Editorial. "El mal ante nosotros"


           

                                                 Obra de Max Beckmann. Declaración de guerra
                  


                                El mal ante nosotros


             ¿Nos dejaremos arrastrar otra vez hacia la barbarie y la destrucción?


“La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”. Thomas Mann


"La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran"

Paul Valery


"Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren". Jean Paul Sartre


"El mundo no está amenazado por las malas personas sino por aquellas que consienten la maldad". A. Einstein


“La codicia trae consigo voluntad determinada de hacer el mal.” Juan de Mariana




Hasta hace unos días el nivel y el tipo de preocupaciones que estaban en la sociedad eran de unas temáticas, pero de forma abrupta, una vez más, cambian y nuestra atención se centra ahora en una guerra en cercano oriente con muchas posibilidades de extenderse como la pólvora hacia otras regiones del globo, además de las consecuencias socio-económicas a distancia que suelen acarrear estos conflictos planificados. En los escasos días que transcurren desde el inicio del conflicto ya han muerto alrededor de mil personas, la mayoría civiles, más la destrucción al alza de edificios y viviendas de ciudadanos en Irán y también en otros países del entorno.


Los iraníes hace unos días fueron masacrados por la dictadura teocrática que los gobierna tras unas manifestaciones populares y ahora son asesinados por los que dicen que son sus “salvadores”, es decir, los estadounidenses liderados por Trump.


Las guerras y el ejercicio de la maldad humana han existido siempre. A pesar de ello tras grandes hecatombes, el ser humano en la historia reciente ha intentado frenar la manifestación de la estupidez y maldad de la especie, construyendo acuerdos, instituciones y leyes que están destinadas a evitar las catástrofes de los enfrentamientos entre grupos o naciones diferentes. Me refiero en este punto al Derecho Internacional.


Pero al mismo tiempo, algunos humanos trabajan en sentido absolutamente contrario y toda su actividad y poder la destinan para destruir a otras personas, naciones o etnias que puedan significarles una oposición a sus intereses o constructos ideológicos y culturales. Desde la antigüedad, casi siempre el motivo fundamental de las guerras ha sido el económico, el expolio de riquezas y el incremento de poder de los ya poderosos. 


Para ello han creado supuestos conflictos geopolíticos, o los enmascararon en cuestiones religiosas, étnicas o agravios del pasado. Para todo esto, la construcción de un relato para conseguir el seguidismo o beneplácito de las masas ha sido también de enorme importancia. El risible relato actual es hacernos creer que USA actúa para defenestrar dictadores como es el caso de Maduro o de los teócratas iraníes. Desde esa óptica por supuesto que es “casual” que sean países ricos en petróleo y que estén en sitios geográficos estratégicos para la circulación del oro negro y apoyo de su socio estratégico en la zona.


Entre los deplorables personajes humanos que marcan nuestro día a día están Trump, Netanyahu, Putin y todos los dictadores y autócratas del planeta.


Dada mi simpleza analítica política-psicológica de estos personajes y desde una mirada casi naíf,  observo a Trump en su lujoso y protegido despacho, con una gorra “americana” en la cabeza, soltar amenazas e improperios contra casi todo el mundo. En ese instante me lo imagino como un vaquero malo o forajido, es decir, como un personaje detestable de muchas películas del oeste que vi en mi infancia.


 

El "vaquero malo" o forajido del lejano Oeste, frecuentemente retratado como un pistolero (gunslinger o gunfighter), es una figura icónica definida por su oposición a la ley, su crueldad y por el dominio de las armas en aquellas tierras estadounidenses del siglo XIX.


Leo sobre lo que se describe de las características de personalidad y comportamiento de estos vaqueros violentos y asesinos que vi en el cine y observo que se destacan:

  • Crueldad y sadismo, ya que  suelen disfrutar del sufrimiento ajeno, actuando sin empatía.
  • Violencia desenfrenada, desprecio por la autoridad legítima, egocentrismo y codicia, motivado a menudo por la "fiebre del oro" o la acumulación de poder y riquezas a costa de otros.
  • Carisma amenazante, arrogancia, seguridad de sí mismo y a menudo con la convicción de que su violencia es la única ley en el territorio. 
  • En ocasiones tienen estos pistoleros personalidades sádicas o psicopáticas. Son personajes desprovistos de moral que actúan con extrema brutalidad y agresividad.

En el cine de western, estos personajes malignos actúan como un espejo moral del héroe, representando la maldad frente a la civilización, a la bondad o a los acuerdos de la comunidad. 


