Historias de la Ciencia. Gabriela Morreale y las Hurdes. F. Soriguer

                                    HISTORIAS DE LA CIENCIA CON MORALEJA


                                              Federico Soriguer


 

                                             ENTREGA Nº 20

                     Gabriela Morreale y las Hurdes

                                                                                  Gabriela Morreale


Capítulos ya publicados 

1. El precio de la ignorancia. Marcel Proust y compañía. (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/01/historias-de-la-ciencia-con-moraleja-i.html) 

2. La guerra de los huesos. 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/la-guerra-de-los-huesos-f-soriguer.html?m=1) 

3. Koch, Ferrán y Cajal. Un cruce de historias (http://joaquinperal.blogspot.com/2025/02/koch-ferran-y-cajal-un-cruce-de.html) 

4. Una factoría de genios 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/una-factoria-de-genios-f-soriguer_7.html%.) 

5. Cajal, Río Hortega y los “Fake News .

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/03/cajal-rio-hortega-y-las-fake-newsv-f.html) 

6. No es la raza, imbécil. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/no-es-la-raza-imbecil-vi-f-soriguer.html) 

7. Lombroso.

 (https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/lombroso-vii-historias-de-la-ciencia.html) 

8. Pero, ¿existe tal cosa como el método científico? 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/04/historias-de-la-ciencia-octava-entrega.html) 

9. El caso Lysenko: Ciencia burguesa frente a ciencia proletaria 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/05/historias-de-la-ciencia-lysenko-9.html) 

10. TUSKEGEE 

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/06/historias-de-la-ciencia10- entrega.html 

11. (Primera parte) Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables (PIMERA PARTE). 

(http://joaquinperal.blogspot.com/2025/07/historias-de-la-ciencia-kropotkin-f.html) 

12. (Segunda parte). Piotr (Pedro) Kropotkin. Cuando la ciencia y la política son inseparables. 

(https://joaquinperal.blogspot.com/2025/08/historias-de-la-ciencia-11-entrega-2.html) 

13. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Primera parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-1.html

14. La expedición de Balmis. Un ejemplo de altruismo científico. (Segunda parte) 

http://joaquinperal.blogspot.com/2025/09/historia-de-la-ciencia-entrega-n-13-2.html

15. Fidel Pagés. El descubrimiento de la epidural.  Divinum opus sedare dolorem es. https://joaquinperal.blogspot.com/2025/10/el-descubrimiento-de-la-epidural.html

16 Creadores contra científicos. Por una tilde, ¡que no haría yo por una tilde!

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/11/historias-de-la-ciencia-entrega-n-16-f.html

17.  Egas Moniz y la psicocirugía

https://joaquinperal.blogspot.com/2025/12/historia-de-la-ciencia-con-moraleja-17.html

18. Dr. Placebo

https://joaquinperal.blogspot.com/search?updated-max=2026-01-20T07:06:00-08:00&max-results=11&m=1

 

19. Madame Curie y la primera guerra mundial), (autora:Drª Maricruz Almaraz.. https://joaquinperal.blogspot.com/2026/02/historias-de-la-ciencia-madame-curie-y.html


                                                         ENTREGA Nº 20

                    Gabriela Morreale y las Hurdes


                                                                       Federico Soriguer

 

Esta es la historia de una científica, Gabriela Morreale (y por extensión de Francisco Escobar del Rey su marido, también científico) que han dedicado toda su vida a la investigación del metabolismo del tiroides y  a la prevención de la deficiencia nutricional de yodo.   

Antes de conocerlos personalmente ya les seguí el rastro en mi primer viaje a las Hurdes. De esto hace ahora más de 50 años.  Las Hurdes es una   región del norte de Cáceres conocida desde tiempo inmemorial por la  tipología de sus habitantes,  que solo más tarde se asoció a una carencia importante de yodo en la dieta[1]. Fue en el verano del 70  como parte de un grupo que desde la Facultad de Medicina de Sevilla pretendíamos  estudiar el metabolismo de los lípidos y la fluorosis asociada  a la bien conocida deficiencia de yodo de la zona. Y lo primero que descubrimos es que allá a dónde íbamos estaba  presente la visita del Rey Alfonso XIII en 1922 y la muy reciente visita de unos científicos de Madrid, que no eran otros que Gabriela y Paco[2]. Yo era un recién graduado que formaba parte de un grupo que dirigía el profesor Yañez Polo, y ellos ya tenían un consolidado prestigio científico.   Tardé aun algún tiempo en conocerlos personalmente pero ya desde aquel primer viaje a las Hurdes fueron (sobre todo Gabriela) una referencia obligada en todo lo que después, ya con grupo propio de investigación, seguimos haciendo sobre la epidemiología y la epidemiología clínica de la deficiencia de yodo en España.

Gabriela nació en Milán en 1930. Aunque viajó de niña por Europa y Estados Unidos, completó sus estudios universitarios en España. En 1951 se graduaba en Químicas por la Universidad de Granada, donde comenzó a trabajar en el departamento de Ortiz de Landázuri,  sobre el bocio endémico asociado a la deficiencia de yodo en  las Alpujarras. En Granada conocería a   Francisco Escobar del Rey que sería su marido y su gran colaborador a lo largo de toda su dilatada vida científica. Muy jóvenes hicieron  juntos  una estancia en la Universidad de Leiden, en Holanda, en el departamento del profesor Querido[3], donde trabajaron sobre la fisiología del tiroides y su relación con el metabolismo del yodo, tarea que nunca abandonaron. Vuelven a España en 1958 incorporándose al CSIC donde organizan una unidad para el estudio de la fisiología del tiroides. En 1974 se trasladaron a la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, donde en 1984 co-fundaron y dirigieron el  Instituto de Investigaciones biomédicas(IIB), resultado de la  unificación del Instituto de Enzimología y Patología Molecular con la Unidad de Endocrinología Experimental (Instituto Marañón).[4] 

