Milei y sus amigos peligrosos. RP
Milei y su amigo Peter Thiel
¿Quién es Peter Thiel?
El multimillonario tecnológico Peter Thiel ha encontrado un nuevo refugio lejos de EEUU. El dinero cuando vienen tiempos revueltos busca refugio y la diversificación (tener el dinero en diferentes activos y geografías) forma parte de la estrategia de cualquier inversor con posibilidades. Thiel ha elegido la Argentina de Milei para asignar parte de su capital. Según un extenso reportaje publicado por The New York Times, el fundador de Palantir y uno de los grandes referentes ideológicos de la derecha libertaria estadounidense ha decidido instalarse temporalmente en Buenos Aires atraído tanto por el giro político y económico de Javier Milei como por su preocupación sobre el futuro de EEUU y de California, donde se debate la creación de nuevos impuestos para multimillonarios.
La visión de Milei encaja casi perfectamente con la filosofía política de Thiel. Ambos comparten una profunda desconfianza hacia los impuestos elevados, el intervencionismo estatal y las políticas progresistas asociadas al 'wokismo'. De hecho, el propio Milei describió uno de sus encuentros con el empresario como "un anarcocapitalista que encuentra a otro anarcocapitalista llevando las ideas a la realidad".
El nuevo mundo de Peter Thiel
- JOSÉ ANDRÉS ROJO
https://lectura.kioskoymas.com/el-pais/20260612/281646786831064/textview
La velocidad a la que van las cosas, la irrupción de la inteligencia artificial que lo está transformando todo, la delirante segunda presidencia de Donald Trump, las guerras y, en medio de todo eso, el empuje de una nueva espiritualidad que tiene en el cristianismo uno de sus arietes. Es como si se estuviera habitando una monstruosa crisis que no va a dejar títere con cabeza y que anuncia que viene algo radicalmente distinto, donde la democracia va a tener poco que contar. En ese escenario, Peter Thiel es uno de los protagonistas. Es el dueño de Palantir, la empresa que lidera el sector de la tecnología de guerra gracias a la inteligencia artificial, fue quien apoyó a Donald Trump para que llegara a la presidencia e iniciara su primer mandato —y del que se apartó porque no había llegado demasiado lejos—, y está detrás de la carrera de J. D. Vance, el político que enarbola su catolicismo como una seña de identidad.
“Sigo comprometido con la fe de mis años de adolescente: con la auténtica libertad humana, como precondición para el bien supremo”, escribe Thiel en una pieza de 2009 sobre la educación de un libertario, aludiendo a su particular manera de entender el cristianismo. Un poco después, remata: “Y lo que es más importante: ya no creo que libertad y democracia sean compatibles”. La cita la recoge el escritor y filósofo Jordi Ibáñez Fanés en un libro reciente, Apocalipsis y democracia (Tusquets), donde reflexiona y explora con urgencia sobre lo que está ocurriendo tras la segunda llegada de Trump al poder. Lo hace pegado rabiosamente al presente, utilizando luces largas para reflexionar sobre lo que se ha pensado en los últimos años sobre las cuestiones que aborda, con unas maneras que tienen algo de diario y que incorporan distintas consideraciones sobre lo que trata en las clases con sus alumnos. Cercanía y distancia, coraje para mirar las cosas de frente, y abundantes reflexiones que obligan a pensar en lo que está ocurriendo hoy. Pone los pelos de punta.
El Apocalipsis y el Anticristo son dos cuestiones sobre las que Thiel no ha dejado de pronunciarse en los últimos años, y tienen por tanto un peso medular en este ensayo. Como también lo tienen la tecnología, la idea del aceleracionismo, el papel que pueden tener en este desbarajuste algunos de esos hombres buenos que son católicos, el horror de lo que ocurre en Gaza, etcétera. Para frenar el Apocalipsis y derrotar al Anticristo, explica Ibáñez Fanés, lo que sugieren Thiel y sus amigos es poner la Máquina a toda pastilla para que reviente por dentro “el Estado social, el Estado compasivo y solidario, el cosmopolitismo activo y generoso, aquello que malévolamente se califica de buenismo (…), la filantropía y, por supuesto, lo que entendemos ahora por wokismo y el cuidado de las minorías de todas índole”.
Esa es la dirección hacia la que empuja Thiel al mando de una poderosísima empresa tecnológica, y procurando mirar al cristianismo para darle legitimidad a su proyecto. Ibáñez Fanés apunta que, en ese inquietante marco, “para dejar de ser decadentes, aburridos y putrefactos, tenemos que volvernos reaccionarios, devotos del autoritarismo y de los gobiernos duros, venerar a los nuevos tecnomagnates y declararnos partidarios de la nación fuerte”. Menudo panorama. Lo peor es que, al ir leyendo este magnífico y desolador trabajo, se llega a tener la impresión de que Trump es solo el telonero que ha venido a desbaratar las cosas con sus ocurrencias. Lo importante es lo que vendrá después. Ay.
RP



Comentarios
Publicar un comentario