En nuestra época, un líder violento que arrastra a su pueblo o seguidores a la violencia destructiva suele exhibir un conjunto de características psicológicas, comportamentales y discursivas que combinan el autoritarismo con una gran capacidad de manipulación emocional. Este tipo de liderazgo se caracteriza por la creación de un "nosotros" contra "ellos", justificando el daño a terceros como necesario para la supervivencia o el éxito del grupo o del país o de su raza.  Las jergas empleadas por Trump, Milei o Netanyahu son un claro ejemplo de ello.


Entre las características principales de los personajes actuales en cuanto a los aspectos de carácter o de comportamiento, destacan los siguientes rasgos:

  • Narcisismo y megalomanía. A menudo se perciben a sí mismos como indispensables, superiores y con derecho a privilegios, mostrando poca empatía y una necesidad constante de dominación y poder.
  • Carisma manipulador. Actúan con una gran habilidad de comunicación y pasión contagiosa que utilizan para inspirar entusiasmo, autenticidad y lealtad incuestionable en sus seguidores. Emplean muy bien la IA, las redes sociales, videos, Tv afines, etcétera, para ejercer su dominio.
  • Crean un enemigo común. Para esto utilizan la polarización para dividir el mundo en "nosotros" (buenos) y "ellos" (malos o peligrosos), fomentando el odio y la deshumanización del oponente para reducir los costos psicológicos de la violencia. Trump habla  a menudo de eliminar o aniquilar al enemigo, Milei promete la destrucción de los “zurdos de mierda”, y otras frases similares. Fomentan del mismo modo, una cultura de miedo, presentándose como los únicos protectores capaces de salvar al pueblo de una amenaza inminente.
  • Sus discursos agresivos les sirven para justificación de la violencia. Emplean un lenguaje hostil, promoviendo la violencia no como un último recurso, sino como una herramienta legítima para alcanzar sus fines.
  • Ejercen un autoritarismo y control centralizado. Imponen un dominio total sobre las decisiones, exigiendo obediencia ciega y eliminando la disidencia dentro de su propia organización y de otros posibles controles y contrapeso a su autoridad.
  • Se les observa un comportamiento impulsivo y poco autocontrol, actuando de manera agresiva ante la frustración.


Este perfil de líder suele explotar las vulnerabilidades sociales y las tensiones existentes para mover a las masas hacia acciones extremas. En el caso de Trump, ya hemos visto algunas de sus intervenciones recientes. Facilitó la destrucción y genocidio de Gaza y propuso hacer allí inversiones inmobiliarias junto a su secuaz Netanyahu. Ahora ataca Irán saltándose las leyes internacionales al respecto. Desoye sistemáticamente a la ONU. En el año que lleva de presidente de USA ordenó ataques bélicos en Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen y Venezuela. En este último país detuvo al dictador de esa nación, se quedó con los recursos energéticos e instauró por la amenaza de la fuerza un gobierno títere con los mismos cogobernantes del dictador apresado. Amenazó a Colombia, a Cuba, a Panamá, a Canadá, a Groenlandia y ahora nos debemos preguntar ¿quién será el próximo?. 


Vista la trayectoria de Trump, sus intervenciones y la ausencia de moral en sus actos, no tengo dudas en cuanto a porqué lo imaginé como un vaquero o forajido peligroso.

También su amigo y aliado Netanyahu gasta de las mismas cualidades. El líder israelí, maquillado, con ropaje variado según la ocasión, protegido y desde su despacho o desde entornos seguros, emite arengas y resoluciones sin temblarle la palabra aunque lo que esté haciendo sea una política genocida, beligerante y desproporcionada que pone o acabará poniendo otra vez en riesgo a su propio pueblo que ya ha vivido demasiadas persecuciones e injusticias en la historia. Pero maneja el relato, las mentiras, la ocultación para seguir con su plan sin rumbo pero construido a base de poderío militar que más que enorgullecer a su pueblo debería causar vergüenza por los valores morales nulos que dirigen sus actos. Le sirve de ariete a su socio americano para extender el poder en esa área del globo.

El solo pensar en estos individuos, al igual que los que dirigen Irán, que llevan martirizando a su propia población desde hace décadas con grandes restricciones de la libertad,
 e imposición de creencias en consonancia con sus ideas teocráticas, me hace humildemente pensar en el concepto de la maldad.

Definir el concepto de maldad es muy difícil y nos lleva a diferentes disciplinas filosóficas, psicológicas o biológicas para intentar entender con claridad a que nos referimos cuando hablamos de maldad.

Dentro de la psicología social, de forma genérica se describe a la maldad como “el daño intencional, planeado y moralmente injustificado que se causa a otras personas, de tal modo que denigra, deshumaniza, daña, destruye o mata a personas inocentes”.

