El agente naranja. L. Guerriero// Imagen que define. J.J Millás
I)
El Agente Naranja
Leila Guerriero
https://lectura.kioskoymas.com/article/282187952401873
Soñé que nadie gritaba mucho ni se indignaba mucho ni se resistía mucho, y que entonces, ante la ausencia de indignación, gritería y resistencia, el Agente Naranja empezaba a hacer lo mismo con otros presidentes de otros países, que también le caían mal y le complicaban los planes, acusándolos de diversas cosas disparatadas.
Soñé que armaba, en una cárcel de su patria, una colección de Presidentes Indeseables, los reemplazaba por muchos Naranjitos y creaba un mundo a su medida imponiendo el gusto personal y el capricho, permitiendo que gobernaran soberanamente solo aquellos mandatarios que pensaban como él, y que nunca nadie se indignaba ni gritaba ni se resistía, aunque algunos lanzaban comunicados invocando el respeto a leyes internacionales que, de todos modos, hacía rato que el Agente Naranja había borrado del mapa, y que era así como empezaba el fin de los tiempos, la Era de la Sumisión.
***
II)
Una imagen que los define
Juan José Millás
Si la extinta reina de Inglaterra mostraba sus perritos a los invitados de honor, Milei presume de ese artefacto que no ladra, pero enseña los dientes. La motosierra como mascota del hogar. Milei y Kast la acarician con la actitud de quien posa junto a un caniche o a un sabueso de raza. La brutalidad, claro, no reside en la máquina, que carece de inteligencia y alma, sino en los dos bípedos, que deberían gozar de ambas. La motosierra convertida en emblema, en programa político, en pensamiento aspiracional. Pero la motosierra no corta con la precisión o el talento del bisturí. Arrasa porque no distingue entre la rama seca y la viva, entre lo superfluo y lo imprescindible. Que dos dirigentes políticos se representen a sí mismos mediante ese objeto revela una concepción del mundo en la que gobernar se parece a la tala. Han reducido, en fin, la complejidad económico-social a mero estorbo que impide el paso del mercado o de las ideas (lo de las ideas es un decir).
Resulta inquietante la satisfacción con la que se exhiben junto a ella. No hay pudor ni conflicto moral. Hay sed de sangre y huesos astillados, como si el dolor ajeno fuera una variable de carácter técnico. Como si la cultura, la educación o la sanidad fueran obstáculos a los que conviene aplicar un tratamiento de acero y fuerza bruta. El Estado convertido en serrín. El humanismo, en cambio, implica duda, cuidado, escucha, quizá también un poco de silencio: lo contrario de lo que simboliza el animal de compañía de Milei. No es, como se deduce de la sonrisa de los retratados, una foto provocadora, sino una foto triste.




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