Editorial. "El periódico de mañana". JP
Editorial
El periódico de mañana
“Más frecuentemente nos aflige la fantasía que la realidad.” Séneca
“Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes, puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida.” A.M. Matute
“La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía.” E. Ionesco
La idea de hacernos con un periódico en el que se publican noticias del futuro, ha sido muchas veces empleado en la ficción literaria. Es un tema fascinante en la literatura fantástica y de ciencia ficción, explorando cómo la información adelantada afecta el libre albedrío y el destino o puede hacer también, con esa información un accionar para cambiar los acontecimientos.
Este recurso literario puede emplearse simplemente por un ejercicio de elaboración literaria o también puede ser una expresión de desesperación y ansiedad ante el presente que se vive y buscar a través de la imaginación un mundo diferente del que se está inmerso. Este concepto ha sido explorado en diversas antologías y cuentos cortos donde el protagonista recibe el diario del día siguiente, enfrentándose al dilema de intentar evitar tragedias, aprovechar la información para su beneficio o resolver problemas sociales que atenazan a la sociedad.
Se han propuesto con el mismo objetivo iniciativas creativas (como la del diario "Tomorrow" de la Universidad de Deusto) en el que juegan con la idea de reescribir las noticias actuales en un formato fantástico y positivo, actuando como un "periódico del futuro" donde se cuenta cómo el mundo superó sus problemas del momento.
En general este tipo de escritos suelen indagar en la ansiedad humana producida por la incertidumbre y el deseo de control y mejora sobre el porvenir.
Los términos ficción utópica y ficción distópica sirven para designar dos géneros literarios donde se exploran las estructuras sociales y políticas. La ficción utópica se refiere a la utopía, término utilizado para designar un mundo ideal donde todo es perfecto. Por el contrario, la ficción distópica, se refiere a una sociedad que pretendiendo felicidad, hace sufrir sistemáticamente a sus ciudadanos o degradándolos a un olvido irreversible.
La palabra utopía se utilizó por primera vez en el contexto de la obra de Thomas More en su trabajo de 1516 titulado “Utopía". En este libro, que fue escrito en latín, More establece una visión de una sociedad ideal.
Os he contado lo anterior porque días pasados me levanté con la fantasía que al hojear el periódico de la mañana y luego ampliarlo leyendo en la tableta, me encontraba con unas noticias que me conmocionaban y me hacían llorar de alegría.
Leí aquella mañana sui generis que Trump y su gobierno habían sido destituidos legalmente por el Congreso de los Estados Unidos y serían juzgados por sus acciones autocráticas, atentados contra los derechos humanos y por la ruptura de todos los acuerdos internacionales. También en primera página, vi a Netanyahu ante el Tribunal Penal Internacional por los crímenes cometidos. Con alegría leí que China se haba democratizado y que Irán había conseguido por fin acabar con su dictadura teocrática. La noticia de última hora de esta página era el final de la guerra en Ucrania y la destitución de Putin como gobernante de Rusia.
La fotografía que abría el periódico era de Palestina, donde ahora reinaba la paz y el progreso.
Di vuelta la página y leí que se había consolidado la unión política de la Unión Europea y que todos los partidos de ultraderecha antidemocráticos, xenófobos y racistas habían sido derrotados por voluntad de la ciudadanía.
Leí también que los que anteriormente habían votado a Milei, Bolsonaro, Orbán, Bukele y Ortega, ahora por fin, comprendían hacia adonde los habían llevado esos mensajeros del populismo y expresaban en las urnas su actual rechazo.
Ya en la tercera página, sentí una enorme alegría al saber que en España habría elecciones democráticas con nuevos líderes políticos que afortunadamente se habían alejado de las malas artes violentas y zafias en el parlamento y habían recuperado la política de acuerdos y consensos para trabajar en aras de disminuir las desigualdades sociales, los nacionalismos separatistas y construir un país fuerte e integrado en Europa y en el mundo libre. Entre las primeras medidas de gobierno logradas mediante el consenso, fueron las relativas al acceso a la vivienda y a subir los bajos salarios, reduciendo también la precariedad laboral.
En las últimas páginas de este peculiar periódico me sobrecogí al leer que se habían logrado políticas adecuadas, sensatas e integrales para el tema de la inmigración. También que habían claudicado los plutócratas tecnológicos y ahora se sometían a leyes de control y moderación de sus sistemas vinculados a la Inteligencia Artificial y a las redes sociales.
