consciente de los problemas y disfunciones que produce la democracia liberal y el capitalismo, pero el filósofo tira de la memoria comparada para concluir que nuestra época es muy imperfecta, pero la menos imperfecta de toda la historia hasta ahora conocida.

 

Con unas conclusiones diferentes respecto al presente, el estudio actual del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), explora el miedo en la sociedad. Recordemos que el miedo  es una de las emociones fundamentales, compartida con otros animales, y sirve como un mecanismo de defensa para la supervivencia.  Sabemos que el miedo es una emoción básica y natural que surge ante la percepción de un peligro, ya sea este real o imaginario. Es una reacción de alerta que prepara el individuo para defenderse provocando respuestas variadas tanto físicas como psicológicas.


En dicho informe se dice que los españoles temen o tienen miedo por el trabajo, por las dificultades para acceder a una vivienda, por los estudios, por el riesgo de guerras y por la salud física y mental principalmente. El miedo está presente de forma muy extendida y este miedo no es igual para todos, pero en general se aprecia una pesadumbre generalizada y un “bajón” en la ciudadanía.

“Nuestro cerebro está preparado para detectar amenazas”, señala María Palau, psicóloga especialista en gestión emocional. “Cuando estamos expuestos de forma constante a noticias sobre conflictos, crisis o inestabilidad, especialmente si el mensaje apela al miedo, el sistema de alerta se activa todavía más”. Esta activación continua o crónica produce un desgaste y una sobrecarga en el individuo que se manifiesta en problemas de salud mental.

 

En el estudio del CIS se observa entre los encuestados que un 68% cree que el mundo va a peor, frente a un 27 que es algo más optimista. La sensación mejora ligerísimamente al circunscribir la pregunta al ámbito nacional, donde un 67,7% sigue creyendo que las cosas van mal. El miedo está más extendido en las mujeres que en los hombres pero en este punto, el factor diferencial no se encuentra en el género sino en la edad. Los jóvenes son mucho más pesimistas respecto al mundo actual. El 73% de aquellos que tienen entre 18 y 24 años consideran que va mal, porcentaje que se dispara hasta el 83% en la franja siguiente, de 24 a 34 años. El resto de grupos poblacionales varían entre el 62% y el 67%." 

El miedo es algo muy importante ya que es un arma política de primer nivel. El historiador Robert Peckham explica que el miedo, a lo largo de la historia, ha servido como herramienta coercitiva de poder y catalizador de cambio social. Sobre su primer uso, el mejor ejemplo lo tenemos en la Iglesia, que utilizó “un monopolio del miedo” durante siglos.

 

El miedo en la sociedad española es mutante y político. Por eso se encarna en distintas formas según las preocupaciones de cada uno. El problema de la vivienda es algo transversal y el trabajo también preocupa, en mayor o menor medida, a todos. Pero después los fantasmas se van adaptando a la ideología del temeroso. “Tienen que ver con aquellos temas que cada uno se ve más expuesto en sus círculos más cercanos ideológicamente”, explica Luis Miller, sociólogo e investigador del CSIC. “Por ejemplo, al 84% de los votantes de Vox le preocupa la ocupación ilegal, algo que preocupa poco al resto. A los votantes de izquierda les dan miedo las guerras y los conflictos actuales”. La inseguridad ciudadana pasa de un 73% a un 37% de preocupante, según la ideología de quien se dice asustado.

 

Al menos en este momento tras leer lo mencionado más arriba me he quedado algo atónito y confundido. 

 

Personalmente hago un esfuerzo para no estar sometido siempre a la misma fuente de noticias y varío los canales de televisión, periódicos o revistas. Jamás me informo por redes sociales y rechazo estar en grupo de wasap o similares, si estos son claramente tendenciosos.

Tengo una visión optimista de hacia donde va la historia, pero a pesar de ello me siento conmocionado y muy preocupado por el momento actual. Hace solo unos años atrás me hubiera parecido imposible la masacre realizada por Netanyahu en Palestina, los dislates y actitudes autoritarias del gobierno de USA, o la presencia de un dictador como Putin amenazando a toda Europa. También, aunque entiendo las causas, me sorprende y avergüenza la presencia en la política de individuos como Milei, Bolsonaro, Orbán, Maduro y todo el avance del populismo autoritario en el mundo. La ruptura de todos los acuerdos y leyes internacionales que se crearon para facilitar la convivencia y la contención, facilitan el camino para las guerras y el olvido de los derechos humanos.

 

Por todo esto siento que estamos en una encrucijada. Hago referencia con este término a un lugar donde se cruzan dos o más caminos, pero también al concepto que se refiere a un punto crítico o de decisión importante en la vida. 

