Un día del calendario


Un día del calendario



A cada persona, generación o sociedad, sin duda que las marcan más unas fechas que otras.

La que para unos no significa nada, para otros puede ser una cascada de recuerdos, sentimientos, reflexiones y estupefacción.


Ayer al mirar el calendario se fijó mi mirada en el 24 de marzo. Mi mente se retrotrajo a una fecha que hará ahora cincuenta años de aquel día de otoño de 1976.

En Argentina, que era el país en que vivía por entonces se produjo ese día un cataclismo moral y ético que probablemente no tenía antecedentes en aquel joven país. 


Videla comandando a otros muchos militares que estaban adiestrados y alienados por el odio, el fanatismo y el abandono total de la democracia, de las leyes y del olvido de los derechos humanos, tomaron el poder en Argentina. Y no estaban solos, sino que tenían el beneplácito de los Estados Unidos de América.



Estos liberticidas despreciaron la justicia, la división de poderes y la Constitución del país para luchar contra lo que ellos consideraban  “fuera de la ley” o los llamados por entonces “subversivos”. Prefirieron, tal como habían sido preparados, utilizar el terror como herramienta de “pacificación” de la sociedad.


Durante la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983), y bajo el gobierno de Jorge Rafael Videla y sus sucesores, funcionó una red de más de 600 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio (CCD) a lo largo de todo el país.

Mataron, torturaron, robaron bienes y niños, amedrentaron, y sumieron a toda la población en un clima de miedo y sojuzgamiento solo apoyado por una ínfima minoría de argentinos. Todo esto no fueron hechos aislados o espontáneos de grupos sino algo perfectamente organizado y planificado con inteligencia destructiva. Desaparecieron la paz, las libertades, la justicia, el derecho y se combatió ferozmente a todo ciudadano que discrepara con las ideas del régimen o simplemente a amigos o familiares de personas opuestas a la dictadura.


Mientras Videla y los suyos comulgaban en misa diaria, al mismo tiempo ordenaban la aniquilación de gran parte de la juventud argentina y de los demócratas de aquellos años.

Detenciones ilegales, centros clandestinos, vejaciones, violaciones, torturas, tormentos infernales fueron las acciones ordenadas por los "salvadores de la patria" y por los que apoyaban el golpe militar. El miedo caló hondo en la sociedad.


                                                                   Videla comulgando. De misa diaria

                                Miles de desaparecidos durante la dictadura militar de aquellos años


La inmensa mayoría de los torturados y luego desaparecidos fueron jóvenes de aquel país. Hoy cincuenta años después, miles de ellos permanecen desaparecidos cuando actualmente sectores de la población de Argentina del año 2025, dicen no querer hablar del tema, impulsan el olvido o pretenden adoptar una posición equidistante ante tanta maldad, vileza y fanatismo. Lo vivido en esta nación, que hoy está gobernada por Milei y su vicepresidenta, ambos negadores de la memoria reciente de este maltratado país, se le pretende dar borrón y cuenta nueva y trasladarlo al olvido de la sociedad.


 Los recuerdos pero sobre todo la política actual de negar o minimizar los crímenes  de lesa humanidad intentando engañar a los jóvenes actuales con mensajes de equidistancia sobre lo ocurrido e impulsando una tendencia a la amnesia histórica, es lo que me causa estupefacción, dolor y rabia. No conocer y analizar críticamente el pasado tiende a que éste se repita. Por supuesto que quién dice como Milei, que hay que “acabar con los zurdos de mierda”, no solo está borrando la memoria del pasado sino que pareciera que está dispuesto a repetirla. De todos modos esto no me extraña, ya que el presidente argentino es amigo y defensor de personajes detestables autocráticos y sanguinarios como Trump y Netanyahu.


Toda esta cascada de remembranzas, sentimientos y tristezas me llevó a meditar sobre el bien y el mal en la sociedad humana.


Días pasados, mientras mi cabeza estaba imbuida de los temas que antes he contado, leí un artículo que comunicaba que de unos gramos obtenidos por una sonda japonesa que alcanzó a un asteroide a miles de kilómetros de la Tierra y posteriormente  trasladó la muestra a nuestro planeta, al ser analizado este material se constató que estaban presentes en esa mínima cantidad de polvo  los principales  componentes del ADN y del ARN, elementos pilares de la biología y por tanto de la constitución de la vida y de nuestra especie.


 Como se dice muchas veces coloquialmente, somos polvo de estrellas. 


Tras miles de millones de años y ya en este pequeño mediano planeta del sistema solar se desarrollaron muchísimas especies y  entre éstas, la nuestra, la del homo sapiens.


Conseguimos un gran desarrollo cerebral, tomamos conciencia de nuestro ser, realizamos introspección y creamos muchísimas cosas para responder a preguntas sobre nosotros mismos y nuestro entorno. También creamos símbolos para comunicarnos como es el caso de estas letras que estás leyendo en este momento.