Desde su vuelta a España   desarrollan una enorme cantidad de proyectos e iniciativas, creando un gran grupo de investigación del que salieron una oleada de clínicos, epidemiólogos y científicos básicos, interesados en  la fisiopatología del tiroides y en la deficiencia de yodo, entre las que yo mismo me encuentro,  ola que ha sobrepasado ampliamente los límites de su laboratorio y los de su propio grupo de investigación.  Gabriela ha sido una investigadora básica  que como tal hizo contribuciones únicas y muy influyentes a la fisiopatología de la tiroides,  particularmente durante  el embarazo y en el desarrollo cerebral fetal[5].  Contra el viejo pensamiento de que la placenta era impermeable a las hormonas tiroideas, ella demostró que hay una transferencia de hormonas tiroideas de la madre al feto desde las primeras etapas gestacionales, y que la transferencia materna de T4 es importante para el desarrollo del cerebro fetal, lo que plantea la cuestión de que sea la hipotiroxinemia materna  la   perjudicial para el feto. 

Gracias a sus trabajos hoy sabemos, por ejemplo, que la satisfactoria respuesta al tratamiento de los niños nacidos con hipotiroidismo congénito es porque el cerebro de los niños ha sido “protegido” del  cretinismo (deficiencia intelectual profunda)   porque, precisamente,  la hormona tiroidea (T4) materna, en contra de lo que se creía, atraviesa la barrera placentaria y protege al cerebro del niño, en un momento en el que necesita de la T4 para continuar su crecimiento y maduración. Es ésta también la razón de por qué en las zonas con deficiencia de yodo los niños nacen cretinos pues las madres carecen del necesario yodo para que se sintetice  la hormona tiroidea[6]. Buena parte de todo esto, que es hoy un lugar común de la tiroideología, ha sido el resultado de un trabajo muy concienzudo experimental y metodológico del grupo de Gabriela Morreale, publicado en las mejores revistas científicas del mundo, modelo que ha ido calando en la comunidad científica, convirtiendo los trabajos de ella y de su grupo en una referencia internacional obligada. 


Gabriela Morreale fue además una mujer  muy activa e influyente en las sociedades científicas españolas e internacionales, siendo una de las fundadoras de la Asociación Europea de Tiroides en 1967 y presidenta de la misma desde 1978 a 1980. Entre sus muchos premios y reconocimientos recibió el Premio Reina Sofía de Prevención de la subnormalidad (1983), el Premio de la Asociación Europea de Tiroides en 1985 y el Premio  Serge Lissitzky en 2009[7]. Varias generaciones de científicos iniciaron su investigación en su laboratorio, permaneciendo activa hasta muchos años después de su retiro oficial, siendo una fuente continua de inspiración para quienes tuvimos la suerte de conocerla. Paco Escobar falleció en 2015 y Gabriela falleció en  2017. Tras su muerte  ha recibido numerosos homenajes y al menos se ha escrito un libro sobre su vida con   el que el lector interesado puede ampliar  información sobre  ella.[8]

 

Pero Gabriela y Paco no se conformaron con los estudios experimentales. Lo que ambos querían, además, era solucionar dos de los problemas de salud pública más importante relacionados con la salud cognitiva de los niños.   Por un lado la detección precoz del hipotiroidismo congénito como condición indispensable para un eficaz tratamiento con  levotiroxina y, por otro, el  diagnóstico de  la deficiencia de yodo en la dieta y su prevención, causantes ambos de serios problemas cognitivos en los niños por falta de maduración intelectual en el embarazo y en la primera infancia.  El hipotiroidismo congénito ha sido una de las causas más frecuentes de retraso mental severo potencialmente prevenible. El tratamiento con hormona tiroidea en las primeras horas del nacimiento previene el desarrollo de cretinismo, pero antes de que existiera un programa de cribado neonatal el diagnóstico, cuando se hacía, era clínico y en la mayoría de las veces demasiado tardío como para evitar el retraso intelectual. El programa de detección precoz del hipotiroidismo congénito en España fue puesto en marcha en Málaga[9], Madrid y Zaragoza, pero fue  Gabriela, junto a sus colaboradores  la que con su autoridad fue capaz de en poco tiempo de conseguir que se extendiera el programa de detección precoz por todo el país, gracias al cual desde hace ya más de 40 años se ha podido evitar el retraso mental de aproximadamente unos 150 niños por año.  Los endocrinólogos con suficiente perspectiva, que todavía vimos a personas con cretinismo de la época anterior y que hemos podido seguir a todos estos niños ya precozmente diagnosticados, sabemos lo que ha significado para los niños, para las familias y para el país, la puesta en marcha y la universalización del programa de detección precoz del hipotiroidismo congénito. 


