"Kiosko de prensa". Alfredo Fierro
Kiosco de prensa
Alfredo Fierro
Si no lees más que un periódico o si te enteras de la actualidad en un solo canal de televisión, sabrás o, más bien, creerás saber, en qué mundo vives. Por el contrario, si lees más de un diario, puedes llegar a preguntarte en qué país estás.
Un día cualquiera, pongamos el 1 de febrero del año de gracia (o desgracia) 2026, consultas la media docena de diarios de mayor tirada y más amplio seguimiento en toda España. En titulares principales de portada con caracteres de tamaño máximo te encuentras lo siguiente:
El País: “El terror migratorio causa a Trump su mayor crisis interna”.
ABC: “Vox no tiene ganas de volver al gobierno”
El Mundo: “Zapatero cobró 250.000 euros de su amigo en Plus Ultra por asesoría global”
La Vanguardia: “El FBI recopiló acusaciones de agresión sexual contra Trump”.
La Razón: “El doble de accidentes y 87.000 retrasos (en trenes) en un año con (el ministro) Puente”
El Periódico: “La AP-7 (autovía) sin peaje sale cara”
Quince días después, el 15 de febrero, en esos mismos diarios de Madrid y Barcelona lees estos titulares que se comen la portada entera:
El País: “El hundimiento de Cuba”.
ABC: “El nuevo comando Txeroki: etarras y afines para escoltarlo”
El Mundo: “PP y Vox deben entenderse”
La Vanguardia: “EE.UU. suaviza el tono con Europa”
La Razón: “Tierra lejana” (anuncio de una serie televisiva)
El Periódico: “España queda lejos de los objetivos de energía en 2030”
Con media docena de periódicos deberías supuestamente estar informado de lo más importante que ocurre en el mundo o al menos en tu país, pero se diría que no son diarios de un mismo país o una misma época. Si todos ellos fueran realmente objetivos en la información, la que aparece con mayor relieve en la portada debería asemejarse. Por el contrario, la información está dispersa en la prensa y no solo polarizada en dos bloques. El lector ingenuo no sabe a qué atenerse, no sabe en qué país o en qué tiempo vive, duda de ello. El lector crítico piensa sin acritud algo de esto:
-Muchos de los titulares de portada no dan noticias propiamente tales; comentan situaciones que se daban ya ayer y que, para mal o para bien, se seguirán dando mañana. ¿A qué darles tamaña importancia?
-Las portadas con titulares gruesos son simplificadoras en extremo y crean sesgos de lectura que deforman o contaminan la información.
-Parece que en toda la prensa informativa hay tendencia a resaltar en portada algunas noticias escogidas en función de ¿objetiva importancia o de la ideología editorial? Basta comparar las portadas de The New York Times en la década de su fundación, la de 1850, con las de ahora, que, sin embargo, distan mucho de la simplificación de las españolas, que agrandan el tipo de los caracteres para exagerar ante el lector la relevancia de la noticia (o no-noticia).
-Las portadas de diarios españoles –también las de publicaciones de ámbito regional o local- más que información suelen contener opinión e ideología, incluso propaganda política, sea descarada o disfrazada.
-No tanto las portadas –que también- cuanto los editoriales y tribunas apremian a menudo a los políticos, les dictan los deberes, lo que “deben” hacer y ser, con quiénes han de entenderse y con quiénes no. Esto va no solo de bloques –de derecha o izquierda- , sino también de ciudades que son centros de poder. El director de un periódico de Barcelona –centro ciudadano de mucho poder- habla repetidamente de “potaje madrileño” para colocar en la misma olla a los varios poderes de gobierno y oposición con sede en Madrid.
-Ahora bien, para “potaje”, concluye el lector crítico, el del kiosco de prensa. También el de algunos medios. Casi todos presumen de tener consigo la razón, algunos mucho más que otros. Y con la razón en su poder tergiversan las palabras, las redefinen, como en los mejores tiempos de ideologías totalitarias. Por los mismos días de las menciones anteriores un diario madrileño, en titulares de tamaño respetable, habla de “el centro derecha”, adjudicando el centrismo a una derecha pura y dura y a una todavía más dura ultraderecha.
Las relaciones de influencia entre un periódico y sus lectores son bidireccionales. Desde luego, los periódicos influyen en las opiniones de sus lectores. Pero a la recíproca, y digan lo que digan en su ética o retórica periodística y en el libro de estilo, si lo tienen, los periódicos parecen deberse no tanto a la verdad, a la objetividad de los hechos, cuanto a sus lectores, y les cuentan lo que estos quieren oír y en el modo en que quieren oírlo.
En los mismos días de mediados de febrero 2026 está circulando el siguiente WhatsApp: “El próximo 18 de febrero comienza la Cuaresma para los católicos y no la ha anunciado ni un telediario. Como estoy harto de que me digan cuando empieza y termina el Ramadán, por eso lo anuncio yo. HAGÁMOSLO VIRAL”. El mensaje pretende que diarios y telediarios digan lo que los católicos desean, algo que, por otra parte y por cierto, ya conocen, pues se les ha dicho desde el púlpito. Y olvida la diferencia fundamental: el Ramadán es un hecho social multitudinario entre los musulmanes, mientras que la Cuaresma, en lo que tiene de ceniza, ayuno y abstinencia, no la practican ni los católicos. Por estas tierras católicas Cuaresma es simplemente el tiempo entre el Carnaval y las vacaciones de Semana Santa.



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