La maldad es uno de esos conceptos que sabemos identificar muy bien en la práctica, pero al momento de definirlo, nos puede resultar complicado. Y es que si nos pidieran diferenciar entre acciones moralmente buenas y malas, seguro lo haríamos sin mayor dificultad, basándonos en valores y principios.

Algunos sostienen que el ser humano siempre ha sentido inclinación hacia la maldad. De hecho, como sociedad, hemos llegado a sentir fascinación y cierta curiosidad por los malvados.

Ahora bien, esta atracción o propensión hacia el mal ha traído a colación el cuestionamiento sobre si la maldad es connatural al ser humano o es una cualidad aprendida.

En este aspecto, autores como Nicolás Maquiavelo o  Thomas Hobbes afirman que el ser humano es malo por naturaleza. Su egoísmo e instinto de supervivencia le lleva a saciar sus propios deseos en detrimento de sus pares. Por lo tanto, ellos pensaban que son necesarias la ley y el Estado, entidades que permiten regular el comportamiento de las personas en pro del bien común.

Kant afirma que existe un mal radical en la naturaleza humana. Lo que implica que todos los seres humanos tenemos una propensión a subordinar la ley moral al interés propio; y esta propensión es radical o arraigada en la naturaleza humana.

Para Kant, la tarea del bondadoso sería, según su imperativo categórico, la de dar ejemplo con acciones moralmente correctas. En cambio, Rousseau plantea una postura contraria, al defender que el ser humano es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe.

En el siglo XX, Hanna Arendt ofrece una noción de maldad asociada a grupos sociales y al propio Estado. Sus reflexiones surgen como un intento de comprender y evaluar los horrores de los campos de exterminio nazis.

Arendt defiende que el mal no es natural al ser humano ni es una categoría metafísica. Sería producido por las personas y se manifestaría solo cuando encuentra espacio institucional y estructural para ello.

Según Arendt, una característica distintiva del mal radical es que no se hace por motivos humanamente comprensibles, como el egoísmo. Simplemente, se ejecuta para reforzar el control totalitario y la idea de que todo es posible.

Como podemos comprobar, el concepto de maldad no es fácil de delimitar. A pesar de que muchos filósofos se han dedicado a reflexionar sobre este tema, se siguen discutiendo las condiciones necesarias y suficientes que definen a una mala acción o a una persona malvada.

En fin, para mí y desde mi simpleza formativa, quién inicia guerras, no respeta la legalidad internacional, se apodera de países o de sus riquezas, quién persigue a los inmigrantes con extrema violencia e incumpliendo su propia ley, quién mata a personas en las lanchas del Caribe, en lugar de detenerlas y juzgarlas, más un extensísimo etcétera, no me quedan dudas que está actuando con maldad, y fortaleciendo a los máximos plutócratas del planeta, y lo hace además con una intencionalidad imperial, arrogante y supremacista.


Cuando termine de escribir este editorial o cuando tú lo leas, ¿cuántas personas habrán sido asesinadas en los países en los que se ha iniciado esta guerra?. ¿Cuántas habrán perdido a sus seres queridos o sus viviendas? ¿Cuántos habrán quedado mutilados? ¿Cuántos habrán iniciado un éxodo?,¿Qué será de su futuro, si lo está decidiendo el “vaquero” maligno y rico, a miles de kilómetros de un hospital arrasado?. ¿Cuántas consecuencias sociales y económicas nefastas se incrementarán al igual que el sufrimiento de las sociedades en general?. Todo esto causado por el abandono de las únicas artes que puedan minimizar los daños como son la diplomacia, el diálogo, los acuerdos y la vocación de paz. Pero a líderes y grupos de poder que solo desean acrecentar  precisamente el poder, esto les da igual. Seguirán adelante y perfeccionarán un “relato” construido sobre mentiras bien diseñadas para que en muchos lugares del planeta los sigan viendo como mensajeros de libertad y no como explotadores que hacen regresar la historia a épocas que casi teníamos olvidadas.

¿Se dejará otra vez el mundo arrastrar hacia las tinieblas y el sufrimiento?. Ojalá que no. Al menos es mi profundo deseo y me gustaría que tú, lector, lo compartieses. No sé si servirá de algo ahora en lo inmediato, pero lo tenemos que hacer. Cuántas más personas en el mundo identifiquen a estos personajes nefastos y a sus mentirosos argumentos, se estará construyendo poco a poco, día a día, una resistencia a estas acciones totalitarias, violentas y que solo sirven para acrecentar el poder de una ínfima minoría de la sociedad.

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