Probablemente desde siempre los seres humanos ya viviendo en grupos sociales se hayan preguntado, al igual que yo hoy,  sobre el bien y el mal.

El bien y el mal son conceptos éticos y filosóficos fundamentales que definen las acciones humanas como virtuosas (altruismo, justicia, solidaridad, empatía) o inmorales (daño, destrucción, violencia, acciones que producen sufrimientos). Mientras algunos ven estas categorías como valores absolutos, otros las consideran relativas a la cultura, a la sociedad, a códigos morales o a las creencias religiosas.


Hemos intentado como humanos, a través de los siglos darle diferentes explicaciones al comportamiento humano. El Yin y el Yang son un concepto fundamental del taoísmo y la filosofía china que describe dos fuerzas opuestas, complementarias e interconectadas presentes en todo el universo. El Yin (lado oscuro) representa la pasividad, la noche, el frío y la tierra. El Yang (lado claro) representa la actividad, el día, el calor y el cielo. Aunque el Yin y el Yang no son en absoluto equivalentes al bien y al mal, si nos sirve la cualidad de complementariedad para adentrarnos en este tema. Algunos piensan que el bien y el mal no pueden existir uno sin el otro. Interactúan entre sí y se modifican continuamente.


Pero las ideas que defienden que las tendencias para el altruismo o el bien están modeladas por nuestros genes y que a través de la selección natural se conseguiría inhibir o vencer a su contrario, es uno de los hechos más perturbadores de la historia de la ciencia.


Thomas Huxley en una famosa conferencia en 1894 expresó: “el progreso ético…depende…de combatir nuestra naturaleza”. Esta visión suponía que la naturaleza del hombre era egoísta, cruel y competitiva y que es la religión, o Dios, o algunas ideologías las que podrían poner freno al mal,  transformándonos en cooperadores y altruistas.

Yo creo, en efecto, que los humanos tendemos más al bien que al mal. Desde nuestro cerebro creamos y modulamos comportamientos que grupalmente tienden a la paz, a la libertad, a la justicia y al progreso humano. Quizá sea por eficacia genética, porque les sucede a todos los seres vivos. En la naturaleza hay más estrategias de supervivencia basadas en la cooperación que en la depredación. 


Pero en fin, quizás sea por mis escasísimos conocimientos sobre el tema, que mi pensamiento sea solo una expresión de anhelo. De momento me planteo en lo cercano la necesidad de una educación en libertad, en democracia, con valores que cimentados en la ciencia y en el humanismo, controlen o minimicen al mal que se expresa en nuestro presente en el autoritarismo, la plutocracia tecnológica, las ideas belicistas y los conceptos de etnias-religión y patrias.


Creo tener claridad y conocimientos para explicar las guerras, las clases sociales, los tribalismos ancestrales, las motivaciones de poder económico sobre todo y el manejo superestructural de la sociedad para consolidar el poder instaurado que casi siempre aunque disfrazado, como dije antes, de etnias, religiones o naciones, tiende a mantener o acrecentar las riquezas para determinados grupos.

Cuando algo se les interpone a ese objetivo, algunos grupos humanos no vacilarán en emplear la violencia y el terror como modo de dominación.


Todos estos pensamientos desestructurados y algo caóticos vinieron a mi cabeza cuando recordé que en unos días se conmomerarán cincuenta años del golpe militar en Argentina que llevó a Videla al poder.


Muchas madres y padres ya han fallecido sin haber podido saber cómo murieron sus hijos y dónde están sus restos. Hoy sobre todo mi pensamiento, mi corazón y mi solidaridad está con ellos y con los familiares que aún viven pero que se les ha robado gran parte de su existencia.


Un abrazo inmenso a todos ellos y un recuerdo constante hacia amigos que fueron víctimas de este periodo como Ricardito, Horacio, Gustavo, Graciela, Chino, Roxana, Mori, Daniel, Moreira, Georgina y tantos otros que tendría que enumerar. Tampoco hoy olvido a los que tuvieron que sufrir prisión, exilio o desestructuración familiar como consecuencias de la política represiva de aquellos años y que ahora dirigidamente desde el poder se pretende que olvidemos. JP


                      24 de marzo, día de la vileza, de la ruindad y de la crueldad


                          Obra de G. Kuitca. Nadie olvida nada


Poema

Fragmento de "Desaparecidos" de Benedetti


Desaparecidos
Están en algún sitioConcertados, desconcertados, sordosBuscándose, buscándonosBloqueados por los signos y las dudasContemplando las verjas de las plazasLos timbres de las puertasLas viejas azoteasOrdenando sus sueños, sus olvidosQuizá convalecientes de su muerte privada
Nadie les ha explicado con certezaSi ya se fueron o si noSi son pancartas o tembloresSobrevivientes o responsosVen pasar árboles y pájarosE ignoran a qué sombra pertenecen...


Comentarios

Entradas populares