La segunda iniciativa tiene que ver con la lucha por la erradicación de la deficiencia de yodo.  Los efectos de una deficiencia severa de yodo en la dieta son bien conocidos desde muy antiguo. En ciertas regiones de Suiza, sin ir más lejos, antes de la profilaxis, el 0,5% de los habitantes eran cretinos, casi el 100% de los escolares tenían bocios grandes y hasta el 30% de los hombres jóvenes no eran aptos para el servicio militar debido a un gran bocio. La yodación de la sal se introdujo en 1922 a una concentración de  3,75 mg I por kg, duplicándose el  contenido en 1962 y 1980, hasta los actuales 15 mg I por kg. En 1988, el 92% de la sal al por menor y el 76% de toda la sal para consumo humano (incluida la industria alimentaria) fue yodada, a pesar de que su uso es voluntario. La excreción urinaria de yodo, anteriormente entre 18 y 64 microgramos por día,  subió  a 160 microgramos por día. En Suiza no se han identificado nuevos cretinos endémicos nacidos después de 1930.[10], [11] Algo similar ocurría en algunas regiones de EEUU antes de que Marine y Kimball en 1917 pusieran en marcha los programas de yodación de la sal común[12].  En España prácticamente en todas las regiones han existido zonas donde nacían niños con bocio y ocasionalmente con cretinismo asociado a la baja ingesta de yodo. El lugar más conocido, pero no el único en absoluto, ha sido  Las Hurdes con el que hemos comenzado  este capítulo.  A las Hurdes las dio a conocer Marañón, quien organizó en 1922 el  famoso viaje de Alfonso XIII para que viese  de primera mano la precaria situación social y sanitaria de la zona.[13] 


En otro lugar hemos escrito que más que un viaje fue una excursión y ahora comentaremos por qué. El viaje vino precedido por una expedición de Marañón y Bardají, comisionados por el Gobierno, cuyas notas del viaje adquieren los tonos épicos de las grandes expediciones del siglo XX a un confín inexplorado (que solo estaba por cierto a menos de 300 km de Madrid, una  distancia nada exagerada ni siquiera para aquella época). A su regreso, Marañón y Bardají redactaron un amplio informe en el que describían la situación de extrema penuria y aislamiento de unas gentes en las que se habían cebado lacras endémicas como el bocio, el cretinismo, la tuberculosis; signos externos todos de una miseria sin paliativos. El viaje sirvió, desde luego, para reforzar la campechanía del monarca  y para crear  el  Real Patronato de Las Hurdes[14], cuyo objetivo principal era sacar de la incuria y de la insania secular a la región. El Real patronato funcionó entre 1922 y 1931, año en el que se le apeó el Real pasando a ser sólo Patronato   Nacional de  las Hurdes, manteniendo sus objetivos. El Patronato siguió funcionando durante el franquismo y en 1981, con la llegada de la democracia,  fue reformado, cambiando la estructura y composición[15]. ¿Sirvió para algo el Patronato? Pues para erradicar la miseria y la deficiencia de yodo no. Es posible que cuando visité por primera vez  las Hurdes en 1970 y en 1971 la situación fuese algo mejor que la que describió Buñuel en 1933, o la que cantó   Gabriel y Galán en un poema leído a Alfonso XIII : "Señor, en tierras hermanas / de estas tierras castellanas / no viven vida de humanos nuestros míseros hermanos de las montañas jurdanas"[16], pero sí de aquel viaje tengo algún recuerdo es el de la pobreza social, cultural y sanitaria de la zona. 


Salvo en las alquerías de las Hurdes Bajas, mejor cuidadas, en 1970 ninguna de las Hurdes altas tenia carretera de acceso, de hecho, todo el material de laboratorio y radiológico lo teníamos que transportar por las empinadas veredas a lomos de burro o de mulo. La situación clínica y nutricional era precaria, la ingesta calórica y proteica, la talla y el IMC eran muy bajos, y aún conservo una buena colección del estado dental de las personas que estudiamos pues entre el grupo de investigación había un dentista que dejó una buena muestra de la (mala) salud bucal de aquellos hurdanos. Las calles no estaban asfaltadas y todavía la mayoría de la gente de las alquerías altas vivían en casas de piedra con techos negros de pizarra que compartían con los animales y en la mayoría de las casas no había ni agua corriente ni luz eléctrica.  De hecho, el laboratorio y el improvisado estudio de radiología lo teníamos que ubicar en el único punto electrificado de la alquería que solía ser una escuela rural, una ermita, o un consultorio médico. Por supuesto la prevalencia de bocio era muy alta y la ingesta de yodo muy baja, junto a otros marcadores de deficiencia nutricional y de salud pública [17],[18], que completaban  los hallazgos de Gabriela y  Paco.[19],[20]   


Me ahorro detalles de aquel viaje, pero la experiencia reforzaría la imagen de unas Hurdes muy pobres y sanitariamente muy deficientes,  imagen que ya a una parte de los hurdanos de ese momento incomodaba, pues no todos se sentían reconocidos en aquella descripción tan negra. Pero en todo caso a la pregunta de si aquel Patronato había servido para algo, la respuesta, como ya se ha adelantado, es que a finales de los sesenta no, desde luego, para solucionar el problema socioeconómico ni sanitario de las Hurdes, que se habían, incluso, visto agravados por un plan de reforestación que iniciado bastantes años antes había reducido sensiblemente el pastoreo que era la única fuente de proteínas de unos habitantes que vivían aislados del resto del mundo.  Un problema no tan complicado de resolver, como se demostró en pocos años tras la llegada de la democracia con el retorno de los  emigrantes,  la mejora de los accesos y servicios urbanos,  como ya tuvimos ocasión de comprobar en una nueva visita en los comienzos de los ochenta, en la que el paisaje urbano había cambiado  por completo, se habían hecho carreteras y construido servicios convirtiendo a las Hurdes en una de las más hermosas regiones de Extremadura, liberándose, por fin,  del estigma del bocio y el cretinismo que les había acompañado a lo largo de la historia.[21]

Gabriela Morreale, ya lo hemos dicho, era una investigadora básica, que tuvo claro que no basta con generar conocimiento en los laboratorios, sino que hay que trabajar desde la autoridad que da ese mismo conocimiento,  para que la sociedad se beneficie. Y una de las formas de hacerlo fue con la creación de un grupo de trabajo sobre trastornos por deficiencia de yodo dentro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición de la que llego a ser presidenta entre 1975 y 1979. Grupo al que inmediatamente nos apuntamos numerosos endocrinólogos, jóvenes y no tanto, investigadores básicos, médicos de familia, bioquímicos, ginecólogos, epidemiólogos, pediatras, entre otras disciplinas, gentes, en fin, que ya participábamos del entusiasmo de Gabriela y Paco por erradicar la deficiencia de yodo en España, grupo que ha mantenido una ininterrumpida actividad  a lo largo de cuarenta años y  que algunos de aquellos jóvenes con el tiempo, llegaríamos a coordinar. 


