La negación moderna del capital erótico. F. Soriguer
La negación moderna del capital erótico
En los humanos el erotismo trasciende a la sexualidad misma y es la fuente de inspiración del cortejo
FEDERICO SORIGUER
MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
https://www.diariosur.es/opinion/negacion-moderna-capital-erotico-20260615003630-nt.html
Cuando Marx puso el acento en el capital (económico), olvidó que los seres humanos somos muchas más cosas. Sociólogos, con Bordieu a la cabeza, añadieron al económico, el capital social y humano. Más recientemente a las tres formas clásicas de capital Hakim añadió el 'capital erótico', que representa el atractivo e incluye la belleza y el 'sex appeal', pero también elementos extracorporales como el modo de vestir o de adornarse, inseparables de la corporalidad. Negado por algunos el capital erótico, como las meigas gallegas, existir existe. En los humanos el erotismo trasciende a la sexualidad misma y es la fuente de inspiración del cortejo que es la manera que tienen las especies sexuadas de reconocerse y de seleccionar pareja.
A lo largo de la historia humana el cortejo ha sido el único contrato, previo a lo que ahora se llama consentimiento. Todo encuentro sexual consumado encierra alguna forma de violencia que, a diferencia de los animales, los humanos tenemos que aprender a gestionar, pues el sexo que es un acto privado es, también, al mismo tiempo un acto con gran contenido social, cultural y, también moral. No es sorprendente que sea así, pues no era concebible que sobre un poder tan grande como el de engendrar hijos permaneciera ausente el resto de la sociedad. Los hijos nunca han sido solo propiedad de los padres, mal que le pese a los celosos padres de nuestro tiempo. La anticoncepción segura liberó a las mujeres, pero también a los hombres del miedo al embarazo permitiendo formas más desinhibidas de sexualidad. Emerge de nuevo, ahora sin barreras, el concepto de sexo libre o natural, confundiendo lo natural con la libertad. Una libertad presuntamente natural que, con el tiempo, ha transformado el sexo en un objeto más de consumo.
Sin embargo, no hay nada menos natural en los humanos que el sexo. Quienes reclaman el sexo libre o sexo natural como algo progresista obvian todo esto y, además, olvidan que las relaciones humanas (también las sexuales) están cargadas de significados, unas veces simbólicos y siempre culturales en sentido amplio, convirtiéndolas en el encuentro entre dos cuerpos que satisfarán sus necesidades sexuales pero no todas aquellas otras, resultado del reconocimiento del otro como un ser humano portador no solo de deseo sino también de ese capital (humano) arriba definido como capital erótico. De hecho, hay señales evidentes en la sociedad de un cierto cansancio, pues muchos ya no encuentran satisfacción en este sexo libre y promiscuo, reclamando nuevas (en realidad viejas) formas de relaciones sexuales basadas en el respeto, en el afecto y, si acaso, en la dimensión lúdica de la sexualidad.
La negación moderna del capital erótico en nombre del sexo libre y natural, y con ella del significado y riqueza del 'cortejo' es el resultado de un malentendido que identifica el cortejo como una forma de dominación masculina, reduciendo al erotismo a la exhibición de atributos corporales, que se consideran denigrantes (para la mujer) pues la cosifican como sujeto de deseo solo corporal. Pero el cortejo es un instrumento de reconocimiento mutuo a través de señales cuyo significado hay que aprender y descodificar. Y entre esas señales las más importantes siguen siendo las que llegan a través de la palabra, pues es el instrumento mediante el que los humanos convertimos la atracción en 'sex-appeal' que es un término que remite a una atracción que va más allá de la belleza física.
Recordar estas ideas básicas no es ocioso en un momento en el que el erotismo está siendo cancelado por determinadas ideologías postfeministas que desde el poder intentan redefinir y regular el capital erótico como un instrumento de seducción solo femenino al servicio de la atracción auto u homoerótica, desposeyendo a los hombres, en nombre de su pecado original heteropatrialcal, de cualquier forma, de erotismo legítimo.
Desprejuiciar el sexo, prescindiendo de su fuerza genesíaca, psicológica y social, es romper con la continuidad filogenética que nos explica como humanos y es coherente con quienes, considerando el sexo solo como un constructo cultural, han terminado por incluir en el BOE la negación de la existencia de hombres y mujeres (sexo masculino y femenino).
Esta negación moderna del sexo (biológico) y esta cancelación del erotismo (al menos en el caso del masculino) no deja de ser sino una forma de puritanismo que no muy diferente a aquellas otras ideologías que han llevado, en muchos momentos de la historia, a la sublimación de la sexualidad (en este caso de la castidad) en nombre, por ejemplo, de la religión, justificando la separación entre personas con estatus superior (angelical) y personas con estatus inferior (bestial). Aunque en este caso, los segundos sean casi el 50% de la humanidad.



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