Pero quizás lo más destacado que leí en esa página fue el acuerdo de todos los países del mundo sin excepción, para la lucha contra el cambio climático.
En la contraportada del diario había un título muy esperanzador en los avances científicos contra el cáncer y los demencias relacionadas con el Alzheimer y el envejecimiento, así como acuerdos para detener las carreras armamentísticas en el mundo.
Esta fantasía utópica de mi imaginación y deseos se esfumaron al encender el televisor para ver las noticias del día. Pensé también terminar este escrito recurriendo al tan manido recurso de que todo era un sueño.
Los relatos que terminan revelando que todo ha sido un sueño son un recurso narrativo clásico, a menudo utilizado para explorar la fantasía, el subconsciente o para dar un giro dramático a la historia.
Los finales de sueño cambian por completo la forma en que se lee una historia, y si un autor simplemente lo usa como una forma simplista de giro, los lectores se sentirán traicionados porque los elementos narrativos en los que se invierten podrían invalidarse por completo.
En fin, lo mío no era un sueño, sino un deseo profundo de que las noticias leídas en este diario algún día se hicieran realidad. Para que así sea tenemos todos mucho que cambiar y reflexionar. Ojalá lo hagamos.
Por cierto, en esa última página del periódico del futuro leí una noticia que no me atrevo a contárosla. Me produce temor y desconcierto. Os dejo libre que penséis a qué noticia me puedo referir…
Bueno amigos, os dejo con el resto de Sinapsis y con los interesantes artículos que se publican hoy. Son los siguientes:
- Editorial. El periódico de mañana. JP
- La espada de Damocles de los sistemas sanitarios públicos. J.de D. Colmenero
- Esa inacabable charlatanería. I. Vallejo
- A debate. Burka, velo islámico. Najat El Hachmi
- Historia de la humanidad, historia de migraciones. S. del Molino
- ¿Nacemos sabiendo lo que es la belleza o lo aprendemos?. Univ. Jaén
- “Nada dura para siempre” W. Gallardo
**Comparto con vosotros esta breve columna con unas reflexiones de Manuel Vicent y una sonata de Scarlatti interpretada por Martha Argerich. También un video con una canción muy reciente de U2 sobre la realidad estadounidense. Se titula American Obituary
https://open.spotify.com/intl-es/track/06WW5zN0bEq7AvGSM4ONr0?si=bf957048a4234771
Un poco de felicidad
Manuel Vicent
https://lectura.kioskoymas.com/article/282239492081803
A esta edad todavía aspiro a conseguir ciertas cosas, que a mi juicio se parecen mucho a la felicidad, por ejemplo, que me siga sentando bien lo que como cada día, que mi fisiología funcione correctamente en el cuarto de baño y aprovechando que estoy allí mirarme al espejo sin despreciarme; dormir con la seguridad de que mañana ningún acreedor llamará al timbre de mi puerta; llenar los insomnios con mis aventuras de niño o de chaval como aquella vez que en la escuela gané el primer premio en un concurso de cazadores de moscas al vuelo por lo que recibí los primeros aplausos de mi vida que todavía resuenan en mis oídos; también intento alcanzar un momento de felicidad cuando, despierto al amanecer, alargo la pierna hacia ese lado fresco de la cama y luego cambio el dial de la radio, dejo que la actualidad se vaya por el sumidero de la historia y que una sonata de Scarlatti me permita seguir soñando.
A estas alturas todavía aspiro a ponerme los calcetines sin gemir, a levantarme del sillón de golpe sin tener que acompañarlo con una blasfemia o una jaculatoria. He leído en alguna parte que un caballo muy sano vive más o menos alrededor de 30 años y que la vida de una persona longeva se compone de los tres caballos que uno lleva dentro; con el primero se va al galope, con el segundo se avanza al trote, con el tercero, que es mi caso, uno camina al paso. La primera regla de la felicidad consiste en no desear ser el primero en nada. Tarde o temprano con pasos cortos todo el mundo llega a su propia meta, pero hay que mirar donde pones los pies para no pisar ningún charco. “La felicidad es un ideal de la imaginación”, dice Kant. Desde los presocráticos, todos los filósofos y moralistas han tratado de dar respuesta a esta aspiración humana de ser feliz. A mi juicio, Schopenhauer ha dado tajantemente en el clavo. Dijo: “La felicidad consiste en no tener envidia”. Que ese vicio cruel e implacable no me ataque es la plegaria que elevo a los dioses todos los días.
Hasta pronto lectores de Sinapsis. Un abrazo a todos. JP



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