Colaborar con Gabriela Morreale, recibir en directo su testimonio, su ejemplo, su ilusión por seguir investigando, su frescura intelectual y con el paso de los años su creciente sabiduría, ha sido un gran regalo. Como lo ha sido también asistir emocionado y respetuoso al declive de los últimos meses antes de su fallecimiento, clara advertencia del destino fatal que a todos nos espera, pues estuvo trabajando mientras tuvo fuerzas para ello.  A lo largo de los años he podido  compartir con el resto de los miembros del grupo TDY (trastornos por deficiencia de yodo), el entusiasmo por un proyecto académico, científico, clínico, epidemiológico y, sobre todo, político pues el objetivo final era conseguir de las administraciones públicas “la yodación universal de la sal” como el mejor instrumento para la erradicación permanente   de la deficiencia de yodo en nuestro país.  Permanecer fiel a una línea de investigación y hacerlo, además, bien acompañado permite ver como el mismo problema va cambiando con el paso del tiempo. Es lo que ha ocurrido con la deficiencia de yodo cuyo interés inicialmente residía en la prevención del bocio y del cretinismo. Pero a medida que la sociedad mejoraba su nivel de vida y que la investigación científica fue adquiriendo una nueva dimensión, los objetivos, han ido cambiando y se han hecho más ambiciosos. 

 En 1960  Hetzel puso nombre (IDD: Iodine Deficiency Disorder, en español TDY: Trastornos por deficiencia de yodo) a algo que ya todos los estudiosos estaban comenzando a observar: que el bocio y el cretinismo no son más que la cabeza de un gran iceberg y que cualquier deficiencia de yodo en la dieta (no solo las grandes deficiencias de yodo)  generan problemas neurocognitivos en los niños.   Y es en este nuevo escenario en donde muchos hemos acompañado a Gabriela que con sus estudios experimentales mostraba una y otra vez la necesidad de mantener  unos niveles adecuados de T4 en el embarazo al tiempo que los estudios poblacionales y clínicos,  demostraban en el mundo real como, por ejemplo,  los niños  (aparentemente sanos,  por otro lado) que tomaban menos sal yodada y eliminaban menos yodo por la orina tenían más probabilidades de tener el “oído más duro”[22] o un IQ ligeramente menor que  el resto [23]o como los recién nacidos de madres que tomaban dosis suplementarias de IK tenían una mejor maduración neurocognitiva.[24]

Acompañar a Gabriela Morreale en los debates académicos en los que casi siempre ella tenía, si no la última palabra si la del peso de su autoridad científica y personal, o en las reuniones con responsables sanitarios o empresariales, reuniones siempre relacionados con el objetivo de la prevención de la deficiencia de yodo, fueron para mi motivo de aprendizaje, pero también de goce moral e intelectual.

Gabriela pertenecía a una generación heredera  de la de Marañón en la que las consecuencias clínicas de la deficiencia de yodo eran tan evidentes que lo increíble es que medidas tan baratas y eficaces con la de la yodación universal de la sal no se hubieran puesto en marcha o no se hubieran mantenido e institucionalizado con la continuidad  suficiente como para erradicar la deficiencia, tal como se había conseguido en países como Suiza, en donde la yodación de la sal era parte de una política nacional de salud pública o  en EEUU en  donde se yodaba hasta el pan o en muchos países en desarrollo como parte de una política de la OMS.[25] 

En España, sin embargo,  nunca hubo una estrategia nacional de prevención de la deficiencia de yodo, a pesar de que numerosos estudios realizados por el grupo de trabajo sobre deficiencia de yodo de la SEEN hubieran demostrado a lo largo de las ultimas décadas que prácticamente en todo el país había una deficiencia subclínica  poblacional de yodo (IDD o TDY).[26]

Poco a poco los esfuerzos de Gabriela y del grupo fueron consiguiendo la adhesión de otras sociedades científicas, como las de los ginecólogos y los médicos de atención primaria y entre todos se consiguió que la administración sanitaria pusiera en marcha programas de protección y yodoprofilaxis de la deficiencia de yodo en el embarazo y que de manera voluntaria la gente consumiera preferentemente sal yodada. Los esfuerzos locales en comunidades como Asturias[27] demostraron sobradamente lo que se sabe desde hace más 100 años y en todo el mundo: que una política que estimula el consumo de sal yodada disminuye la prevalencia de bocio endémico y mejora la maduración neurocognitiva de los niños.

Pero lo que realmente ha mejorado el estado de nutrición en toda España y sobre todo en los niños  no ha sido las inexistentes campañas nacionales ni las precarias recomendaciones institucionales sobre el embarazo, ni el empeño de la comunidad científica representado aquí por Gabriel Morreale y Francisco Escobar, sino el aumento de la concentración de yodo  en las leches del mercado español gracias a una política veterinaria que ha aumentado la cantidad de yodo en los piensos del ganado vacuno, con el objetivo de mejorar la producción láctea y cárnica, como pudimos comprobar en un trabajo conjunto realizado con Gabriela[28] . Una medida que ha beneficiado indirectamente a la población general especialmente a las mujeres embarazadas y a los niños.