Pienso que los ciudadanos debemos actuar y pronunciarnos sobre la sociedad que queremos. Debemos ser extremadamente críticos pero también debemos actuar y posicionarnos si estamos o no por una sociedad libre, democrática, basada en el las estructuras de un estado de derecho y donde predomine a pesar de un entorno hostil, los sentimientos de solidaridad, justicia, empatía y comprensión de nuestro presente, sin dejar de aprender de los errores del pasado. En el día a día el rechazo de la polarización inducida por los medios y provenientes de oscuras estrategias políticas, debiera ser unas de las acciones más importantes a desarrollar.

 

En fin amigos, al elegir si la historia evoluciona en bucle (donde todo se repite) prefiero sin duda la opinión que lo hace en forma de espiral, donde a pesar de idas y vueltas, siempre se avanza…



Para escapar un momento de la seriedad que conlleva el concepto de estar en un encrucijada, comparto con vosotros este chiste de Woody Allen sobre esa palabra:


“Más que en ningún otro momento de la historia, la humanidad se halla en una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación absoluta. El otro, a la extinción total. Quiera dios que tengamos la sabiduría de elegir correctamente.” 


Pero ya dejando los chistes a un lado, si no queremos ver nuestro mundo como se refleja en esta pintura de Meidner, debemos actuar, posicionarnos y luchar por nuestra libertad y por los valores que deben sustentar una sociedad civilizada, integradora y solidaria.


 
                                                   La casa de la esquina. L. Meidner

A continuación detallo los temas que hoy se tratan en Sinapsis. Os invito a leerlos, creo que todos son interesantes y nos aportarán elementos que nos enriquecerán en el análisis de nuestro presente.

1) Editorial. Bucles y encrucijadas
2) Artículo Recomendado: "La peor  democracia es preferible que a la mejor de las dictaduras". R. Amón
3) Las simples cosas. W. Gallardo
4) ¿Qué está pasando en las universidades españolas?. E. Juliana
5) ¿Retorno a la espiritualidad?. A. Ortí// C.J González Serrano
6) Libro/ Política/ Arte/Psicoanálisis
7) La química y la vida// La consciencia

Espero que estéis bien y me despido de vosotros con un fuerte abrazo. Al final de este texto comparto una breve columna de Berta González Harbour que aborda una temática similar al editorial. También os invito a escuchar esta playlist de Billie Holiday. Es excelente para disfrutar de la buena música.



Tengo miedo en el corazón

  • Berna González Harbour 

https://lectura.kioskoymas.com/article/281659671343717


Esto es algo que nadie que proceda de lugares más pobres, inciertos e inseguros podrá entender jamás, pero la realidad es que nuestra sociedad está atascada, paralizada. Tenemos médicos, colegios, carreteras, trenes, viajes, podemos pasear tranquilamente por la calle y manejamos cada día una alegría que nos levanta el ánimo ante un café o una caña en cualquier terraza al sol. La vida es bella por aquí, muy bella, reconozcámoslo.

Y, sin embargo, estamos atascados, atemorizados, los jóvenes especialmente nos están dando signos cada vez más claros de lo que tienen en el corazón: miedo, pesimismo, desconcierto ante un entorno que se ha vuelto hostil y que —creen— va a ir a peor. El último CIS recoge esa convicción: la tiene un 68% de la población en general, pero asciende a un 73% entre los 18 y los 24 años, y a un 83% en la franja siguiente, de 24 a 34 años. La pregunta es qué hacemos con todo esto: con un desfase entre la percepción de miles de inmigrantes que buscan aquí su paraíso y una población que está viendo el infierno. La filósofa Victoria Camps nos dice que los jóvenes carecen de motivos potentes que alimenten la esperanza. También nos dice que ya no hay un “nosotros” dispuesto a luchar por

La vida es bella, pero la sociedad está atascada mientras cumplimos un guion escrito desde lejos

un bien común y que la satisfacción del deseo ha sustituido a la libertad. Lean La sociedad de la desconfianza (Arpa), porque es urgente reflexionar. En el plano político, la lucha se libra en trincheras incomprensibles donde muchos ciudadanos no queremos estar.

En el plano moral, la ética se desvanece entre corrupciones (Ábalos, Cerdán), frivolidad (Mazón), naderías (Feijóo) y una resistencia sin fuelle (Sánchez) que no ofrece esperanza ninguna. En el plano internacional, la agresión es bienvenida y se convierte en el único lenguaje en vigor. En el plano social, la desigualdad crece y los servicios públicos se deterioran sin que nadie nos explique qué ganamos a cambio, salvo un impulso al individualismo y el consumismo salvaje como tristes motores de país, de civilización. Y sin que nadie nos explique para qué sirve una democracia o un Estado de bienestar si no es capaz de resolver un problema urgente como la vivienda. El nihilismo galopa a la vuelta de la esquina.

Dijo Franklin Delano Roosevelt que a lo único que debemos tener miedo es al propio miedo. Yo no tengo miedo al miedo. Tengo miedo a un guion escrito fuera de aquí para minar las universidades públicas, la sanidad, la verdad y el valor de la colectividad. Tengo miedo a todo eso. Porque está ocurriendo.

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