Los médicos sabemos que la manera de enfermar está estrechamente condicionada por las circunstancias.  Ha pasado más de medio siglo desde que conocí a Gabriela Morreale y más de setenta desde que ella y Paco comenzaron a interesarse por la deficiencia de yodo en la dieta. Mientras tanto el mundo ha cambiado ¡y cómo¡  A medida   que la sociedad aumenta  su nivel de vida, y, sobre todo,  a medida que aumenta el  conocimiento sobre cualquier tema, también aumenta su complejidad. En biología y más aún en biomedicina no hay leyes que el paso del tiempo no las ponga patas arriba, ni hay generaciones de científicos cuyos conocimientos no sean impugnados por las siguientes. Este ha sido también el caso de las relaciones entre la ingesta de yodo y la maduración neurocognitiva de los niños.  A medida que la ingesta de yodo en la población ha ido aumentando algunos estudios epidemiológicos han comenzado a encontrar resultados que aparentemente impugnan el paradigma basado en la relación yodo en la dieta -maduracion neurocognigtia de los niños, tan claro, después de medio siglo de investigación, en los modelos clínicos y experimentales tradicionales.[29]  

No le tocó ya esta época a Gabriela Morreale y bien que hemos echado en falta sus consejos e incluso sus experimentos que nos ayudaran a entender que es lo que ahora está ocurriendo, pues estos resultados discordantes con el modelo estándar están siendo aprovechados por los negacionistas de la yodoprofilaxis para paralizar las tímidas iniciativas que se iban consiguiendo  sobre la yodación universal de la sal como la medida eficaz que garantice una nutrición suficiente de yodo  y estable en el tiempo para toda la población infantil. La vieja escuela, herederos  intelectuales de Gabriela Morreale también está ya siendo jubilada o desapareciendo e incluso el propio grupo de trabajo  de la SEEN que tan activo ha sido y tan útil para conseguir los objetivos de mejorar la salud de la nutrición infantil, ha cambiado su estructura sin que los nuevos directivos de la SEEN hayan dado más razones que las económicas pues con la nueva estructura, dicen, es más fácil conseguir recursos, aunque el efecto haya  sido que el grupo ha perdido esa vocación de servicio a una causa de salud pública para convertirse en un instrumento burocratizado en torno a los intereses  de una sociedad científica y no de la salud pública. 

Pero no queremos seguir por este camino pues hablar del yodo en este capítulo es una disculpa para hablar de Gabriela Morreale,  una de las grandes científicas de este país a la que tuve la fortuna de conocer y con la que colaboré en numerosas iniciativas entre otras en el apasionante proyecto de eliminar la deficiencia de yodo en España. 

Esta historia de Gabriela Morreale, aquí brevemente consignada, nos deja muchas lecciones. A nivel personal el testimonio de un matrimonio de científicos que han sido capaces de compartir el entusiasmo por la ciencia. Pero en el caso de Paco Escobar es obligado reconocerle, en estos tiempos del Me Too, que siendo un científico muy cualificado supo dejarle todo el protagonismo a Gabriela, ofreciéndole su apoyo sin reservas y con entusiasmo, en una época en que el actual debate sobre las relaciones entre los sexos no era ni siquiera imaginable.  Un gesto natural e inteligente que Gabriela supo devolver, por ejemplo, firmando buena parte de sus artículos con su apellido y el de casada, G. Morreale de Escobar, siguiendo la costumbre de la época, sin que por eso perdiera ni un ápice de su protagonismo académico o personal. 

Gabriela y Paco son también un ejemplo de que,  pasado el terrible desierto de la guerra civil en el que lo mejor de la ciencia y de la cultura de este país fue asesinado, encarcelado, depurado  o tuvo que exilarse, bien pronto ya durante los primeros y oscuros años de la  dictadura,  hubieron jóvenes que se arremangaron y sin encomendarse ni al dios de la disidencia ni al diablo de la dictadura decidieron iniciar una carrera científica que en el caso de Gabriela Morreale, muchos años después, terminaría convirtiéndola en una de las grandes científicas del país por lo que recibió numerosos reconocimientos nacionales e internacionales, pero que, sobre todo, dejó un gran legado, referencia  obligada en algunas de las grandes cuestiones de la tiroidología. Sí, el franquismo, la larga dictadura, la pérdida de los grandes científicos de aquella edad de plata de la ciencia anterior a la guerra civil, fue una catástrofe de la que probablemente aun no nos hemos recuperado, pero no es menos cierto que como hemos recordado en muchos otros momentos,  en este país aun en las épocas de mayor desventura siempre hubieron personas que decidieron dejarse llevar por la pasión científica y obrar en consecuencia. Una cuestión que ya supieron ver historiadores de la ciencia tan distintos como Laín Entralgo[30] o José Maria López Piñero.[31]

La historia de la doctora Gabriela Morreale es también la historia de un modelo científico que no se conforma con hacer ciencia básica o fundamental sino que consciente de su responsabilidad decide intervenir en la vida pública (en este caso de la salud pública) para desde la autoridad que le da su propia experiencia científica y los resultados de sus investigaciones,  intentar introducir medidas que mejoren la salud de la población, como han sido, con gran éxito, el caso  del programas de detección precoz del hipotiroidismo congénito y el  de la prevención de la deficiencia de yodo (yodación universal de la sal), cuyas dificultades  para ponerlo en marcha exasperaban a Gabriela incapaz de comprender que algo tan aparentemente sencillo fuese negado sistemáticamente por las autoridades sanitarias.

Y es del afrontamiento de estas dificultades de donde hemos recibido, también, una gran enseñanza de Gabriela Morreale (y de Paco). Don Santiago Ramón y Cajal decía en sus “Reglas y Consejos..”, que la constancia es la inteligencia de los pobres.  Y de esta Gabriela y Paco dieron muestras sobradas. El mundo real es siempre mucho más complejo que el mundo de un laboratorio, que es el terreno en el que Gabriela se movía muy bien. El salto a la salud pública era también el salto a la política, aunque ella se limitara al activismo ciudadano.   Tampoco yo tengo una explicación clara de las razones de por qué las administraciones sanitarias no tomaron nunca la decisión de poner en marcha un programa de yodación universal de la sal como se había hecho ya desde los años veinte en muchos países, entre ellos países en vías de desarrollo que siguiendo las recomendaciones de la OMS habían conseguido erradicar la deficiencia de yodo. Probablemente para las autoridades sanitarias el reconocer que en nuestro país había deficiencia de yodo podría ser considerado como un estigma políticamente inaceptable, pero había también razones técnicas que sólo más tarde afloraron y  que tenían que ver con  las reservas de los técnicos de salud pública de muchas administraciones,  que veían con recelo la injerencia de científicos básicos y de clínicos metidos a epidemiólogos pretendiendo imponer medidas de salud pública de las que ellos luego tendrían que dar cuentas, especialmente en una época como aquella  (antes del Covid19) en la que ya prácticamente nada ni siquiera las vacunas se puede imponer, si acaso solo recomendar. Y en eso se quedaron todas las iniciativas, en recomendaciones que eran como el humo pues aun hoy, probablemente,  menos del 50 % de la población adulta consume preferentemente sal yodada. En todo caso las relaciones entre ciencia y poder son un asunto complejo del que nos hemos ocupado en otro momento.[32]. 

Esta historia pone también de manifiesto como las lógicas que anidan en el interior de cada disciplina, la investigación científica básica, la clínica y la epidemiológica,  son distintas, como serían también los intereses que cada una representan,  lo que explicaría en parte la adjudicación de distintos significados e interpretaciones a los mismos problemas e incluso a los mismos resultados.  Pero esta historia de varias décadas muestra cómo es posible establecer en nuestro país colaboraciones estables  multi e interdisciplinares,  La teoría de  sistemas es un concepto más fácil de definir y de aceptar que de llevarla a la práctica. Esta  distinta mirada, representada hoy aquí por la convivencia no siempre pacífica,  entre la investigación básica, la clínica, la epidemiológica y la salud pública, es la que hace a  Mario Bunge[33], considerar a la medicina como el escenario más adecuado  en la que poder desarrollar todas las posibilidades de la teoría de sistemas. Algo que esta aun por explorar en todas sus posibilidades.  

Quisiera terminar con dos historias. A comienzos del presente siglo, una joven doctora de Jaén[34] se acercó a un eminente profesor de patología de la Universidad de Granada porque quería hacer una tesis doctoral sobre el yodo. Aquel profesor le contestó que lo del yodo era un tema resuelto y agotado y la joven doctora terminó haciéndola en Málaga.  Gracias a  sus trabajos pudimos ver como los niños de la provincia de Jaén que tomaban menos sal yodada y orinaban  menos yodo tenían un promedio de 4 puntos menos de IQ que el resto, tal como antes habíamos podido demostrar en  la Axarquía con otra joven doctora[35] que los niños que toman menos sal yodada necesitan más decibelios para las mismas frecuencias (es decir que tenían el oído más duro) o con otra joven doctora[36], en fin, en Osuna que los RN de las mujeres a los que se les administraban un suplemento de IK mejoraban su actividad cognitiva.  Estudios todos ellos deudores del estímulo de Gabriela y Paco. ¡Qué razón llevaba don Santiago Ramón y Cajal cuando en Reglas y Consejo decía aquello de que no hay temas agotados sino científicos agotados por los temas! No fue, desde luego,  el caso de Gabriela, cuyo gran preocupación, en los últimos años, cuando ya le fallaban las fuerzas,  era sobre todo que no pudiera llevar a cabo todas  las ideas que le bullían en la cabeza. 

La última historia tiene que ver con la política de prevención de la deficiencia de yodo a nivel nacional (Gabriela y Paco siempre llevaron mal la atomización sanitaria en 17 CCAA cada una de ellas con su política de salud pública).  Paco Escobar y Gabriela Morreale pudieron conocer antes de morir la mejoría en la ingesta de yodo en nuestro país. Pero eso no les dejaba nada tranquilos. Sabían por qué había ocurrido y conocían bien el mal ejemplo de UK (Reino Unido). Al menos desde 1800 y hasta bien entrado el siglo XX la deficiencia de yodo y el bocio endémico asociado  fue un problema frecuente en UK[37]. La ingesta de yodo aumentó circunstancialmente a partir de 1930 cuando el yodo fue añadido por los granjeros británicos como mejora de la producción cárnica y como desinfectante de las ubres y prevención de las mastitis de las vacas. Una medida que tuvo un beneficio no previsto como fue el de aumentar la ingesta de yodo en la leche hasta desaparecer la deficiencia nutricional de yodo de GB. Desde entonces y muy especialmente tras la implementación del welfare state tras la segunda guerra mundial que, entre otras cosas, permitió que todos los niños desayunaran sus tazones de leche gratuitamente en las escuelas, hizo que la leche y sus derivados se convirtieron en la principal fuente de yodo en la dieta con un impacto positivo en la salud de  la población, especialmente infantil. 

 Cuando ganó las elecciones la señora Thatcher y puso en marcha la demolición del estado de bienestar, cosa que solo consiguió en parte, una de las medidas fue la de suprimir el desayuno escolar para todos los alumnos. 30 años después unos epidemiólogos británicos han demostrado la existencia de yododefeciencia en los niños británicos con todas las consecuencias neurocognitivas asociadas y de las que hemos dejando algunas muestras a lo largo del texto.[38],[39] Hoy UK tienen el triste honor de estar en el top ten de los países con deficiencia de yodo en la dieta por debajo, incluso, de  algunas de sus paupérrimas excolonias africanas. Algo que puede ocurrir en España en cuanto los ganaderos, por las razones que sean, dejen de enriquecer los piensos de las vacas con yodo, o los niños dejen de tomar leche, como ha ocurrido en UK. Algo que ya tiene avisado la OMS.[40] Y es con esa pena con las que Gabriela y Paco se fueron de este mundo.  No en vano a ellos les gustaba terminar sus conferencias con este poema de Gabriela Mistral: 

            Nosotros somos culpables de muchos errores y muchas faltas, /pero nuestro        peor crimen es el abandono de los niños negándoles la fuente de la vida. /      Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar,/ los niños no       pueden,/ ahora es el momento,/ sus huesos están en formación, /su sangre          también lo está y sus sentidos se están desarrollando, /a él nosotros no podemos             contestarle mañana, / su nombre es hoy.“

 



[1] Ferreiro Aláez L, Escobar del Rey F. 100 años de literatura sobre el bocio endémico en España. Endocrinol 1987;34(2):10-24.

 

[2] A lo largo de este capítulo los llamaremos así, Gabriela Y Paco, que era como a ellos les gustaban que les llamaran sus amigos.

 

[3] El Prof. A. Querido (1912-2001) era descendiente de sefarditas españoles.

 

[4] Memoria 2002-2003 del laboratorio del IIB. Madrid: Instituto de Investigaciones Biomédicas; 2003.

 

[5] Al principio de su investigación, utilizó fármacos antitiroideos como PTU para mostrar que la T4 tenía que ser desyodada  para la actividad biológica, lo que llevó a la propuesta de que la T4 es una prohormona y la T3 la hormona activa. Adaptó radioinmunoensayos específicos muy sensibles para T4 y T3 para su detección en suero y tejidos. Esta técnica permitió la medición de las concentraciones de T4 y T3 en los tejidos en muchos entornos fisiológicos, lo que llevó al concepto de que los tejidos individuales controlaban las cantidades de T3 necesarias mediante la regulación de su formación local a partir de T4, y que este control es crucial en el cerebro.

 

[6] (Que tiene 4 moléculas de yodo) (por eso se llama T4 o tetrayotironina cuya fórmula química es: C15H11I4NO4).

 

[7] Bernal J., Obregon M.J., Santisteban P.S.  In Memoriam: Gabriella Morreale de Escobar. Eur Thyroid J 2018;7:109–110. https://doi.org/10.1159/000486368

 

[8] José Pedro Moreno, María Jesús Obregón, Flora de Pablo, Francisca Puertas. Gabriella Morreale. su vida y su tiempo. UAM ediciones 2019

[9] En Málaga  en  1975 la doctoranda Concepción Rodríguez de Vera, del grupo del Dr. Salvador Perán que dirigía el laboratorio de hormonas del Hospital Universitario Carlos Haya,  fue a hacer una estancia a Zurich con la Dra. Ruth Illig para adaptar la técnica de RIA de TSH a sangre en papel  (R IlligC Rodriguez de Vera Roda. A radioimmunologic determination of TSH in dried blood stains: a possible screening method for the diagnosis of hypothyroidism in new born infants Schweiz Med Wochenschr. 1976 Nov 27;106(48):1676-81.(https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/1013689).  El  programa comienza en 1978 y el primer caso se detecta en  1979 (https://www.march.es/bibliotecas/publicaciones/visor/fjm-pub/148/8/)

 

[10] H. Bürgi Z. SupersaxoB. Selz. Iodine deficiency diseases in Switzerland one hundred years after Theodor Kocher's survey: a historical review with some new goitre prevalence data. Acta Endocrinol (Copenh). 1990;123(6):577-590. 

[11] Federal Commission for Nutrition. Iodine supply in Switzerland: Current Status and Recommendations. Expert report of the FCN. Zurich: Federal Office of Public Health, 2013.

 

[12] Marine D, Kimball OP. The prevention of simple goiter in man. A survey of the incidence and types of thyroid enlargements in the schoolgirls of Akron (Ohio), from the 5th to the 12th grades, inclusive--the plan of prevention proposed. 1917. J Lab Clin Med. 1990;115(1):128-136.

 

[13] Viaje a las Hurdes - El manuscrito de Gregorio Marañón, las fotografías de la visita de Alfonso XIII. El País Aguilar. 1998. 

 

[14]Juan Pedro Domínguez Domínguez. Real Patronato de las Hurdes (1022-1931). Una institución de beneficencia  al servicio de las Hurdes.  https://www.dip-badajoz.es/cultura/ceex/reex_digital/reex_LXIII/2007/T.%20LXIII%20n.%201%202007%20en.-abr/RV001013.pdf

 

[15] Real Decreto 1128/1981 de 5 de junio, sobre reforma del Patronato y de los planes de actuación en Las Hurdes. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1981-13488

[16] Carlos Seco Serrano, El símbolo de un viaje. https://elpais.com/diario/1993/11/27/opinion/754354801_850215.html

 

[17] F.J.C-Soriguer Escofet, et al. "Algunos aspectos menos conocidos de una población con bocio y cretinismo endémico (Hurdes Altas). Reunión Nacional de la S.E. de Endocrinología, Palma de Mallorca,1981. 

[18] Soriguer Escofet,F, Yañez Polo, M.A.,Villar Ortiz,J.et al. Estudio sobre el metabolismo lipídico en la población Hurdana II. Composición de Ácidos grasos del tejido adiposo en una pobla­ción con bocio y cretinismo endémico. Rev. Clin. Esp.138(3):219-23,1975.

[19] Escobar del Rey F., Obregón M.J., Morreale de Escobar G. (1989) Field and Experimental Studies of Iodine Deficiency in Spain. In: DeLong G.R., Robbins J., Condliffe P.G. (eds) Iodine and the Brain. Springer, Boston, MA. https://doi.org/10.1007/978-1-4613-0765-5_27.

[20] Escobar del Rey, F., Gomez-Pan, A., Obregon, M.J., Mallol, J., Arnao, M.D.R., Aranda, A., et al. (1981). A survey of schoolchildren from a severe endemic goitre area in Spain. QJM, 50, 233- 246.

[21] Amador Palacios. Marañón y Buñuel: visiones de las Hurdes. ABC de las letras. :16/12/2016. https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/centenario-quijote/abci-maranon-y-bunuel-visiones-hurdes-201612152124_noticia.html

[22] Soriguer, MC. Millón, R. Muñoz, I. Mancha, JP. López Siguero, MJ Martinez Aedo, R. Gómez -Huelga , MJ.Garriga , G.Rojo-Martinez , I.Esteva , F.Tinahones. The auditory threshold in a school-age population is related to iodine intake and thyroid function. Thyroid, 10(11):991-9,2001.

[23] P Santiago-Fernandez, R Torres-Barahona, JA Muela-Martínez, G Rojo-Martínez, E García-Fuentes, MJ Garriga, F Soriguer. Intelligence Quotient and Iodine Intake. A Cross-Sectional Study in Children. J Clin Endocrinol  Metab 89: 3851-3857, 2004.

[24] Ines Velasco, Monica Carreira, Piedad Santiago, José Antonio Muela, Eduardo García-Fuentes, Baltasar Sánchez-Muñoz, Maria J. Garriga, Maria C. González-Fernández, Álvaro Rodríguez, Francisco F. Caballero, Alberto Machado, Stella González-Romero, Maria T. Anarte and Federico Soriguer.  Effect of Iodine Prophylaxis during Pregnancy on Neurocognitive Development of Children during the First Two Years of Life. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism  94: 9,  3234-3241, 200.

[25] World Health Organization Salt reduction and iodine fortification strategies in public health. Report of a joint technical meeting. 2014. https://www.who.int/nutrition/publications/publichealth_saltreduc_iodine_fortification/en/

 

[26] Soriguer F, García-Fuentes E, Gutierrez-Repiso C, et al. Iodine intake in the adult population. Di@bet.es study. Clin Nutr. 2012;31(6):882-888. 

 

[27] Elías Delgado Álvarez (Autor), F. José Díaz Cadórniga. Bocio endémico en Asturias. 10 años de profilaxis con sal yodada (Español) .1996. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo. 

 

[28] Federico Soriguer , Carolina Gutierrez-Repiso , Stella Gonzalez-Romero, Gabriel Olveira , Maria J. Garriga, Ines Velasco  , Piedad Santiago, Gabriella M. de Escobar, Eduardo Garcia-Fuentes.  Iodine Deficiency Disorders Group of Spanish Society of Endocrinology and Nutrition. Iodine concentration in cow’s milk and its relation with urinary iodine concentrations in the population. Clinical Nutrition 30 ; 44-48 (2011).

 

[29] Marisa Rebagliato, Mario Murcia, Mar Álvarez-Pedrerol, Mercedes Espada, Ana Fernández-Somoano, Nerea Lertxundi, Eva-María Navarrete-Muñoz, Joan Forns, Aritz Aranbarri, Sabrina Llop, Jordi Julvez, Adonina Tardón, Ferran Ballester, Iodine Supplementation During Pregnancy and Infant Neuropsychological Development: INMA Mother and Child Cohort Study, American Journal of Epidemiology, Volume 177, Issue 9, 1 May 2013, 944–953

[30] Pedro Laín Entralgo.  La ciencia española. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-ciencia-espanola-789582/html/a009eab2-ea69-41c5-872a-09d75e36053a_2.html

[31] José María López Piñero. La creciente aportación española a la ciencia. Ministerio de Educación y ciencia, 1984. 

[32] Federico J. C. Soriguer Escofet. El político y el científico. Encuentros en la Biología,  Vol. 13, Nº. Extra 172, 2020.

 

[33] Mario Bunge. Filosofía para médicos. Gedisa.2017. 

 

[34] La doctora Piedad Santiago. 

 

[35] La doctora MC. Millon 

 

[36] La doctora Inés Velasco

 

[37]  UK Iodine Group (2015) Iodine in the UKhttp://www.ukiodine.org/iodine-in-the-uk/ 

 

[38] Vanderpump, M., Lazarus, J., Smyth, P., Lauerberg, P., Holder, R., Boelaert, K., Franklyn, J. On behalf of the British Thyroid Association UK Iodine Survey Group. (2011) Iodine Status of British Schoolgirls: a cross-sectional survey (abstract). http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/P.

 

[39]   Bath, S., Walter, A., Taylor, A Wright, J., Rayman, M. Iodine deficiency in pregnant women living in the South East of the UK: the influence of diet and nutritional supplements. British Journal of Nutrition. (2015B). 111 1622-1631

 

[40] WHO UNICEF (2007). Iodine deficiency in Europe. World Health Organization, Switzerland.

Comentarios

  1. Convenció a Hugo Bander de usar sal yodada en Bolivia y se la compraban a los peruanos.hicimos un estudio ecografico a 250 niños de Canto Blanco y en 12,5% a los 12 años ya tenían alteraciones en el tiroides y a los 24 años el 50% tenían lesiones tiroideas
    El FIIS que nos concedieron de 2,5 millones de pesetas,nunca aparecieron y no pudimos ir a Las Hurdes ha hacerlo,la junta de Extremadura manejaba ese dinero desapareció,como el cretinismo

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